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viernes, febrero 15, 2008

MIS HORRORES FAVORITOS

En las clases de fundamentos de diseño que he estado dando en los últimos años, solía proponer hacia el mes de diciembre un ejercicio que me dejaba unas buenas perlas para afrontar la navidad. Consistía en hacer dibujos simplificados o iconos mediante las técnicas de silueta, caricatura o reducción a blanco y negro. Los profesores de instituto recolectan perlas similares en los exámenes escritos y los suelen publicar con éxito como antologías del disparate. Y es que lo gracioso de estas perlas tiene que ver con su inserción en un largo collar, pues vistas una a una sólo parecen dibujos algo desafortunados y poco más.
La colección con la que finalmente cerré ese periodo docente tiene ciento y pico dibujos y me es casi imposible hacer una selección de diez para un post como éste. Pero bueno, para que os hagáis una idea, creo que vale.

He aquí dos gatos muy distintos: el primero me hace gracia porque parece que va en trineo, y el segundo por su aire de misterio y el diseño del rabo.




Muchos alumnos eligen dibujar barcos por su simplicidad, pero ya veis qué forma tan diferente de interpretarla:




Estos dos alumnos más atrevidos, se pasaron al windsurf, y mientras uno parece que vuela, del otro diríase que ha encallado:



En el tema de las tazas de water parece que tienen problemas con la proporción y con el encuadre:




El humo de esta fábrica nos remite a cabañas de indios. Menudo imaginario tan extraño:


Y esta imagen de un libro seguramente dice mucho del concepto que el dibujante tendrá de ellos:



En fin, así podría seguir hasta casi unos doscientos. El nombre que le di a la carpeta tampoco es muy afortunado: más que horrores son errores, "perlas" o disparates, pero tampoco me apetece mucho cambiarlo ahora. Otro día que queráis sonreír un rato, me decís.

viernes, enero 18, 2008

GATTACA


Después de tres películas europeas, o tres ambientes europeos (“Kika”, “María Antonieta” y “El cocinero, el ladrón su señora y el amante”) parecía ya momento de hacer una incursión en la cultura norteamericana del diseño. Por empezar por el principio, es decir, por la obsesión de las clases altas norteamericanas por importar la tradición ecléctica europea, se había pensado en revisionar "La edad de la inocencia" de Martín Scorsese, pero hay en esa película un exceso de europeísmo que no resulta del todo verosímil o convincente. Mientras se imitaba la tradición europea, nos interesaba ver también esa emergencia genuina de lo americano que tan bien queda explicada en los libros de Mumford, Pevsner o Banham.

Pero si los primeros escenarios de la cultura norteamericana del diseño no son claros y genuinos, lo que es evidente es que los últimos, o mejor aún, los proyectados hacia el futuro, sí que lo son. La ciencia ficción o la conquista del espacio ofrecen un imaginario que ha surgido obviamente de sus laboratorios científicos, industrias de alta tecnología o de la propia imaginación de la industria del cine. Es por ello que en materia decorativa americana puede ser una buena idea acercarnos a su historia de delante hacia atrás (en “feedback”).

Por otra parte es muy curioso comprobar que el salto desde el eclecticismo decimonónico hasta la imaginería de la Guerra de las Galaxias se haya podido dar en la vida de un solo hombre, seguramente el arquitecto norteamericano más prolífico y conocido: Frank Lloyd Wright. Nacido en 1869 y educado en las formas visuales del despacho de Sullivan en el Chicago fin de siglo XIX, sus últimas obras, ya en la década de los cincuenta, anticipan en más de treinta años lo que va a ser el imaginario futurista.

Gattaca, película rodada en 1997 con una temática de viajes espaciales a los confines del sistema solar y con un transfondo de ingeniería genética que hunde sus raíces en “El Mundo Feliz” de Huxley, tiene como escenario o protagonista arquitectónico nada más y nada menos que el último edificio proyectado por Wright (1957) dos años antes de su muerte: el Marin Civic Center de San Rafael en North California.

Alterando con ese edificio, el otro espacio protagonista de la película (la casa que habita Jud Law) cuya paternidad no conocemos, nos remite sin embargo a la cultura de los lofts, el mínimal o los hormigones desnudos que algunos arquitectos japoneses de finales de siglo XX heredarían de otro gran creador norteamericano del siglo XX: Louis Kahn. Por cierto, en el mobiliario de esa extraña casa tecno-minimalista puede verse también el sillón Barcelona de Mies.

Escuela de Arte y Superior de Diseño.
Ciclo de Cine y Diseño 2007-2008.
Martes 22 de enero a las 20:00 en el Salón de Actos.

(Como en el 2005 estuve en el Marin Civic Center os dejo unas fotos de algunos de los lugares del edificio de Wright que aparecen más en Gattaca).







jueves, junio 07, 2007

BARRO Y VIDEO







Si uno se entusiasma con alguna cosa y luego se calla o es incapaz de contárselo a quien está a su lado, ése no vale para profesor. Sobre esa base valoro yo este trabajo mío (un trabajo, ay, en el que de vez en cuando tenemos que valoraciones, pruebas u oposiciones, bajo directrices bien distintas).

Ahora bien, para contar algo que nos ha entusiasmado y llegar hasta el otro, se requiere cierta proximidad, y por ello, mi segundo principio en materia pedagógica es que cuanto menos tiempo pase entre el descubrimiento y la comunicación o cuanto más próximos vitalmente sean el emisor y el receptor, mejor enseñanza. Siempre he dicho que el mejor profesor para las matemáticas de tercero es un buen alumno de cuarto que las acaba de aprobar.

Es por todo ello que cada año que pasa me cuestiono mi trabajo en la enseñanza, porque no sólo me alejo generacionalmente de mis alumnos sino que las cosas por las que me intereso son cada vez más extrañas a los contenidos básicos y elementales que hay que contarles.

Pero mientras yo envejezco y los alumnos se mantienen constantes en los veinte años, de tanto en tanto entran en el claustro generaciones de profesores de edades intermedias que traen nueva sabia y ante los que hay que estar muy atentos. Al principio suelen llegar muy creídos de sí mismos, orgullosos de su nuevo estatus y bastante ajenos a los que les han precedido, pero poco a poco se les empiezan a bajar los humos y van dando lo mejor de sí.

En la Escuela de Artes y Oficios donde trabajo y a medida que el hueco generacional entre los alumnos y yo se va agrandando, el número de profesores jóvenes lógicamente se incrementa. La natural discreción me impide hacer una relación exhaustiva de las virtudes de todos ellos, pero dado que en estos días algunas de sus cosas son tema de actualidad me gustaría simplemente reseñar las alegrías que me vienen dando los del sector del barro y del video.

Cuando entré en la Escuela y ésta era del MEC, teníamos un trozo de ella cedido a un taller de Cerámica ligado a la Comunidad Autónoma que impartía Pilar Uruñuela, y que siempre se me antojó cosa de manualidades. El librito recopilatorio sobre los trabajos de los 25 años de ese taller que se acaba de editar muestra, sin embargo, algo más que ganchillos en barro.

El taller de Pilar salió de la Escuela y la Cerámica pasó a ser enseñanza reglada. José Angel Martín fue tirando de ella y yo no había reparado mucho en sus tareas, pero ante las últimas cosas que van haciendo, me pega que hoy por hoy se está convirtiendo en la vanguardia creativa de este centro.

Por otro lado, en la “Sala Pequeña” (una iniciativa estupenda de los profesores jóvenes de la Escuela) el profesor Pablo Andreva ofrece estos días una video-instalación que también me ha dejado muy sorprendido. Si en la anterior exposición (la de los Proyectos Finales de los recién graduados) se pudo ver el avance de un alegre clip muy original que Pablo estaba preparando para la promoción de la propia Escuela, en la Sala Pequeña ofrece una mezcla de imágenes, música y montaje que me lleva a pensar también que entre los territorios por los que yo voy y los territorios por los que llevo a los alumnos, hay otros campos creativos a los que tengo que prestar más atención.

El barro y el video son soportes que no conozco y apenas entiendo, así que no puedo criticar ni valorar nada; pero como me han sorprendido, y hasta entusiasmado, voy y lo cuento. Al menos, como muestra o señal de que aún me siento profesor.

lunes, abril 16, 2007

SAN MACKINTOSH


(La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño viajará el próximo junio a Escocia para estudiar, entre otras cosas, la obra de Charles Rennie Mackintosh. Es una ocasión estupenda para sacar este viejo artículo del cajón –estaba en Elhall n53, de septiembre del 2000-, e inaugurar así la nueva entrada de la columna de índices con artículos rescatados de Elhall.)


La parroquia de mi pueblo está dedicada a San Martín (San Martín de Tours), quien preside su retablo partiendo eternamente su capa con la espada para darle la mitad a un pobre; y todo ello sin bajarse del caballo. Por eso, cuando yo visité Tours (hace ya de eso ocho años) vibré entre los restos de lo que fuera el gigantesco templo levantado en su honor.

No tengo ni idea de cuando data mi conocimiento de Mackintosh, pero desde que soy profesor de diseño ha sido uno de mis santos favoritos, así que le debía una visita. Un dato originario del comienzo de mi devoción sí que recuerdo: en la última página del primer número de la revista Arquitecturas Bis, allá por los setenta, se denunciaba la posible desaparición de una de sus escuelas (la Martyr´s Public School) con un titular muy sonoro: “Tumba de asfalto para Mackintosh”. La explicación del tremendismo periodístico radicaba en que el barrio donde estaba situada la escuela estaba hecho polvo y en radical transformación, y por el emplazamiento de la misma tenía que pasar una autopista urbana. También por aquel entonces la revista Jano publicó un número monográfico sobre el arquitecto escocés (nº 32, nov 1975) en el que mostraba que casi toda su obra estaba en muy mal estado de conservación, definitivamente alterada, o en trance de desaparición.

Hete aquí si embargo, que en mi reciente peregrinación a Glasgow me he encontrado con un Mackintosh prácticamente a estrenar y con todas las tiendas de la ciudad llenas de relicarios de una u otra cosita del artista. Mientras miraba la foto de la Willow Tea Room en aquel número de Jano que me había llevado como guía de viaje, y me tomaba un té en una Willow Tea Room que no tenía nada que ver con la de la foto, sentí una especie de mareo. La Willow Tea Room, decía la revista del año 75, había desaparecido casi por completo, pero ahí estaba yo tomando un té en la mismísima Willow Tea Room tal y como la había diseñado Mackintosh. La pintura aún olía a fresca pero el té, y sobre todo las pastas, eran excelentes. Aunque muy caras, carísimas ¡a precio de huevos de Santo!

Glasgow ha sido una ciudad de rompe y rasga, un territorio en el que las energías escocesas se han desatado durante tres siglos sin miramientos. Me llevé una sorpresa fenomenal al echar el primer vistazo a las calles del centro de la ciudad. Aquella trama cuadriculada (regular) sobre una topografía accidentada (irregular) con fachadas de edificios desordenados y estrechos callejones abiertos desde las calles hacia los interiores de las manzanas, parecían más bien de una ciudad americana. Por otro lado, los restos de hollín en los viejos edificios y cierta dejadez urbana, me recordaron a la mucho más próxima Bilbao. Mientras en el mapa de Escocia, Edimburgo parece jugar el papel de la guapa Barcelona, Glasgow debió de ser en algún tiempo algo así como nuestra industriosa y renegrida capital vizcaína.

Y lo curioso es que, igualmente hundida por las crisis de la industria pesada y los astilleros, Glasgow intenta salvarse, como Bilbao, mediante el bálsamo de la arquitectura artística. Allí llamaron a Foster (1997) para que les hiciera un Guggenheim, pero le salió una cosa tan fea como las salidas del metro de Bilbao pero a lo grande, así que menos mal que está en los viejos docks y no se ve mucho. Los locales lo llaman “el armadillo”. Guggenheim no hay más que uno, debieron recapacitar a tiempo los responsables municipales de Glasgow, y a Enric Miralles se lo llevaron los de Edimburgo para hacer un parlamento deconstruído (ahora semiconstruído aún); así que en un golpe de lucidez, algunos munícipes y empresarios han debido darse cuenta de que no hacía buscar un nuevo Santo para bendecir la ciudad con su arquitectura porque ya tenían uno y bien grande, aunque bastante abandonado.

En su afán por sacarle del olvido y presentarlo como el no va más de la glasgowidad, no se han reconformado con reconstruir lo que habían ya destruido y relimpiar lo que estaba cochambroso, sino que han construido lo que Mackinstosh nunca llegó a construir, -como el proyecto para la casa de un artista que puede verse en Bellahouston Park-, y han puesto en los aledaños de la Art School unas farolas “estilo Mackinstosh” que dudo mucho que sean del Santo. También su casa ha sido reconstruida fielmente junto a la Hunterian Art Gallery para visita de sus devotos.

Acostumbrado a peregrinar contra corriente buscando indicios de santidad allí donde la maldad del mundo se apresura a borrarlos, me encontré esta vez a toda una ciudad con su plegaria en la boca; y a fé que salí más escamado que nunca. El mito del artista incomprendido en su tiempo y olvidado poco después, pero redivivo a posteriori por una serie de operaciones de marketing a gran escala, me trastorna mucho más que esa maldad del mundo que se cierne siempre sobre los santos que quieren cambiarlo, pues en tal caso ya no sé a ciencia cierta si son santos o son mitos, si son artistas o marcas comerciales, si son hombres o sólo nombres.

La tradicional clase sobre Mackintosh en mi curso de diseño se ha visto enriquecida con muchas diapositivas, pero miedo me da ahora ser uno más en la tarea de repartir estampitas.

(foto: Buchanan Street, Glasgow)

miércoles, abril 11, 2007

ALFREDO ARRIBAS



Ya se me está olvidando lo poco que sabía de antes y lo poco que me quedó de la conferencia que Alfredo Arribas dio a mediados de marzo en las Jornadas de Diseño de nuestra Escuela, así que me temo que este post va a ser un arduo ejercicio de recuerdo para mí y un texto muy poco provechoso para el lector. Pero en fin, algo quedará: aunque sólo sean las razones de ese poco interés o ese olvido.

Una de las habituales distracciones provincianas es traer a figuras de relumbrón para que den una conferencia, enseñarles un poco nuestra ciudad, ser amables con ellos y ver de qué pie cojean. No sé exactamente de quien partió la idea de invitar a Alfredo Arribas a dar este año la conferencia más próxima a nuestro ciclo de Diseño de Interiores, pero lo que si sé es que la organizadora pensó en mí a la hora de presentarle. Y yo no me podía negar. Arribas es un hombre de fama, un nombre de moda, y yo, como profesor, un hombre de conocimiento. Pero como ya he dicho otras veces, no practico la religión de la Actualidad y no suelo estar muy bien informado (formado) sobre lo que se lleva para esta temporada en materia de arquitectura.

De Arribas recordaba, cómo no, que había estado en la “trouppe” de la “movida” barcelonesa anterior a las olimpiadas: colaboraciones con Mariscal, Juli Capella, Pep Cortés, Peret, etc., en bares, showrooms, discotecas, exposiciones, etc. En los años ochenta (cuando era joven) estuve suscrito a las revistas de diseño de Quim Larrea y Juli Capella, editadas primero desde el Croquis y luego con el grupo Z, así que estaba mucho más al día que ahora. En los estertores de esas revistas y tras el final de la fiesta olímpica pude aún tener noticia de que los diseñadores de aquella movida habían conseguido encargos, bien en grupo o por separados, por todo el mundo –todo el mundo que quería importar la fiesta o la movida. Especialmente en Japón, lo que siempre se me hizo muy raro, porque si a los japoneses no los entendemos ni haciendo turismo, como para entenderlos en la juerga.

A finales de los noventa, de Barcelona se oía que aquellos bares tan guays se estaban cerrando y que la alegría del diseny se había esfumado. Larrea y Capella se divorciaron y con el cambio de siglo ¡ay! pudimos descubrir a este último haciendo los Heron Cities (v Elhalln78). De Arribas no sabía nada. Con la madurez dejé de comprar revistas de diseny.

Así que para hacer la presentación de marras busqué en internet y encontré ¡cómo no! una entrevista de la ubicua Anatxu Zabalbeascoa en la que ¡cómo no! decía maravillas del arquitecto.

Como los datos que proporcionaba Zabalbeascoa me parecieron muy insulsos resolví hacer la presentación de Arribas en las Jornadas de Diseño justo al revés de cómo es habitual: si sabía poco o nada de él (fruslerías), lo más sensato –pensé-, no era decir cuatro tontadas sobre el conferenciante, sino presentar el público al conferenciante, pues a ese público si que le conozco muy bien. Y quedé de maravilla. O bueno, por lo menos resolví ingeniosamente la papeleta.

Arribas llegó tres cuartos de hora antes de la conferencia y tuve tiempo de invitarle a un café previo y de enseñarle el recorrido hasta el hotel. En ese corto periodo de tiempo Arribas habló por los codos, de lo que me alegré mucho, pues me encanta la gente comunicativa. Supe que venía a La Rioja no sólo por la conferencia sino a ver bodegas, pues algunos de sus intereses (como los de todo artista que se precie) van por ese derrotero. Como yo soy vinatero viejo y paso de la farándula bodeguera no le fui de mucha utilidad, así que le pregunté por sus proyectos por todo lo largo y ancho de este mundo y me explicó con una metáfora la forma de conseguir encargos: "los arquitectos somos como esporas haces una obra en un sitio y te van saliendo ramitas. La proyección de Barcelona con las olimpiadas fue tal que las ramitas nos llevaron a medio mundo, y en cada lugar que hacíamos algo nos fueron saliendo otras ramitas".

Una compañera definió la conferencia como un largo y tedioso pase de cromos. Los más se aburrieron con su forma de hablar, tan poco entusiasta, tan de arquitecto. Yo podría haber dicho que parecía un pesado vendedor enseñando todo su catálogo a ver si colocaba por aquí alguna de sus esporas, pero no lo hice, y no sólo por cumplir con la cortesía del presentador, sino porque su trayectoria estética me pareció interesante. Más que nada por el alejamiento de la obra de Capella. Cierto que por fuera, la mayoría de obras no dicen apenas nada (nada que mejore la ciudad, se entiende), pero en estos tiempos eso es casi una virtud. En los interiores, sin embargo, Arribas parece haber encontrado un terreno que la arquitectura tiene bastante abandonado, y que si se cuida bien y con pocas cosas (sin llegar al minimalismo) se pueden conseguir espacios muy agradables. Los de su última obra premiada con el FAD, los talleres de Ermenegildo Zegan, lo eran; vaya que sí lo eran.
Esa sensación me causó; no sé si estaré muy equivocado. A la salida de la conferencia tenía otras cosas que hacer y me despedí rápidamente. Y hasta hoy. En que si no escribo esto me quedo en blanco.

(La foto es de la búsqueda por internet previa a la conferencia. Me podía había haber hecho una foto con él para fardar luego, pero me da vergüenza; quiero decir: que me dan vergüenza ajena esas fotografías de las exposiciones de arquitectos en que salen retratados unos con otros encantados de posar juntos para la historia).

miércoles, abril 04, 2007

ARTE CONTEMPORANEO Y DOCENCIA



Probablemente lo peor del arte actual, o lo menos interesante del arte de nuestros días sean sus productos, es decir, las obras de arte en sí mismas y así consideradas. Especialmente cuando estas obras de arte son susceptibles de entrar en el mercado, inflar su valor, y convertirse en mercancías de especulación. Y probablemente (hablo con incertidumbre, pues no soy un experto en el tema) lo mejor del arte contemporáneo sea su carácter educativo.

Es el caso que mientras los pobres profesores de instituto y universidad están cada vez más desolados con la burocracia de las instituciones para las que trabajan y con el panorama de los alumnos a quienes tienen que educar, y en consecuencia, que la sensación de que la enseñanza en general ha entrado en barrena; en la Escuela de Arte y Superior de Diseño donde trabajo vivimos un ambiente que no tiene nada que ver con ese pesimismo. Casi me atrevería a decir que vivimos en un ambiente idílico.

Yo soy un escéptico del Arte, o más bien un Ateo del Arte. Desde que aprendí que el Arte Contemporáneo es un sucedáneo de la religión (antes el arte era un servidor más de la religión) y que los Artistas son los Santos de nuestros días, yo nunca quise saber mucho del Arte.

Pero hay algo en el arte contemporáneo que me interesa muchísimo y es el carácter de búsqueda que se les transmite a los alumnos y que hace de ellos (¡y a los pocos meses de estar en la escuela!) unos tipos estupendos. A un artista de hace dos siglos se le enseñaba un oficio. Y eso exigía mucha disciplina y mucha selección. Mucho trauma. Tanto como el que hay ahora en los institutos y universidades que tienen que impartir conocimientos sin mayor disciplina ni selección. A un estudiante de artista actual, sin embargo, no se le enseña apenas nada (por lo menos en las asignaturas creativas, como la mía). Se le dice que busque, y se celebra lo que encuentra. Se consigue así unos estudiantes la mar de majos. Y un buen ambiente.

Y por si fuera poco, ¡¡¡¡hoy nos vamos de vacaciones....!!!!!


viernes, marzo 02, 2007

140. LUIS BARRON/1




Tras Maximiano Hijón (LHDn47) y Francisco de Luis y Tomás (LHDn121 y 133), el tercero y último de los grandes arquitectos de Logroño en el siglo XIX es Luis Barrón. No me olvido del importante legado que nos dejó el arquitecto Jacinto Arregui (el Hospital y la Bene, que aún existen, y el primer mercado de San Blas y la plaza de Toros de Duquesa de la Victoria, que desaparecieron) pero Arregui vino de Vitoria hacia 1861, y para allá se fue otra vez, probablemente cuando le sustituyó Francisco de Luis como arquitecto provincial en 1881.

Ese año fue clave en la historia de los arquitectos riojanos pues Francisco de Luis pasó de ser arquitecto municipal a arquitecto provincial, y es Luis Barrón quien le sustituye en el ayuntamiento. La larga carta de renuncia y despedida de Francisco de Luis al ayuntamiento es de antología. Algún día la publicaré porque, amén de algunos datos interesantes sobre su quehacer como arquitecto municipal, es de una belleza literaria y diplomática muy poco usual en nuestra profesión. Una cosa sí queda claro en todo el proceso, y es que tanto el arquitecto como el ayuntamiento -que le contesta con igual pompa y amabilidad- consideran que el cambio de puesto es para él un “ascenso”. En el LHDn121 supuse que el prematuro final del “reinado” de Francisco de Luis en Logroño podía deberse a su progreso en la escala social, pero lo cierto es que ensanchó su interregno. Así pues, si alguien se ocupa alguna vez de sus trabajos, que sepa que a partir de 1881 tendrá que rastrear en el Archivo Provincial y buscar restos de sus obras por Haro, Calahorra, Alfaro, etc.

Mientras que de sus predecesores encontramos aún en pié casas y panteones, de Luis Barrón no queda nada de la casa en que vivió, y tampoco tengo constancia de tumba alguna donde reposen sus restos. Pero al menos tenemos una foto que, aunque borrosa, nos permite ver su aspecto y acercarnos a su talante. La reproducción que cuelgo arriba proviene de una fotocopia que me pasó Fede Soldevilla, y ya siento no tener a mano una imagen mejor (creo haberla visto después en alguna revista de La Rioja Industrial, pero no le hice una reproducción más fiel). El pié de foto dice que se trata del claustro de la Escuela de Artes y Oficios donde Luis Barrón era profesor de dibujo geométrico y director, pero no precisa quién de ellos es nuestro arquitecto. Gracias a otra foto que también vi en otra vieja revista (y que tampoco tuve el acierto de reproducir con la digital), puedo asegurar que Barrón es el segundo de la fila de abajo empezando por la izquierda, es decir, el de bigote y sombrero negro que está cantando y tocando la guitarra. Digo esto, porque en esa segunda foto (algún día volveré a dar con ella) que también era de grupo, estaba en las mismas, es decir, con la guitarra en la mano. La ocasión era un homenaje que los funcionarios municipales tributaban al que había sido su buen alcalde, el Marqués de San Nicolás.

Además de su alegría, esas dos fotos de Barrón con la guitarra son fiel reflejo del vaivén profesional que tuvo entre la Escuela de Artes y Oficios y el Ayuntamiento. Titulado en 1875 o 1876 (Cerrillo pone las dos fechas sin precisar a qué se refieren), en 1880 fue nombrado Director de la Academia de Dibujo Municipal, -institución que según todos los indicios fue el precedente local de la Escuela de Artes y Oficios. En 1881, y ante el “ascenso” mencionado de Francisco de Luis y consiguiente vacante del puesto, entró como arquitecto municipal, y en 1887 aparece ya como “profesor interino de Dibujo Geométrico Industrial de la Escuela de Artes y Oficios recientemente creada en esta población”.

Esta segunda categoría de su etapa docente debió de entrar en “incompatibilidad” con la de arquitecto municipal, lo que dio lugar a un interesante oficio de 31 de diciembre de 1887 por el que renunció al sueldo de arquitecto municipal y hasta devolvió al ayuntamiento los honorarios percibidos desde que empezó a cobrar de la nueva Escuela de Artes y Oficios: “Siendo timbre de orgullo para desempeñar el último cargo con el que me honro sobre manera desde el día 30 de diciembre de 1881 en que fui nombrado, no he de renunciarlo por causa ninguna; pero si tendré el mayor gusto en seguir prestando los mismos servicios sin remuneración”. En pompa y estilo literario no le iba a la zaga a su antecesor.
Como la importantísima obra de Luis Barrón en Logroño ya no cabe en esta nota, ni siquiera resumida, voy a acabar con otro apunte biográfico. Por el padrón de finales de siglo podemos saber que a los 51 años vivía en el número 4 de la calle Carmelitas, es decir, actual Avenida de Navarra; que estaba casado con una francesa, Gabrielle Bonett, de Anguleme; que tenía con él a sus tres hijos del primer matrimonio, Pablo, Carmen y Mercedes Barrón y Velasco, y a una hija de este segundo matrimonio, Elena Barrón y Bonett. Y también dice el padrón que con ellos vivían tres criadas. Desaparecida la casa, ilustro el asunto con una foto de la calle lo más contemporánea posible a aquel momento: la casa donde vivió Barrón sería la segunda o la tercera de las que se ven al fondo a la izquierda de la calle. Más allá de ella puede ya verse construido el Instituto Sagasta, seguramente la pieza más importante para la ciudad de entre las que proyectó nuestro arquitecto.

Y un último dato, esta vez profesional. En la simpática Guía de Logroño de 1897 de Enrique Gómez Aguirre, que contiene un listín de los prohombres de la ciudad, ya no aparece Luis Barrón como miembro del claustro de la Escuela de Artes y Oficios, por lo que es de suponer que sus actividades como arquitecto municipal volvieron a ser prioritarias a las de la docencia. Y ello sin contar con que en el ejercicio liberal también debió de estar muy, pero que muy ocupado. Nos haremos una mejor idea cuando veamos en la Guía la cantidad de obras suyas que aún subsisten en Logroño.


jueves, marzo 01, 2007

139. ESTILO Y DECORACION INTERNACIONAL








La semana pasada anuncié en el LHDn134 la publicación de algunas fotos de un esperpéntico libro de la editorial Gustavo Gili titulado ESTILO Y DECORACION INTERNACIONAL, y no quiero hacer esperar más a mis inquietos lectores. El libro tiene doscientas y pico páginas, y a un promedio de dos fotos por página, calculo que debe de haber algo así como quinientas imágenes del pelo de las que muestro arriba. Una colección extraordinaria.

Tengo que decir que el libro no es mío. Estaba en la biblioteca de la Escuela de Artes y Oficios donde doy clase, y cuando me topé con él lo retiré cuidadosa y sigilosamente al armario con llave de mi clase para que los alumnos no tuvieran acceso a él. O por lo menos, para que no lo tuvieran hasta que se hubieran hecho un poco más mayorcitos. Como con la pornografía, vamos.

En realidad lo único engañoso de este libro es el título, porque alude a un estilo, uno, y una decoración, una, que califica de “internacional”, es decir a un calificativo arquitectónico que nació como idea del no-estilo y la no-decoración. Lo “internacional”, o incluso, la “internacional” eran una ilusión política y el nombre de un ferviente himno comunista, progresista, libertador, de clase, y todo eso. Pero por lo visto el autor del libro, el tal Wolfgang Schwarze no se enteraba de nada y usó el calificativo “internacional” en su sentido más elemental, esto es, como procedente de muchas naciones. Como pronto advierte el lector curioso que abra sus páginas y lea la banal introducción, el error más grave del título no está en el calificativo final sino en el uso del singular para los nombres así calificados. No es el libro de un “estilo” y una “decoración” determinados sino que, como el noventa y nueve por ciento de las publicaciones sobre decoración, es todo un batiburrillo desordenado de fotografías espantosas y pies de fotos no menos calamitosos. Sobre el catastrófico panorama de las publicaciones de decoración escribí hace tiempo un articulillo para el diario local titulado algo así como Arquitectura del Corazón o Delcoración, que espero recuperar para el tercero de los blogs asociados a éste cuando acabe de colgar Una Voz en un Lugar. Dadme tiempo.

Pero lo que me interesa hacer aquí no es una pira de las publicaciones de decoración, sino tomarme un poco de venganza contra la editorial Gustavo Gili, considerada en el mundillo de la arquitectura como “muy prestigiosa”. A la Gustavo Gili les envié la miscelánea de artículos recogidos en Una Voz y el manuscrito del Manual de Crítica, y en ambos casos me los devolvieron con la misma carta de “muy interesante su libro pero no entra en nuestra programación editorial”. Vaya, como si mis escritos trataran de submarinismo.

Es curioso cómo cambia la relación de uno con las editoriales cuando trata de meter las narices en ellas. En fin, como con la Gili ya me doy por satisfecho con esta pequeña venganza y con la del otro día (la del libro de la arquitectura y su revolución digital), paso a contar el episodio de mi relación editorial con Herralde (perdonadme si lo he contado ya alguna otra vez y me repito). A éste también le envié los dos libros mencionados, pero a pesar del glamour de su tupé y de lo elegante que siempre lo muestran los media, no tuvo conmigo ni la cortesía de esas mínimas cartas de rechazo. Para tomarme un poco de venganza por mi mano, cargué las tintas contra el librito que editó de Oscar Tusquets, “Dios lo ve” (véase reseña en Archipiélago n 45) ¿y sabéis cual fue su respuesta? pues retirar su publicidad de esta revista durante unos cuantos meses. Para que se vea cómo las gastan estos “prestigiosos” prohombres del mundo editorial.

Cuánto mejor -digo yo- que estuvieran en el negocio inmobiliario. O mejor dicho: cuánto mejor que el mundo libre de la cultura (al menos arquitectónica) no hiciera tantas distinciones entre esos dos tipos de negocios: el inmobiliario y el editorial.

viernes, febrero 23, 2007

135. ARCO 2007










Ayer cuando fui a buscar alguna de las fotos que hice de los Proyectos Finales de Carrera de la Escuela de Harvard con la intención de ilustrar los retorcimientos que los ordenadores le están haciendo a la arquitectura (es decir, para demostrar lo fácil que es manejar los ordenadores y lo difícil que es entender la arquitectura), me encontré, justo al lado de la que puse (v LHDn134), esta otra con la que abro el LHD de hoy, que es igual de extraterrestre, es decir, que podría perfectamente estar también en ARCO, pero que está hecha sin ordenador. Ello me llevó a pensar (recordar) de inmediato, que no sólo son los ordenadores los que están haciendo daño irremisiblemente a la arquitectura, sino que es la “así llamada” pintura, o el “así llamado” arte, el que desde hace mucho tiempo la está matando.

Yo voy a ARCO más o menos regularmente desde hace años, o más bien, desde que estoy en la Escuela de Arte, para ser precisos. Y si al principio pude ir con ese mismo espíritu con el que van todos los alumnos y profesores de arte de España, espíritu que tan acertada como divertidamente denuncia Alberto Adsuara (http://www.albertoadsuara.blogspot.com/) en el magnífico comentario de su blog “Por amor al arte” (escena propia de Un Mundo Exasperado de González Sáinz con estilo bernhardiano), enseguida cambié mi enfoque y empecé a ir como arquitecto, es decir, con el espíritu de un antropólogo que fuera a misa.

Ya en el Manual escribí mi postura sobre la relación entre arquitectura y pintura (v pag 171 y ss) así que no es cosa de repetirme aquí. Pero la cita de Félix de Azúa en la que me apoyaba, es impagable, y necesita repetirse cuantas veces haga falta: “tras una perfecta inversión de las jerarquías, fue la propia pintura la que pasó a dominar y determinar el espacio arquitectónico y a construirlo según sus propias leyes” (v Diccionario de las Artes, voz Cuadro).

En ARCO puede verse que la “pintura”, en tanto que fluido pigmentado aplicado sobre un soporte, va ocupando cada vez menos espacio en la “producción de nuevas imágenes”, siendo sustituida por una mezcolanza de otros procedimientos, a veces regresivos (materias, collages, efectos escultóricos, etc,) o las más de las veces, tecnológicos: fotografía, hologramas, computadores, videos etc.

Yo creo que, bien prevenido contra la religión del arte, es interesante echar de vez en cuando una ojeada al mercadeo de imágenes; sobre todo para un arquitecto, pues además de que la producción de formas es para él algo así como una gimnasia de su propio trabajo (Le Corbusier), también es normal que en el curso de su profesión se vea en la necesidad de incorporar algunas de ellas en sus espacios: para decorarlos, alterarlos, o significarlos.

Prueba de que aún es mejor el primer ejercicio que el segundo, lo pude ver este fin de semana pasado en Madrid.

1) en la exposición de la fundación COAM, descubrí que detrás de la siempre sorprendente arquitectura de Francisco Asís Cabrero (le hice una foto a su retrato para fijarle personalmente en la memoria), había un importante rastro pictórico.

2) en las obras de la ampliación del Museo de Prado, pude ver una vez más a mi “maestro” Moneo perdido ante el “arte”, incorporando en la puerta de su edificio (foto 3) a una “artista”, Cristina Iglesias, que como ya está por encima de Arco y de la Arquitectura, se exhibía en el Palacio de Cristal de el Retiro con textura similar a la de la puerta para Moneo pero en marrón (foto 4) a la que el folletito llamaba pomposa y estúpidamente “Espacio para Habitar”.

No es tan difícil desenmadejar el actual desorden jerárquico entre pintura, ordenadores y arquitectura. Con sólo sobornar a media docena de periodistas influyentes (descartando a Verdú, por supuesto, que ése es un converso al arte) está hecho. A ver si se enteran en los Colegios de Arquitectos y las Escuelas de Arquitectura.

(Dedicado a mi amigo Monchito, arquitecto, por las sonrisas de desdén que nos causó a algunos su sorprendente embeleso por el “arte”)

lunes, diciembre 18, 2006

ARQUITECTURA Y EDUCACION





Suelo decir que en nuestra Escuela de Artes y Oficios es muy fácil enseñar porque el edificio ayuda mucho. Sin embargo, educar en los edificios que se han construido en Logroño durante los últimos treinta años tiene que ser mucho más duro. Durísimo. Tienen que trabajar, como suele decirse, contra los elementos.

No tengo tiempo ahora para extenderme pero me parece increíble que apenas nadie haya reparado en la relación directa (si no evidente) entre la lamentable arquitectura escolar de las tres últimas décadas y la aguda crisis en la educación de la que tanto se habla.

Sólo un apunte: mientras las antiguas escuelas e institutos surgían en la ciudad como piezas claves y significativas de su trama urbana, casi todas las escuelas e institutos recientes (por no hablar de los edificios universitarios) ocupan parcelas residuales y destartaladas o se han construido sin fachadas a la calle.

Habrá una información detallada de todos los recientes edificios escolares de Logroño en el capítulo 10 de su Guía de Arquitectura. Puestos juntos uno tras otro, ofrecen un panorama tan desolador, que su montaje, en el que he trabajado este fin de semana, me ha dejado abatido. Por eso saco esta nota, para pedir ánimos. Pero no tanto para mí (pues el edificio en el que estoy me consuela), sino más bien para los profesores y alumnos que esta misma mañana han tenido que volver a esos horribles colegios del demonio.


viernes, junio 16, 2006

30. SIMBIOSIS




El concurso de proyectos para la sede del Colegio de Aparejadores ha pasado entre nosotros con más pena que gloria. En el último hAll, el n94, se publican los dos primeros premios con un mínimo comentario sin firma que da a entender que a los nuevos directores les gustaría que hubiera un debate pero que son incapaces de plantearlo (pena de hAll también). Me comentan por la calle que los arquitectos del Jurado fueron Jesús Marino Pascual y Domingo García-Pozuelo..., ahhhhh ¡mis viejos “amigos” del hAll!, el autor de Crónicas Marcianas y el del famoso Acuerdo... ¿Qué podríamos esperar de un Jurado así? Pobres concursantes. De todos modos es curioso que en la noticia que tiene colgada el Colegio de Aparejadores en internet dice “el Colegio eligió...”; y en la noticia que dio La Rioja (2fb06) dice “Los aparejadores se decantaron...” ¿Fue un concurso mínimamente serio?
En fin, a pesar de que el convocante y el jurado fueron la misma Junta de Gobierno de los Aparejadores, como concurso de arquitectura tendría que haber merecido mejor vida; y aunque hayan ayudado al fallo mis “amigos” del hAll, también se merecía mejor entierro. Por eso, para seguir creyendo en la vida de los concursos y celebrar con dignidad la muerte de éste, he elegido para el sepelio este sorprendente vehículo que muestro arriba, simbiosis de modernidad y arcaísmo que, a juzgar por la matrícula, Pastrana compró en Burgos y lo incorporó a su catálogo de enseres mortuorios con el número 6.

La propia imagen del objeto es tan fascinante que casi sobran comentarios. Ese morro aerodinámico y esas llantas formalmente tan limpias y adornadas con neumáticos de banda blanca, símbolo de los nuevos tiempos y de la pujanza y progreso de la empresa concesionaria de las pompas fúnebres logroñesas, aparecen directamente trabados con un arcón de estilo gótico flamígero que seguramente despertará en los familiares del finado la idea de que su ser querido mora ya en un templo digno de santos, ángeles y arcángeles.

Aunque no fuera tan rotunda, una cierta simbiosis entre lo viejo y lo nuevo, es decir, entre la descascarillada fachada y el frente marmóreo del negocio de Pastrana, colocados uno sobre el otro igualmente sin mayor miramiento, podía aún verse en ese caserón del siglo XVIII que según María Teresa Alvarez Clavijo se levantó sobre unas casas del siglo XVI de las que no dejaron ni rastro (Logroño en el siglo XVI p136) Por cierto que P. Alvarez decía al respecto lo contrario, ja ja ja ja (véase su artículo sabatino de 1 abril del 2006). Hay que ver qué bien se informan los periodistas.

Es curioso que ni en elhAll 94 ni en las noticias de la prensa ni en las páginas de internet que he consultado, nadie se haya tomado la molestia de mostrar las fachadas del nuevo edificio, como si ésta no fuera importante para el fallo o todo el mundo la diera por supuesta. En su comparecencia ante los medios en el día en que se dio el premio, el Presidente del Colegio de Aparejadores ya decía que como ellos eran muy respetuosos con la rehabilitación, ya contaban con quitar el mármol de Pastrana, restaurando los sillares de piedra que estén debajo (¡cómo estarán!/ay ¡cómo quedarán!) y el revoco que cubre los ladrillos, restaurándolos igualmente (!). P. Alvarez lo confirmaba también en su página sabatina.

Pues mira, yo cada vez tengo menos claro ese consenso arquitectónico tan generalizado. Es más, me parece un claro síntoma de ausencia de arquitectura. En la fachada actual de ese caserón cantan mucho más los huecos arqueados de la planta segunda tan perdidos ellos, y que sin embargo, y como he podido descubrir mirando de soslayo algunos paneles que salen en las fotos, han sido escrupulosamente respetados.

No he querido analizar a fondo los dos proyectos publicados pues me parece injusto hacia los otros cinco que se presentaron y que no han sido expuestos públicamente.

Acabo: como entre unas cosas y otras sigo con la sensación de que no ha habido un concurso mínimamente digno, prefiero invitaros a contemplar otra vez (y a la vez) esa vieja fachada “a rehabilitar” y ese coche para el sepelio, donde lo nuevo y lo viejo aparecían en una simbiosis tan cruda como sugerente. A ver si así pensamos un poco más en arquitectura y un poco menos en consensos rehabilitadores.

martes, junio 13, 2006

27. MILAN





Una semana en Milán con los alumnos de la Escuela de Diseño da para mucho. Sobre todo si ellos te dicen que Milán no da para seis días o que en Milán las horas se les hacen muy largas...

Ya es el cuarto año que organizamos para nuestros alumnos viajes de estudios de bajo coste y programa matinal obligatorio de visitas con cuaderno de viajes incluído. El primero fue a Florencia, por aquello de que allí nació “el artista”. El segundo a Londres, para recordar que en 1851 se cimentó en Central Park el diseño moderno. Y el tercero fue a Berlín-Dessau para rendir tributo a la Bauhaus. La elección de Milán para este cuarto año surgió del entusiasmo que le causó a Ignacio Martínez Zapater una visita que hizo allí el año pasado con Merce, pero en todo caso no había que rebuscar mucho para justificar el destino pues durante muchos años Milán ha sido considerada algo así como la capital mundial del diseño, y especialmente, como ciudad de referencia de esa otra capital del diseño en España que es Barcelona.

¿Qué es lo que buscaban los diseñadores catalanes en Milán? ¿Por qué les atraía tanto esta ciudad, al menos durante la segunda mitad del siglo pasado? Esa era un poco la pregunta que a mí personalmente me interesaba resolver en este viaje pues yo había estado en Milán un par de veces y a primera vista no me parecía para tanto. Siempre sospeché por ello que como los barceloneses tienen complejo de segundones, para ignorar a Madrid y seguir los dictados de su propio complejo, tuvieron que inventarse otra capital, y escogieron Milán, -una ciudad también segundona. Lo que pasa es que en ese tipo de elección, más que capitalidad buscaban complicidad y seguramente ese fue el origen de la epidemia llamada “hermanamiento entre ciudades” que ha llegado hasta los más recónditos rincones de nuestra geografía.

Siempre que voy a viajar o a estudiar una ciudad europea consulto antes el Braunfels, porque siempre da su quintaesencia. De Milán dice (pag 150 de mi edición de 1987) que “un destino decididamente trágico ha impedido que Milán, el más robusto organismo urbano de Italia, pudiera convertirse en ciudad-estado, en ciudad residencial (del poder moderno, se refiere) o en capital”. Lo cual, y para mi pregunta, sigue encajando más con lo del hermanamiento que con la idea de la capitalidad.

Guiados por el entusiasmo de Nacho fuimos recorriendo calle a calle y edificio a edificio el complicado entramado urbano de la ciudad, rememorando algunos viejos nombres y muchas imágenes de aquellas revistas tan atentas a las novedades arquitectónicas de los setenta. No mucha emoción, sin embargo. Luego probamos con las calles de las tiendas de la moda, a ver si por ahí la capitalidad se sentía más, pero tampoco; en Roma o en Los Angeles hay tanoto o más glamour.

La clave del hermanamiento creo que la encontré en la Trienalle, pues a pesar del espanto que seguramente les produciría a los catalanes el edificio de Muzzio (tan madrileño él que podría estar enfrente del Museo del Prado...), debieron descubrir allí que la capitalidad moderna consiste en dar premios para hacer Historia, y así supongo que nacieron los FAD y toda la parafernalia del diseño catalán. Me di por contento con la respuesta y creí más que justificado el viaje.

Otro día contaré cosas más concretas pero ya que últimamente las Guías de Arquitectura están tan de moda entre nosotros puedo comentar como sorprendente detalle de esta visita que en todo Milán no había ni una sola Guía de Arquitectura de la ciudad (!!!!!!!). ¿Se habrían agotado todas? ¿o ya no se dedican a dar premios y hacer Historia?