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lunes, junio 04, 2007

AL FIN, POLEMICA


(Cuando exponemos y sopesamos razones podemos hablar de diálogo, pero cuando se enfrentan dos fes, o una fe contra una razón, hay que llamarlo polémica. Al artículo DE LA MUERTE DE LOS EDIFICIOS (La Rioja 27ene2001) respondió el arquitecto José Miguel León con otro artículo en el periódico (La Rioja 3mar2001) titulado “De la vida de los edificios” cuya lectura os ahorro porque en la respuesta que escribí (AL FIN, POLEMICA) y que hoy traigo aquí, están contenidos las dos lanzas más punzantes con que intentaba alcanzarme. Me la publicaron el 19may2001 con una estúpida entradilla escrita por un periodista y una foto del edificio de la Bene, rehabilitado por mi adversario, que me había sugerido el periodista y que yo rechacé. Ya que León usó el Panteón como ilustración de su artículo lo retomo yo también para alegrar el mío.)


A pesar de que el periodista que confecciona esta página, cuando redacta los subtítulos o las entradillas de los artículos que yo envío me llama casi siempre provocador y polémico, las más de las veces, por no decir siempre, siento que mis palabras escritas me son devueltas por las mudas paredes de esta ciudad con mi propio eco, hasta el punto, incluso, de hacerme creer que soy como esos locos que van hablando solos por la calle. Si para la conversación ya somos bastante sordos y sólo queremos escuchar lo que nosotros decimos, con la escritura pasa otro tanto o aún más, porque en el momento de redactar no tenemos ni por qué mirar a quien no nos escucha.

Pero hete aquí que en los últimos meses, dos de los más reconocidos arquitectos de esta ciudad me han devuelto mi voz intentando atemperarla con sus razones. El sacerdote y arquitecto Gerardo Cuadra contestó a mi artículo “Las casas de Dios” con una defensa posicional en la que exponía que contra lo que él entendía que yo decía, la arquitectura moderna también servía para dar casa a su Dios. Temiendo que no me hubiera entendido bien y que nuestra polémica se desplazara a un campo teológico donde nuestras diferencias se hicieran insalvables, preferí no devolverle sus palabras (o lo que yo había entendido en ellas) con nuevos argumentos.

Pero la respuesta que José Miguel León ha dado a mi artículo “La muerte de los edificios” sí que me mueve a polemizar con pasión (y no a dialogar como él dice que hace) por cuanto que el núcleo de la cuestión no es ya el de las casas para un posible Dios sobre el que no podríamos ponernos de acuerdo, sino el de la divinización de las propias casas hechas por los hombres, tal y como yo entiendo que él plantea en su artículo “La vida de los edificios”.

Comienza León su escrito con una frase fuerte -y a eso lo llamo yo polemizar y no dialogar- en la que se dice que la metáfora sobre la que yo construyo mi artículo (“a semejanza de sus hacedores, los edificios nacen, viven, envejecen y mueren”) “encierra la trampa de ser de las que tanto sirven para un roto como para un descosido”.

Sé muy bien que el discurso metafórico al que tan aficionado soy en mis artículos periodísticos encierra notables riesgos, pero si suelo incurrir en él no es por otra cosa que por sus notables cualidades pedagógicas (Jesucristo hablaba siempre en metáforas y el calado de su prédica es innegable) y porque de seguir un discurso más ontológico no sólo nadie (ni León) me iba a entender, sino que probablemente, ni las paredes de la ciudad me devolvieran ya mi eco. Claro que León se pasa en su descalificación: qué no diría de San Marcos 13, 25 por ejemplo cuando oyera decir “que el reino de los cielos es semejante a uno que sembró en su campo semilla buena...”. Oiga maestro, -le objetaría con similar desparpajo- a otro con ese cuento, que un reino, y mucho más el de los cielos, no tiene nada que ver con un pobre campesino que sale a sembrar a mano.

Pero mira por donde, si hay una metáfora a la cual me aferro más que a ninguna para explicar el carácter de la arquitectura, rechazando con pasión polémica la ridiculización que de ella ha pretendido León, es esa de que los edificios, como sus hacedores, nacen, viven, envejecen y mueren. Porque más que una metáfora es para mí un sentido, una proposición o una actitud ante la arquitectura y la vida en general. En el núcleo de mi artículo “La muerte de los edificios” venía a decir (o traté de decir) que antes del siglo XVIII, cuando todas las sociedades se fundaban o articulaban en torno a la fe en un Dios eterno, los edificios morían con mucha mayor facilidad que en estos siglos postreros, en que los que la fe en los Dioses va mermando y, por supuesto, desapareciendo de la articulación de las sociedades.

No sé si quedaba claro entonces que mi rechazo a poner a la Arquitectura en el lugar de los dioses caídos es absoluto. Pero si no quedaba claro, lo digo y lo subrayo, para que se entienda mejor que lo que pretende hacer León (si es que he entendido bien su artículo) es justamente eso que yo rechazo. Nuestra polémica, por tanto tiene motivos más que fundados, aunque probablemente, mucho me temo, acabe como la de Gerardo Cuadra, porque ontológicamente no hay posibilidad de encuentro entre una razón y una fe.

La cita de Mark Rothko con que León cierra espléndidamente (a nivel literario y argumental) su artículo, y con la que pretende dar eternidad a los edificios y a los cuadros (a ciertos edificios y ciertos cuadros, supongo, porque no todos podrán caber en la ciudad) es la representación misma del hombre como fabricante de dioses. Dice así: “...un cuadro (edificio) vive en función de quien lo acompaña (habita), y se ensancha y crece a los ojos del observador (usuario)”. En la lectura más cruda de esta frase entendemos que los cuadros y edificios no son nada sin sus contempladores, lo que desde cualquier punto de vista es absolutamente falso. El cuadro o el edificio, mientras no sean destruidos físicamente o sean traicionados en sus contenidos, siguen viviendo aunque nadie los habite ni los vea, porque sus colores o sus piedras cuentan sin cesar lo que sus hacedores pusieron en ellos. El edificio o el cuadro posibilitan cierto diálogo entre el que lo hizo y el que lo ve, y no pueden ser tan sólo una creación de quien lo ve... a menos que..., a menos que se pretenda que sean divinizados por quien los contempla (que probablemente es lo que pretendía Rotko, dicho sea de paso). La invención de un Dios no es un diálogo (Dios no habla - tan sólo es Verbo); la invención de un Dios es un monólogo absoluto y brutal, el monólogo más vanidoso que imaginarse pueda. Quien pretenda que la vida de los edificios, de los cuadros o de las cosas, dependa de su propia atención, ese sólo habla para sí, y en todo caso, para aquellos a los que quiera arrastrar en la fé por él creada.
Pero mal que le pene a Rotko y a León, los cuadros y los edificios nos hablan de sus hacedores y por mucho que se empeñen quienes los quieran divinizar, envejecerán y morirán como sus hacedores. Y si no, ¡al tiempo!.

Ahora bien, quien tiene un Dios no parece tener reparo ni sonrojo en entrar a saco en los templos de los otros y poner allí al suyo. Y eso vale tanto para el Panteón de Roma como para la Bene de Logroño (edificio que también citaba yo en el artículo que daba origen a esta polémica, y que vaya uno a saber si no será el verdadero causante de la misma). Quien tiene un nuevo Dios se permite cambiar los significados de la obra de los templos anteriores y hasta decir que gracias a esos cambios los edificios siguen vivos. ¡Loado sea el Señor y por siempre alabado!, cualesquiera que sea su nombre. Pero ni la cúpula del Panteón será nunca un mandala por mucho que se la fotografíe desde abajo velando la línea del óculo central, ni el ocultamiento de la fachada de la iglesia desde el acceso a la Bene o la conversión en pasillos longitudinales de las galerías que abrían transversalmente la sección del edificio de los pabellones a los patios podrán ser tomadas por nadie sensato como un alargamiento de la vida del anterior edificio.

Pero vaya yo acallando mi voz, no sea que me convierta en un nuevo monologante y acabe loco o con espada. (Di que al no tener fe ni en mi discurso, apenas tendría fuerza para levantarla). Pare yo la escritura y quédeme a la escucha, no sea que gracias a esta polémica hubiera logrado que alguien dudase de su fe, y conseguido hacerle caer en la tentación de poner su palabra en diálogo.

martes, mayo 01, 2007

AGAPITO DEL VALLE Y LAS IGLESIAS RIOJANAS







Si las cuentas no me fallan este año tocan Jornadas del Patrimonio, y si no media un milagro y se produce alguna sorpresa, una vez más tocará no ir. Pagar algo así como veinte mil pesetas de inscripción para que te cuenten las últimas obras que has visto en las revistas, no tiene otro sentido que el de compartir unos días de convivencia con la profesión, -y para convivencias con la profesión estoy yo después de lo bien que se han portado conmigo mis compañeros (ex-compañeros ya, como le decía el otro día a Gerardo Cuadra cuando le saludé en la calle). Y eso por no hablar de la arquitectura de las propias “intervenciones”, que ese es otro cantar. En fin, si algún lector del LHD va, que me las cuente, que con ello me conformaré.

Una agradable sorpresa para unas Jornadas del Patrimonio, por ejemplo, podría ser la de que alguien presentara una comunicación sobre la arquitectura de Agapito del Valle en las iglesias riojanas. Eso ya me haría pensar dos veces lo de ir o no ir.

Digo esto porque, revolviendo papeles y notas que tomé en el año 1984, he encontrado un listado de las obras que nuestro célebre arquitecto proyectó para la diócesis entre 1942 y 1956, y hasta unas fotocopias del proyecto que hizo para la ampliación de la iglesia de Baños de río Tobía. El caso es que al ver la “planta” de esta iglesia en el Inventario de Moya (foto 1), uno pudiera pensar que está ante una hallenkirche más, pero mira por donde que no, que la iglesia original del XVI era de cruz latina y su conversión en hallenkirsche es de 1947 (fotos 2 a 5). Para ser justos con los historiadores del Inventario diré que ellos ya dicen que las “naves laterales son de este siglo”, pero para ser justos del todo diré también que parece que les importa un pito la importancia de la reforma y su autoría.

Gerardo Cuadra se tituló en 1953, pero entre su rodaje por Madrid y su ordenación como sacerdote, no tengo muy claro si sucedió a Agapito como arquitecto de la diócesis o si hubo algún otro “compañero” trabajando por entre medio. Lo que está claro es que con el archivo de uno y el del otro, se podría recomponer una planimetría de nuestras iglesias mucho más fiable y provechosa que la del Inventario de nuestras desdichas.

Esta es la lista de iglesias en las que trabajó Agapito del Valle entre 1942 y 1956:
Lardero
Villamediana
Agoncillo
Ribafrecha
Baños de Río Tobía (1947)
Cervera del Río Alhama
Rodezno
Alcanadre (1955)
Cenicero
Viguera
Sorzano
Briñas
Ortigosa (1956)
Santo Domingo
Santiago (Logroño)
Murillo y
Sotés.

(casi nada…)

Al margen de recuperar y divulgar sus planos, sería también muy interesante comentar la actitud desprejuiciada de las “intervenciones” de Agapito del Valle mediante una arquitectura que podríamos adscribir a la tendencia más desenfadada del “viollet-le-duc-ismo”.

De Gerardo se conocen aquellas obras en las que entró como Jesucristo en el templo de Jerusalem, es decir, las más ensalzadas por sus admiradores progresistas y seguramente las peores. Pero yo estoy seguro que la obra de Gerardo es mucho más amplia y que en la mayoría de las intervenciones ha sido muy comedido. Mucho más comedido, seguro, que Agapito.

En fin, estaría bien que se hablara en profundidad y sin miedo de estas cosas en unas Jornadas de Patrimonio, porque así aprenderíamos un poco más de historia y de arquitectura y se haría menos promoción de nuevos santitos. Pero eso es mucho pedir ¿verdad?

jueves, abril 12, 2007

LAS HALLENKIRSCHE RIOJANAS. ARENZANA DE ABAJO







Que no me guste la forma de escribir sobre arquitectura de Gabriel Moya (v ASI SE ESCRIBE NUESTRA HISTORIA), o que su obra sea nociva para la propia historia de la arquitectura, no quiere decir que yo no le esté muy agradecido. Sólo he coincidido personalmente con él en un par de ocasiones (un Coloquio de Historia y una excursión organizada por los Amigos de los Castillos en la que a él le habían invitado para explicar la torre de Sajazarra y a mí la de Anguciana) y en ninguna de las dos pude darle las gracias porque me pareció un tipo con una pose chulesca, -como muy engreído de sus saberes-, y por tanto muy antipático; así que ni siquiera tuve el ánimo de saludarle. Pero sin embargo tengo que reconocer que su librito “El modo vasco de producción arquitectónica en los siglos XVI-XVIII” despertó mi admiración por las iglesias de salón riojanas (hallenkirche) de tres naves a igual altura, y que tiene ganado mi agradecimiento.

El deseo de catalogación de que hace gala Moya en el intento de explicar el rico muestrario de iglesias riojanas, -lo mismo en la obra mencionada que en “La Arquitectura Religiosa del siglo XVI en La Rioja Alta”-, hace que las hallenkirche ocupen un lugar más del catálogo, como si no hubiera gran diferencia entre unos tipos y otros. Para un historiador del arte, mayormente preocupado por la nominación de todos y cada uno de los detalles escultóricos de la arquitectura o de todo el aparato decorativo posterior (retablos, coros, púlpitos, crucifijos, etc.) la diferencia entre los distintos tipos espaciales no parece ser excesivamente relevante; pero para un arquitecto formado en la lectura de espacios a través de todas las experiencias del siglo XX y de interpretaciones como las del gran libro de Zevi, las hallenkirche están muy por encima de todas las demás.

Tan confusa es la exposición de Moya en sus dos libros que todavía no tengo muy claro si las hallenkirche son todas las iglesias más o menos “amplias” del siglo XVI o si ese término es el específico para denominar a las iglesias de tres naves a igual altura. La diferencia entre unas iglesias y otras es de tal calibre que no cabe confundirlas mas que por la proximidad temporal o decorativa, así que mientras no lo aclare mejor que en la pág. 315 y 316 de “El modo vasco…”, yo voy a reservar aquí el término de hallenkirche para las iglesias de tres naves a igual altura pues son las que causan mi mayor admiración.

La erudición de Moya en materia de hallenkirches es indiscutible, pero a la hora de ponerla por escrito resulta confusa y verborreica, así que en poco más de dos páginas pasa del origen remoto de esta tipología, (catedral de Poitiers e iglesias del Poitou francés), a las construidas sistemáticamente en Alemania durante el siglo XIII y XIV sin mencionar ningún ejemplo (y eso que es allí de donde toman el nombre), para soltar a continuación una letanía de ejemplos españoles de lo más variopinto y sin orden alguno. Resulta así difícil comparar nuestras pequeñas iglesias de pueblo con los grandes modelos; pero en fin, eso es lo que hay y lo demás habrá que ir descubriéndolo poco a poco.

En cuanto al material gráfico, la aportación de Moya y su equipo son esas lamentables plantas de arquitectura del Inventario en las que una estructura básicamente muraria se representa sin dibujar los muros (!!!). Cierto que las nervaduras de las bóvedas pueden llegar a ser espectaculares, pero de ahí a no dibujar la caja de muros y contrafuertes que envuelve el espacio interior, o pasar olímpicamente de las secciones, va un largo trecho: seguramente el que separa el punto de vista del historiador del punto de vista del arquitecto. Como muchos arquitectos han trabajado en todas estas iglesias haciendo obras en los tejados o rehabilitaciones varias, y como la mayor parte de ellos tienen hecho un levantamiento de planos bastante más completo de las mismas, sería muy de agradecer que algún organismo se animara a editar una recopilación de sus planos. Sin ir más lejos: el archivo de Gerardo Cuadra se me hace a mí tanto o más sugerente que su celebrada obra.

Pero como no es cosa de pedir, sino de dar, voy a ver si por lo menos despierto en mis admirados lectores la pasión por las hallenkirche a base de contarles mis visitas e impresiones.
Como hoy ya he escrito mucho y no quiero aburrir, os dejo con la “planta” del inventario del equipo de Moya y con cuatro fotos de una de ellas, la parroquia de la Natividad de Arenzana de Abajo. Y otro día entraremos en valoraciones y mejores disquisiciones.

(Por cierto, si os animáis a visitarla, lo más probable es que la encontréis cerrada. Últimamente los propietarios tienen un horario muy restringido y parecen haber tomado la decisión de que sus templos no son lugares de oración (o de contemplación) sino sólo casas de culto, así que abren nada más cuando el cura dice misa. Si queréis ver la iglesia de Arenzana de Abajo fuera de horario de misa, tenéis que preguntar por la casa de Pedro Moral (fácil de recordar, porque se llama como el anterior decano del COAR). Es un hombre muy amable y seguramente os la enseñará).

(¡Ah! no lo olvidéis: también tenéis otra foto de la iglesia de Arenzana en el post PEDIR PERDON … )


martes, marzo 20, 2007

RESTAURAR CASTILLOS


Restaurar: restablecer. Arreglar una cosa estropeada o rota, en particular un edificio o una pieza de arte, dándole aspecto de nueva. Volver a poner (algo o alguien) en la situación que tenía.

La Rioja 16 de marzo, pag 68: “Cultura edita un libro que plantea la restauración de 28 castillos riojanos”
LR. Agencias. Logroño.

“En La Rioja se conservan 41 castillos, de los que 28 precisan una restauración y en trece de ellos ya existe una intervención restauradora importante, afirmó ayer el coordinador del libro Castillos de La Rioja. Base documental para su plan de protección, Jesús Marino Pascual.”

Amén de la edición y otras partidas para la investigación a través del IER, justo a renglón seguido el Consejero Alegre anunciaba apoyos económicos del presupuesto del 2008 para restauración y recuperación de castillos.

Yo no acabo de entender por qué ni para qué vamos a gastarnos los dineros públicos en arreglar los castillos, incluso dándoles aspecto de nuevos, si ya carecen de función defensiva alguna.

Protegerlos, como reza el título del trabajo, parece más acertado; o aún mejor sería “cuidar sus ruinas” -pongamos que por su valor histórico, sentimental, simbólico, etc. Pero si el autor del mencionado trabajo se desliza tan rápidamente de la “protección” a la “restauración” lo que está claro es que no se trata de cuidar sus ruinas, su valor sentimental, histórico, etc., sino de “intervenir en ellos con arquitecturas del presente”. Y como no creo que sea para restablecerlos en su función militar, habrá que pensar que es para otra cosa: como en el desclasado Castillo de Agoncillo, con proyecto del autor del libro, o la recientemente “re-collageada” torre de Haro, de Alfonso Samaniego, Carlos Madrigal y Gerardo Cuadra.

Y es que la noticia se cerraba así:
“Entre los castillos con intervenciones de restauración ya efectuadas figuran los de Aguas Mansas de Agoncillo (…), Sajazarra (…) y el torreón de Haro”.

Los conceptos están confusos. No digo que haya que buscar siempre su sentido y su verdad en los diccionarios, pero usados como herramientas, nos pueden ayudar. Sobre todo en casos como éste.
Para la definición arriba expuesta he consultado el María Moliner, el Manuel Seco y el RAE (en internet) y los tres coinciden.

“Restaurar castillos” en nuestros tiempos es una expresión imprecisa y que falta a la verdad.

miércoles, enero 10, 2007

106. LA CASA DE LOS JESUITAS








El periódico local informaba el pasado 28 de diciembre (y no parecía broma) que se estaba tramitando la recalificación urbanística de la conocida “casa de los jesuitas” en la calle Rodríguez Paterna con objeto de poder rehabilitarla para uso de viviendas. Se pondrá fin así a un abandono que se inició cuando los jesuitas se trasladaron a su colegio de la calle Huesca, hace ya casi… cuarenta años (!).
Como la intervención me da pánico (y no es para menos a la vista de lo que se viene haciendo en las viejas casas de Logroño desde que se inventara -y aplicara a rajatabla- el estilo disimulo), le voy a dedicar con carácter de urgencia este LHD para que podamos contemplarla en su actual estado de ruina durante el mayor tiempo posible.

Como se aprecia en un primer vistazo de la fachada, la llamada casa de los jesuitas es el resultado de la unión de dos casas anteriores, la número 3 y la número 5, realizada por el arquitecto Fermín Alamo en el año 1921 para dicha comunidad religiosa.

Alamo tenía siempre la virtud de hacer un plano del estado anterior a sus trabajos de intervención en edificios existentes, y de ese modo podemos ver perfectamente cómo eran antes de su unión. La de la derecha (el 5) era una casa con fachada de piedra de sillería (seguramente del XVIII o incluso de la primera mitad del XIX), cuya planta baja estaba dividida a su vez en dos alturas ofreciendo así una primera hilada de balcones muy baja, rareza que también podía contemplarse en el mirador de la casa del número 1 que ha sido arrasada este mismo año (muestro por ello la foto que hice de estas casas en el 2005, y la que he hecho hace unos días).

Junto a ella, es decir, en el número 3, el arquitecto Francisco de Luis y Tomás proyectó una casa en 1882 para José Rodríguez Paterna, cuyo plano de fachada también traigo aquí (en el orden aleatorio en que lo ponga el servidor, claro, aunque no creo que nadie tenga dificultad en entender cuál es cada cual). Rodríguez Paterna fue alcalde de Logroño entre 1885 y 1891, y de ahí el nombre de la calle (quien esté interesado en más datos sobre el promotor, puede ir a la pag. 293 de “Calles de Logroño”, obra del que fuera cronista oficial de la ciudad hasta hace unos pocos años, Jerónimo Jiménez).

La solución de Fermín, como puede verse también en la correspondiente imagen, fue adaptar la vieja casa del 5 a las líneas de la casa de Francisco de Luis y ahí quedó la cosa.

En 1971, es decir, cuando los jesuitas ya se habían ido a la calle Huesca pero todavía tenían en uso la casa, el arquitecto Eduardo Ortega hizo una entreplanta de hormigón tratando de mejorar la habitabilidad del inmueble pero complicando (y destrozando) aún más su estructura interna.
Finalmente, en 1993, Gerardo Cuadra redactó un proyecto para ubicar en estas casas a la comunidad de las Hijas de la Caridad, que no se llevó a efecto. De los datos que he recabado para la Guía se desprende que las Hijas de la Caridad se instalaron finalmente en un convento de nueva planta/rehabilitación construido en 1994, según proyecto y dirección de Francisco Javier Villaverde, entre Ruavieja 30 y Mayor 34-36. Del proyecto de Gerardo muestro ese detallado dibujito de su “estado actual” que tiene aires de comic. Leí también su meticulosa memoria y pude darme cuenta de que Gerardo no había hecho el mínimo estudio histórico del edificio y no tenía idea de sus orígenes y tampoco de la intervención de Ortega. En su propuesta respetaba la fachada de Alamo a Rodríguez Paterna pero se cargaba (ay) las graciosas galerías que dan a la plaza de San Bartolomé, creando en sustitución una fachada bastante anodina.

Javier Dulín publicó en elhall79 (marzo del 2004) una preciosa fotografía de José Miguel León tomando notas sobre la cumbrera de la iglesia de San Bartolomé, y la prensa local ha dado noticia este año de que José Miguel León y Gerardo Cuadra han presentado el proyecto de restauración de la torre de San Bartolomé, así que es posible que estén trabajando también en las viejas casas de los Jesuitas. El tiempo nos lo dirá. Pero, como digo, cuanto más tarde, mejor. Después de haber visto tantas y tantas cosas en estos últimos dos años, y de ver el calado de tanta “teoría” lamentable de jornadas sobre intervención en el patrimonio, en materia de “rehabilitaciones” yo ya no me fío de nada ni de nadie.

miércoles, junio 28, 2006

38. PABLO ALVAREZ





Nada como tener una buena panorámica para darse cuenta del éxito o fracaso de una empresa. La página semanal de Arquitectura que el 2 de octubre de 1999 pactaron Pedro Moral, José Miguel León y Giovanni Muzio con el entonces director del diario La Rioja José María Esteban, ha llegado, según nos cuenta el periodista Pablo Alvarez el 17 de junio del 2006 desde la propia página, al número trescientos.

Como es sabido, el interés del periódico La Rioja por la arquitectura no era otro que el hecho de que la hija de José María Esteban se había puesto a estudiar arquitectura. He ahí a un buen padre. La pena es que no le aconsejara estudiar periodismo, porque así el mal se hubiera quedado en casa.

Leo en un prometedor libro del profesor Albert Casals Balagué titulado "La arquitectura, otro arte enfermo" (que ya comentaré cuando lo acabe, si es que se lo merece), que la infección que padece nuestro oficio se ha producido por un doble contagio procedente de transfusiones interculturales de dos disciplinas infecciosas, a saber: el arte y la filosofía. Pero, de entrada, ya no estoy de acuerdo. Si hay foco claramente infeccioso en nuestro panorama cultural, ese el periodismo (véase el inapelable e incontestado Informe Espada en elhAlln65 p1) por lo que estoy completamente seguro de que buena parte de los males que nos afectan (igual que a política, al deporte, etc.) tiene ese origen.

Mejores o peores, las primeras dieciséis entregas de esa página pactada de arquitectura fueron redactadas por arquitectos, y hasta la diecisiete no entró el periodismo en ella; al principio firmando como "Redacción", y en seguida con el nombre del periodista Pablo Alvarez, quien al parecer acababa de descubrir el interesante filón que suponen las selecciones bianuales del COAR para llenar papel sin mucho esfuerzo: cuatro fotos por aquí, un par de planos por allá , un mismo texto como de sorpresa y admiración con distintos nombres cada vez, y dale a la manivela una y otra semana.

Durante las siguientes ochenta entregas, y mientras elhAll colegial languidecía, aún se pudo encontrar alguna que otra reflexión arquitectónica por parte de los más entusiastas colaboradores, algunas de ellas memorables, como la que hizo Gerardo el 24 de nov del 2001 sobre "La moda de las cancelas forjadas". Fue en esa época cuando Giovanni Muzio me dijo que si quería seguir colaborando con la página de La Rioja tendría que escribir textos mucho más breves, y a poder ser fragmentados, pues, al parecer (eso ya no me lo decía Giovanni), y según los criterios periodísticos al uso, razonar sostenidamente debe ser peligroso para la salud de los lectores de periódicos. Yo me tomé la embajada del entonces coordinador cultural del COAR como una ofensa y ya no volví a escribirles ni una línea más. Por la misma senda, fueran cuales fuesen sus razones, debieron de ir saliendo el resto de colaboradores mínimamente inteligentes, mientras que Pablo Alvarez, se convertía en el campeón absoluto de la página muy por encima de Pablo G. Mancha, P.A.L o Jorge Alacid, que también firmaron algunas.

Ironizando sobre su infecciosa labor, en cierta Comisión de Cultura comenté la posibilidad de dar a este periodista el título de "colegiado honoris causa", pero para mi sorpresa, alguno de los compañeros de aquella comisión no lo vieron como una broma de mal gusto sino como una propuesta factible...; así que me quedé con la preocupación de que algún día lo hicieran. Aprovechando que uno de los que no entendieron la broma está ahora en la Junta de Gobierno, y que esa página de La Rioja nunca ha sido tan servil a la Junta como ahora (sólo hay que ver cómo trató el tema de las últimas elecciones /v LHDn3) no me extrañaría nada que pronto lo tuviéramos de "compañero", o mejor dicho, que lo tuvieran de compañero todos esos arquitectos a los que les hace publicidad dándoles grasilla por el hecho de hacer una arquitectura, o más bien unas "fotos de arquitectura" que se acercan a la "pose cultural" de lo que la arquitectura significa para cierta progresía.

Un pose que, como suele ser normal en los progres, le lleva a despreciar al grueso de la profesión : "estos siete años no han sido un periodo como otro cualquiera (…) lo cierto es que los resultados son bastante desoladores: la calidad media de lo que se hace tira a deplorable". Ya en plan elitista, Pablo Alvarez nos regala otra perla preciosa para que nos enteremos de cómo se produce nuestra ciudad: "Logroño en estos años ha sido un ejemplo bien evidente de lo que está pasando en España. Los poderes públicos apenas cuentan en estas cosas: el sector privado decide qué se urbaniza y cuándo se hace. Así se explica el crecimiento desorbitado hacia el Sur a base de Planes Parciales relámpago…".

Ahora ya no es broma: si no le hacen "colegiado honoris causa" seguro que la Junta de Domingo se estará planteando, cuando menos, hacerle un homenaje. Al tiempo.


lunes, mayo 15, 2006

8. TELÉFONO / RUBÉN


A los pocos días de los actos de conmemoración del veinticinco aniversario de la fundación de nuestro Colegio de Arquitectos como institución independiente de Aragón, me llamó Rubén San Pedro por teléfono para hacerme un pregunta…, un poco…, indiscreta, -me advirtió. Adelante Rubén, pregunta; si puedo contestar lo haré -le dije.

"Mira -continuó Rubén (transcribo de memoria)-, el jueves por la tarde recibí una llamada de Elena Solozábal, secretaria del Colegio, invitándome a mí y a mi mujer a una comida con los miembros del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España en calidad de haber sido uno de los Decanos de nuestro Colegio en estos veinticinco años. Como rechacé la invitación porque me parecía improcedente la forma y premura en que se me hacía, me gustaría saber, si es que no te importa decírmelo, qué hiciste tú".

Le respondí que yo no había podido ni rechazar ni aceptar la invitación porque a mí no me habían llamado en absoluto, y ante su sorpresa, le confirmé que la tarde en que le llamaron yo había estado trabajando en casa todo el tiempo y que, por si fuera poco, llevaba también en el bolsillo el teléfono móvil al que Elena Solozábal me suele llamar cuando me pregunta por algún asunto de la biblioteca del COAR.

Me contó a continuación que le había echado un chorreo de mil demonios a Gerardo Cuadra por haber aceptado, pues las formalidades institucionales, argumentó, son patrimonio del colectivo y hay siempre que cuidarlas escrupulosamente. Yo tragué saliva entonces y le dije que le agradecía sinceramente la lección, porque seguramente, y al igual que Gerardo, no hubiera sabido estar a su altura. Soy muy torpe y lento en las formalidades y en las situaciones personales, y de ahí que me refugie en la escritura donde, aunque no siempre lo haga, tengo tiempo de pensarme dos veces lo que digo.

Pero consternado con mi respuesta, Rubén ya no atendía a mis disculpas. "No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo", me decía una y otra vez. "No puedo entender que no te hayan invitado; por encima de lo que opinen de ti o de tu gestión, tú has sido representante de todo el colectivo y no pueden dejarte al margen. No lo entiendo, no lo entiendo, cada vez entiendo menos al Colegio y a mis compañeros. Iba a escribir una carta a Carlos Hernández Pezzi, que fue compañero mío en el Consejo Superior, para ofrecerle una explicación de mi ausencia, pero ahora ya no sé ni qué hacer…"

Cuando acabé la conversación telefónica me quedé pensando que es rara la vez que hablo con Rubén y no aprendo algo. Es un poco pesado y egocéntrico hablando (como probablemente también lo sea yo, o lo somos todos a partir de cierta edad) pero lo cierto es que vale la pena aguantarle porque casi siempre se aprenden cosas de él. También me dio por pensar entonces que en el pequeño acto de homenaje que se celebró en el COAR el viernes 28 de abril, no se hizo mención alguna al momento más crítico que ha sufrido nuestra institución en estos veinticinco años, a saber, la enorme duda que se generó sobre la supervivencia, continuidad o reconversión de los Colegios cuando se liberaron las tarifas. Ahora lo entiendo, -me dije-, entonces era Decano yo, y el esfuerzo que hicimos para tender puentes y que el Colegio no se desmembrara no merece recuerdo alguno.

De todos modos, me consolé pensando que aunque yo no exista ahora para los que representan y menoscaban a nuestra institución faltando al respeto a sus antecesores y a todos aquellos a quienes representaron en su momento, al menos Rubén ha vuelto a existir para Domingo García Pozuelo. El descarado y vergonzante ninguneo que le hizo en su Guía de Arquitectura aún está por saldar. Pero eso lo contaré otro día.