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martes, mayo 20, 2008

CHINA (I)







Uno de los peores enemigos de la ecología como ciencia es esa cursiprogresía izquierdista que la ha convertido en una pose de lamentos blanditos y slogans publicitarios absorbiéndola e integrándola a nuestro sistema depredador a una velocidad muy superior a lo que pasó con la contracultura de los sesenta. La EXPO de Zaragoza y la maldita “sostenibilidad” de todos sus pabellones pasará a la historia de la infamia como nuestro hito nacional en la materia. Y mientras tanto, o la vez, el mundo se dispone a ir en masa a China (en aviones que no contaminan, claro) para asistir a los Juegos Olímpicos y ver lo mucho que ese país se ha occidentalizado en los últimos diez años.

Hace unos quince estuve tentado de ir a China y empecé a agrupar datos, libros y recortes de prensa, pero el tiempo o las oportunidades se me fueron pasando y creo que hoy ya no me apetece mucho esa emprender esa aventura.

Sin embargo, y como por inercia, sigo acumulando información sobre ese inmenso y extravagante país que no deja de sorprenderme, más que nada, supongo, por una cuestión de escala.

En marzo de este año hubo aquí (ELPAIS, ELMUNDO) algo así como una invasión de información sobre Arte Contemporáneo Chino. De la misma manera que producen todos esos gadgets más o menos inútiles que venden en los “Todo a Cien”, los chinos se han puesto a pintar zarrias de todo tipo y a inventarse un santoral de nombrecitos para estar a la misma altura que Occidente. Se ve que en diez años han conseguido lo que Europa en cien.

Mientras tanto los arquitectos estrellas han ido a China a levantar y repetir lo que ya hacen aquí y hasta nuestro colega Jesús Pascual vino encantado de allí contándonos (ElhAll n 96) que la arquitectura ya es global y que ancha es Castilla: “no es que en el Lejano Oriente estén occidentalizados –escribía nuestro boy scout de la arquitectura- es que somos hijos de una época marcada por la fluidez del conocimiento”. Eso de que el conocimiento se haya hecho fluido me recuerda mucho a lo del dicho castizo de que se te ha licuado la sesera, pero en fin, dejemos a Pascual que bastante tendrá estos meses con la crisis de la promoción que se le avecina.

Lo que fluyen en verdad son las imágenes, y de ahí que yo me quede sentado en casa viéndolas pasar. El fotógrafo Edward Burtynsky justificaba su espectacular trabajo sobre China diciendo que “no nos podemos dar cuenta de la escala en la que nos estamos moviendo sin ir a China” (El País, Babelia, 08.03.08 pag 36); pero hombre, si ya nos hace él las fotos ¿para qué vamos a ir nosotros? El trabajo fotográfico de Burtynsky lo han hecho más espectacular si cabe (o sea más cursiprogre) con una película titulada “Paisajes Transformados” que yo creía que me iba a encontrar en la página www.karmafilms.es/mesdelcinesolidario pero que veo que no, que sólo era un anuncio.
Me alegro, porque hacer espectáculo de la muerte, los desastres ecológicos, las guerras o el puterío es el vicio de la izquierda que más me ha apartado de la izquierda.

Mucho mejor que viajar, que leer reportajes sobre la fluidez del conocimiento o que ver pelis espectaculares de los desastres ecológicos, creo yo que es ir viendo poco a poco las fotos y más fotos de China sin pretensiones artísticas, ecológicas o de divulgación barata que trae google earth.
La contemplación tranquila de los detalles de cada una de ellas supone para mí toda una aventura intelectual y una experiencia nada fluida del conocimiento, así que os iré poniendo de vez en cuando en este blog algunas de ellas. Como hoy.

(Podéis picar sobre las fotos, como siempre, para verlas un poquito más grandes)

martes, octubre 10, 2006

59. JORNADAS DEL PATRIMONIO 2006



Uno de los mejores alicientes de los primeros días del otoño es encontrarte en la calle con gente que te cuenta sus viajes de verano. Lo mejor es dar con los viajeros según llegan pues te sueltan sus impresiones tal cual las sienten, sin mayor elaboración. Normalmente se nota si ya llevan varios días en casa después del viaje, pues a fuerza de contárselo a unos y a otros, las impresiones empiezan a cobrar consistencia por sí mismas: se hacen más literarias y tópicas y van perdiendo su frescura inicial. Cuando eso pasa lo mejor es no dejar que te cuenten el viaje, sino hacer preguntas. A poco que camines por esta ciudad, y con las buenas tardes que está haciendo en estos primeros días de octubre, te puedes pasar horas escuchando las más variadas noticias de todos los rincones del mundo y sacar un buen partido de ello.

Carlos Muntión me ha contado que ha estado en La Alhambra y que a pesar de las miles de personas que había dentro, le gustó. Se enteró de que dentro de poco la van a cerrar por obras durante varios años y quiso anticiparse al lifting. Tan contento estaba de su viaje que no le importó mucho que le dijera que la Alhambra que hemos llegado a ver no era ni la nazarí, ni la de Washington Irving, sino la que interpretó el arquitecto Leopoldo Torres Balbás (de quien, por cierto, se ha editado recientemente una monografía laudatoria y acrítica, es decir, de mero interés documental: Alfonso Muñoz Cosme, ed Junta de Andalucía). Los edificios museificados son como viejas partituras que varían según quien las interprete y según como se organice el concierto. Las próximas obras nos depararán una nueva Alhambra. No es mala técnica comercial: habrá que volver a oírla. De todos modos, lo que más le gustó a Muntión de su viaje fueron las casas-cuevas de Guadix. Las encontró muy arregladitas y acogedoras.

Mónica Yoldi, que ha estado en Japón, me ha contado que allí odian las cosas de segunda mano; así que cuando un edificio histórico envejece, lo derriban completamente y lo reconstruyen con la máxima fidelidad. Más que una interpretación, lo que hacen los japoneses con la arquitectura es como una remasterización. También me ha dicho que los equipos que trabajan en limpieza se emplean tan a fondo que parece que les vaya en ello la vida. Y además van perfectamente protegidos (guantes, botas, mascarillas, etc) para no contagiarse de lo que limpian ni para contaminar nada con su limpieza.

El que más tiempo me ha tenido en la calle contándome su viaje ha sido Javier Solozábal y es que venía nada menos que de recorrer toda la China por la ruta de la seda. Me ha contado que es cierto que los chinos son muy hacendosos y que sus ciudades crecen a un ritmo incluso superior a Logroño, pero que la gente no se desplaza masivamente en bici como yo me imaginaba. Ni tampoco en coche: cuando los chinos tengan coches -me ha asegurado-, sus ciudades se colapsarán. La solución momentánea a la movilidad es el telefonino. Todo chino, desde el pastor de ovejas hasta el vendedor ambulante, tiene un móvil para -eso es lo curioso- que no se mueva mucho. Se ve que el Estado, medio se los regala y que debe ser tirado llamar. Le pregunté por los restos urbanos del pasado, pero me dijo que excepto la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla, allí no hay pasado (lo arrasó la revolución cultural), sólo hay futuro. Así que no hay problemas de interpretación ni de remasterización. Es por ello que Foster y Koolhaas están encantados construyendo en Pekín (esto no me lo contó Javier, sino que es de mi reciente cosecha de titulares y entrevistas en periódicos; la foto que ameniza hoy el blog es del aeropuerto que Foster construye para los Juegos del 2008).

Creo que este otoño no tocan las Jornadas de Intervención en el Patrimonio bianuales organizadas por el COAR (tampoco iba a ir), pero yo ya me he hecho unas jornadas particulares con tres o cuatro encuentros en la calle. Y más baratas, más amenas, y tanto o más interesantes.