CUANDO EL CONFERENCIANTE SOBRA (a modo de prólogo)
El 31 de octubre del año pasado (2025) recibí un correo electrónico de Pablo Pérez d'Ors, director de la Fundación March de Palma de Mallorca proponiéndome dar una conferencia dentro de un ciclo de charlas sobre "Arquitectura sin arquitectos: miradas sobre lo vernáculo en el Mediterráneo".
Estaba yo por entonces acabando un largo y extravagante viaje por el mundo que había iniciado a comienzos del 2022 que me tenía bastante apartado de mis preocupaciones y escritos arquitectónicos. Un viaje bastante absorbente porque aunque no me movía de casa ni tenía que preocuparme de viajes ni gastos, me pasaba las horas pegado a google earth tomando fotos, capturando pantallas, y anotando nombres y datos de ríos, montañas, desiertos y ciudades como un turista enfebrecido.
Cierto es que en ese largo viaje pretendidamente geográfico, solía desviar mi mirada a las ruinas, chozas, templos, rascacielos o barrios que iba descubriendo por el camino, porque tantos años de "contrarquitectura" no se olvidan así como así, pero la oferta de la Fundación March era tan sorprendente para mí que no me importó hacer un pequeño paréntesis en mi viaje para recordar o dar un nuevo repaso a ese gran tema que tanto me había ocupado en mi devenir profesional y fijar así los conceptos o puntos claves o las referencias históricas entre una arquitectura con o sin arquitectos.
Para avanzar en el contacto, el martes 4 de noviembre realizamos una vídeo conferencia de la que surgió la idea de que a diferencia de las otras cuatro charlas que tenía pensadas el director de la Fundación, la mía, de contenido más teórico o conceptual, sería la que abriría el ciclo. Días después fijamos la fecha de la conferencia para el 25 de febrero del 2026.
Como es natural, en las primeras semanas posteriores al encargo, se me fueron agolpando en la cabeza montañas de temas y recuerdos relacionados con los asuntos de la "arquitectura sin arquitectos" que pugnaban por encontrar algún hueco en la conferencia. El primero de ellos, sin duda, era la referencia a la famosa exposición del MOMA de 1964 comisariada por Bernard Rudofsky por tener ese mismo título de ARQUITECTURA SIN ARQUITECTOS; la segunda motivación, y más importante, era la oportunidad de señalar que quince años después de esa exposición, en el otro lado de Norteamérica se había publicado toda una teoría con la que hacer una arquitectura sin arquitectos: la del MODO INTEMPORAL DE CONSTRUIR de Christopher Alexander sobre la que tanto había hecho yo hincapié en mi actividad crítica y docente.
Así las cosas escribí una especie de boceto de la conferencia, organizada en tres partes (como los actos de una obra de teatro), y se lo conté a mi hija Teresa, también arquitecta y auténtica experta en la Inteligencia Artificial y demás avances informáticos. Como la solidez de los contenidos de ese primer boceto le entusiasmaron pero mis debilidades oratorias y teatrales le preocuparon, mandó el boceto a una herramienta de google que se llama PRESENTACIONES, y en menos que canta un gallo me preparó dos vídeos, uno más comprimido y otro algo más extenso, pero muy por debajo de los 45 minutos que más o menos tendría que durar mi conferencia, que me dejaron totalmente impresionado por la claridad visual y expositiva de las dos presentaciones (si logro encontrarlas pondré un enlace al final de este texto).
Para entonces, Pablo Pérez d'Ors había ido avanzando en la confección del ciclo y los títulos de las otras conferencias, dándole a la mía el provocador titular de CUANDO EL ARQUITECTO SOBRA (!). Le dije entonces que acababa yo de descubrir que quien verdaderamente sobraba ya en estos tiempos era el conferenciante, sobre todo yo, que me veía incapaz de meter ordenadamente en 45 minutos todo lo que se me había ido ocurriendo desde que me hizo el encargo, e igualar o ni siquiera acercarme a la calidad de los vídeos que había realizado mi hija con la ayuda de "google presentaciones". De todos modos, como el director de la Fundación se tomó a broma mi respuesta, traté de meter todos los contenidos que tenía ya recopilados en una estructura de 10 capítulos que fuera fácil de recordar, y por analogía con el título de la famosa novela de Julián Barnes, le añadí medio capítulo más a modo de epílogo para que quedara como una historia con final abierto.
Como he sentido siempre un rechazo visceral hacia las conferencias leídas o aquellas que empiezan con resúmenes y fotos en pantalla, y como las ilustraciones son parte consustancial en la exposición de arquitecturas, aún rizé más el rizo y para que dar más importancia a la estructura de la conferencia que a sus propios contenidos me planteé dar en esos 45 minutos dos vueltas a los diez capítulos: la primera como una simple exposición de los temas y la segunda con ilustraciones. Y aún sabiendo de antemano que no lo iba a hacer bien (o que lo iba a hacer mucho peor que las presentaciones que me había hecho google) me aventuré a dar la conferencia porque como ya era norma para mí, la conferencia no iba a ser más que un pretexto para escribir luego un texto que dejar en este blog.
CAPÍTULO 1: A comienzos del siglo XV
Tan acostumbrados estamos a pensar que los edificios son creaciones de los arquitectos que a cualquier persona contemporánea que se haya parado a admirar estas prodigiosas construcciones que son las catedrales góticas le parece inaudito que los guías o los historiadores desconozcan el nombre de sus arquitectos. O que esos nombres no aparezcan en los folletos o incluso en los libros más sesudos. Para sacarles del desconcierto a esas personas podemos acudir a dos explicaciones:
La primera es que esos magníficos edificios eran tan "obra colectiva" como la construcción de este pajar que veíamos en la película UNICO TESTIGO, en la que el edificio surgía de un esquema o modelo que todo el mundo llevaba en mente y en el que cada cual tenía su papel predeterminado a la hora de erigirlo.
La segunda respuesta a esa pregunta de la ausencia de autoría es recordar el lema que Bernardo de Claraval diera a la Orden de Caballería que quería recuperar para la cristiandad el templo de Jerusalem, un lema que valía igual para un caballero que para un cantero de catedral: "no a nosotros señor, no a nosotros, sea a tu nombre dada la gloria".
Hubo un momento, sin embargo, en la Historia de la Arquitectura, o en concreto en la Historia de la Construcción de las Catedrales, un momento, digo, en que se planteó un reto constructivo tan complicado que solo un hombre supo resolver y en el que seguramente, llevado de esa genialidad, no escondió su nombre.
Siendo yo estudiante de arquitectura en Barcelona durante los últimos años del franquismo en que solíamos tener la Escuela cerrada por huelgas y protestas, tuve la suerte de leer en la HISTORIA DE LA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO los entresijos del problema de la construcción de la cúpula de la catedral de Florencia y el nacimiento de la figura del ARQUITECTO en Filipo Brunelleschi, una historia que me dejó profundamente impactado porque con ella entendí que los arquitectos tal como los conocemos ahora están ligados en su origen a una fecha más o menos concreta: el comienzo del siglo XV.
Cierto que en la historias de la arquitectura se mencionan los nombres de los artífices de unos pocos edificios singulares (Imhotep en la mastaba de Zóser, Ictino y Calícrates en la Acrópolis de Atenas o
Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto en Santa Sofía de Constantinopla) o incluso la redacción de una teoría de la arquitectura por Vitrubio que fijó los principios por los que se debería regir esta disciplina, pero esas referencias excepcionales poco o nada nos dicen del carácter creador de tales personajes. En otro edificio insigne de la antigüedad como es el Panteón de Roma se rotula en el frontispicio que quien lo hizo no fue su arquitecto (si es que lo hubiera) sino el emperador.

Para que vean la importancia y coincidencia de fechas, la construcción de la cúpula de Florencia se produce justo el mismo momento en que el último gran cantero de la catedral de Palma,
Guillem de Sagrera, que había labrado la puerta del lado de la epístola o fachada sur que hemos visto anteriormente, levanta nada menos que la Lonja de esta ciudad, ganándose ya para la historia el nombre de
arquitecto (...como dijo aquí Carlos García Delgado cuanto contó hace un par de años
la historia de la ciudad de Palma).
Ese punto de inflexión que eleva al hombre a la categoría divina de "creador" tendría mucha miga en un debate teológico sobre la evolución de la humanidad: ¿cómo es que la Santa Madre Iglesia permitió esa osadía, esa elevación sacrílega de un hombre por encima de los demás por mucho que fuera al servicio del Dios de la propia Iglesia? ¿No se abría así una nueva época en la que la construcción del mundo no fuera ya cosa divina sino fundamentalmente humana? Sea como fuere no es esta la ocasión de hacer el debate sino simplemente de señalarlo.
CAPÍTULO 2. La creación de un lenguaje

El excelente arquitecto y mejor publicista vienés de finales del siglo XIX Adol Loos dejó escrito una sentencia que expresó como ninguna otra la coincidencia entre la aparición de la figura del arquitecto y la creación del "lenguaje de la arquitectura" (de la "gran arquitectura" digo yo). "Un arquitecto, dijo Loos, no es más que un albañil que sabe latín". Dicho de otro modo, no es suficiente que el arquitecto sea el "primer albañil" de una obra, como podría desprenderse de la propia etimología de la palabra, sino que aquello que haga se exprese de una manera reglada. La gran revolución que se produce en la Florencia de Brunelleschi de comienzos del siglo XV fue doble: por un lado aparece el arquitecto creando y dirigiendo la obra; pero por otra parte, no menos importante, se establece en unos pocos edificios un lenguaje decorativo salido del estudio de las ruinas de la civilización griega y romana que articula los espacios y les da proporción y sentido. Si importante fue la cúpula de la catedral de Florencia para asistir al nacimiento del arquitecto, no menos importantes fueron las dos iglesias construídas en Florencia por Brunelleschi, la de San Lorenzo y la del Espíritu Santo, para crear la gramática de la nueva arquitectura, la de su latín.

El latín de la arquitectura (de la gran arquitectura) va a durar cuatro espléndidos siglos en los que de un modo esquemático podríamos decir que en el primero se fija, en el segundo se amanera, en el tercero se abarroca y en el cuarto (neoclasicismo) se intenta limpiar sus excesos volviendo a sus esencias iniciales.
Elijo un par de iglesias del siglo XVI y siglo XVII para ilustrar brevemente esta evolución (Il Gesu de Vignola y San Carlo a le Quatro Fontane de Borromini) y el Museo del Prado de Juan de Villanueva en Madrid:
Y concluyo el segundo capítulo de esta historia con una observación que le gustará a mi cliente: ¿no me pedían una mirada sobre la arquitectura más genuina del Mediterráneo? Pues esta es, aquí la tienen: la que siempre se ha llamado arquitectura clásica o siguiendo la frase de Loos, la arquitectura del latín.
CAPITULO 3: La metáfora evolutiva
¿Qué vino después? Sí, ya sabemos que a finales del siglo XVIII se produjo una revolución en Francia que puso en cuestión muchas cosas, pero antes de contar lo que pasó entonces con la arquitectura clásica conviene hacer un paréntesis conceptual para darnos cuenta de que con la aparición de la figura del arquitecto que contábamos en el capítulo 1 vino también una evolución en la producción de la arquitectura que podría explicarse desde una metáfora biológica o sexual. Mientras que antes del siglo XV la construcción de edificios y ciudades surge de un consenso social lentamente evolutivo, a partir de la aparición de la figura del arquitecto la arquitectura va a pasar a un estado más evolucionado para engendrarse por la relación entre el que hace el encargo (promotor) y el que lo gesta (arquitecto). Las metáforas son peligrosas y hay que tener precaución con ellas y no llevarlas más allá de su utilidad didáctica, pero la Historia de la Arquitectura ha endiosado tanto el papel creador (maternal) del arquitecto e ignorado tanto el papel (paternal) del promotor, que aunque fuera con la brevedad de un párrafo lo tenía que decir aquí. Sobre todo porque cuando queramos hablar de una arquitectura sin arquitectos hemos de pensar si estamos retrocediendo a un estado evolutivo anterior (reproducción asexuada) o a la proyección de un futuro ("¿gestación in vitro?") que supere ese diálogo sexual o esa dialéctica hegeliana entre padre y madre, promotor y arquitecto, con que se ha producido la arquitectura desde que hay arquitectos.
CAPITULO 4. Del fin del latín a los primeros regionalismos
El "romanticismo" en arquitectura puso fin a su latín es decir, a esa extraordinaria interrelación entre el lenguaje decorativo clásico y la organizacion de espacios y composición de paramentos que duró cuatro siglos. De repente los edificios, fuera por capricho de sus arquitectos o de sus promotores, aparecieron vestidos de ropajes anteriores al siglo XV, especialmente góticos. No es casualidad que dicha transformación naciera en el país hegemónico del siglo XIX. La moda se extendió rápidamente por todo el mundo y tras el gótico se pensó en usar el románico, o el mudéjar, o el bizantino o incluso el mismo repertorio clásico, pero ya no imbricado con la composición, la proporción o la organización espacial, sino tan solo como un ropaje.

Agotados de rebuscar formas o vestimentas en las arquitecturas anteriores al siglo XV, los arquitectos pusieron entonces su mirada en las arquitecturas populares que aún se levantaban en cada región del mundo y que debido a su especial adaptación al lugar tenían elementos tradicionales o soluciones constructivas ligeramente distintas entre unas y otras regiones, por lo que dieron en bautizar como "regionalistas" a estas nuevas arquitecturas de arquitectos. En la imagen, por ejemplo, una casa de Leonardo Rucabado con elementos de las casas de hidalgos de la arquitectura montañesa o santanderina.

O esta estación de ferrocarril (Areta) de la línea Bilbao - Tudela del arquitecto José Enrique Marrero Regalado, con elementos traídos de los caseríos que los historiadores llamaron de estilo neovasco.
Para documentar las fuentes de inspiración, el regionalismo dio lugar a un creciente interés por las publicaciones de arquitecturas populares, como este tratado de Alfredo Baeschlín en la tardía fecha de 1930.
Este otro sobre la casa navarra de Leoncio Labayen de un año antes, 1929
O este de Josep Danés sobre la arquitectura de las masías del 2010 que como veremos más adelante cimentó los estudios tipológicos de dichas construcciones catalanas en la decada de los setenta.
CAPITULO 5: La invención del estilo internacional
Cansados de buscar ropajes exóticos para vestir los edificios, unos cuantos arquitectos "vanguardistas" decidieron dejarlos blancos y desnudos. Así el vienés Adolf Loos con la casa de la Michael Platz de Viena, que justificó con un panfleto titulado "Ornamento y Delito".
Salidos en derrota de la Primera Guerra Mundial y dispuestos a comerse el mundo, los alemanes construyeron la famosa escuela de la Bauhaus (1925) como si se tratara de una factoría de alumnos, por lo que al estilo moderno o internacional lo llamaron también "funcional".
El director, Walter Gropius se diseño su casa como si hubiera vuelto de vacaciones en Ibiza
Los últimos estudios de la arquitectura popular en España coincidieron en fechas con la publicación en las revistas del ramo de estas arquitecturas desnudas de los vanguardistas europeos, lo que fue motivo de euforia para algunos arquitectos españoles como Fernando García Mercadal que creyeron ver que la arquitectura popular mediterránea era el estilo regionalista que triunfaba en el mundo.
Así que en las siguientes décadas la "modernidad" fue el equivalente del "internacionalismo" o, como se dice ahora parodiando a los políticos moralistas, la arquitectura del "lado correcto de la historia". Item más sabiendo que coincidía con las raíces de la arquitectura popular mediterránea. Casa Rovira de Jose Antonio Coderch (1967).
CAPITULO 6. La crisis de estilo internacional
Pero no toda la arquitectura blanca relucía como el sol y en los años sesenta se vio que la sencillez de la arquitectura popular tenía efectos devastadores cuando se aplicaba a la edificación masiva de las ciudades.
El gran gurú de la arquitectura moderna en Francia fue puesto en cuestión
Y el propio Hilberseimer se arrepintió de las ciudades futuristas que había llegado a dibujar
Para rescatar a la arquitectura de la crisis en que le había sumido la modernidad, en 1964, el Museo de Arte Moderno de Nueva York puso otra vez la mirada en las arquitecturas populares o sin arquitectos. Fue una exposición mayormente fotográfica con textos más o menos nostálgicos y superficiales. La editoral Pepitas de Calabaza de mi ciudad (Logroño) ha reeditado recientemente el libro de Bernard Rudofsky, comisario de la exposición, lo que da indicios de que la crisis sigue abierta, como el ciclo de estas conferencias quiere sugerir.
En 1966 se publican dos libros sobre la situación teórica de la arquitectura verdaderamente demoledores: Complejidad y Contradicción de la Arquitectura, de Robert Venturi y...
...La Arquitectura de la Ciudad de Aldo Rossi. No es esta la ocasión de explicar aquí el calado de estos dos libros pero si dejar constancia de que como yo empecé mis estudios de arquitectura en 1970, sus contenidos están en los cimientos de mi visión de la arquitectura.
En España, la crisis de la modernidad (que no es otra cosa que la crisis de la arquitectura de los arquitectos) dio lugar a otra oleada de miradas sobre la arquitectura popular, bien mediante el ejercicio virtuoso del dibujo, como en estos libros de los asturianos García Fernández (1972), que además fueron acompañados de textos bastante críticos, o bien con carácter más fotográfico y documentalista como en las monumentales recopilaciones de Carlos Flores (1973 y ss) o Luis Feduchi (1974 y ss) de textos más bien flojos.
El volumen de Jose María Claret Rubira (1976) vuelve al dibujo para poner su mirada en los detalles
Y más tardío (1997) y más próximo a ustedes es este otro libro colectivo volcado una vez más en mirar a la arquitectura popular.
Dentro de este paquete de miradas a la arquitectura popular, es preciso señalar el paso adelante que supuso el libro de Aldo Rossi en la búsqueda de "tipologías" arquitectónicas reconocibles más allá de sus detalles constructivos y decorativos.
En el magnífico artículo de estos tres arquitectos catalanes aparecido en el revista Construcción 2C de la Ciudad dirigida por Salvador Tarragó y profundamente influenciada por el pensamiento de Rossi, se proponía hacer una clara distinción entre las arquitecturas "primitivas" propias de un estado básico o incipiente de construcción, las arquitecturas "populares" de un estadio más evolucionado y reconocible y las arquitectura propiamente "vernáculas" en las que se hace ya reconocible una tipología arquitectónica (masía, caserío, cortijo, corrala, parcelario gótico, etc) que sirve de soporte creativo en el último estadio de una arquitectura sin arquitectos.

Como la palabra contracultura sobrevoló el ambiente de aquellos años sesenta y setenta del siglo pasado, traigo también a colación este entrañable libro de la editorial Blume sobre modelos de autoconstrucción por todo el mundo, que evocan un estadio no solo de arquitectura sin arquitectos, sino también de aquella libertad de construcción que no tenía otros límites que los de la economía de medios.
CAPITULO 7. Toda una teoría para una arquitectura sin arquitectos
En el año 1979, mientras la arquitectura de los arquitectos empezaba ya a llamarse a sí misma "postmoderna", apareció un libro absolutamente necesario que no solo hablaba de las excelencias de las arquitecturas primitivas, populares o vernáculas, sino que proponía toda una teoría o un modo de hacerlas posible mediante la recuperación de un lenguaje de patrones:
Como cuento en el prólogo de la edición que Pepitas de Calabaza ha hecho cuarenta años después (cambiando solamente en el título la palabra Intemporal por Atemporal) este par de libros casi ignorados por el resto de la profesión y los estamentos académicos (de hecho la editorial Gutavo Gili solo hizo una edición de ellos) echaron por tierra mi incipiente carrera de arquitecto hasta el punto de que preferí dedicarme a la enseñanza y la crítica que al ejercicio habitual de la profesión.
A su autor, Christoper Alexander ya le conocíamos de las lecturas de nuestros años de escuela por la publicación de otros dos libros de temática más específica. "La estructura del Medio Ambiente" contenía una demostración de las simplezas y carencias de las ciudades funcionales o modernas (la ciudad no es un árbol) mientras que en el "Ensayo sobre la síntesis de la forma" se planteaba ¡a mediados de los sesenta! que el diseño podría resolverse desde los computadores.

Unos años después, en un trabajo solicitado por la UNESCO para poner orden en los procesos de invasión de los suburbios de las ciudades latinoamericanas Alexander observó que a pesar de la pobreza de medios con que los indígenas construían por la noche los poblados de invasión y a pesar de los resultados aparentemente lamentables, en esos procesos de autoconstrucción se ponían de manifiesto algo así como una serie de pautas o "patrones" que los propios indígenas traían consigo, pautas o patrones aprendidos desde tiempos inmemoriales de una forma espontánea y natural... como quien aprende el lenguaje con el que habla. Y que esas construcciones de los pobladores que emigraban de sus aldeas a la ciudad eran seguramente mucho más próximas al modo de vida de las gentes que las hacían que no las que les pudieran ofrecer los arquitectos desde vaya uno a saber qué presupuestos formales o estilísticos establecidos por la profesión, por las modas o las universidades. Esas pautas o patrones que vio allí serían objeto después de debate en los equipos universitarios que le rodeaban en Berkeley.
EL MODO INTEMPORAL DE CONSTRUIR nace de la idea de que dejar la construcción de tu casa o de tu barrio en manos de un personaje con otros pájaros en la cabeza va a dar resultados mucho más fríos y alejados de los propios acontecimientos de la vida de los pobladores que los que puedan construir sus mismos destinatarios. Es un libro hermoso y hasta poético, diría yo, fácil de leer para los no profesionales, un libro que asocia la buena arquitectura no tanto con valores formales o estilísticos sino con la propia salud y los momentos más auténticos de los usuarios que la habitan.
UN LENGUAJE DE PATRONES contiene el exhaustivo empeño en enunciar o recuperar aquellas relaciones formales o espaciales que constituían el saber colectivo de construir y que por haber dejado la arquitectura en manos de los arquitectos, la gente ha olvidado. No es fácil entender lo que es un "patrón" pero por asimilarlo al lenguaje hablado sería como una "frase hecha" que funciona desde siempre. UN LENGUAJE DE PATRONES es una colección de 248 "frases" divididas en tres apartados: 1) las referidas a la ciudad, sus calles y sus barrios, 2) las que tratan de los edificios y todas sus partes, y 3) las que versan sobre los aspectos constructivos de los mismos

El método no quedó muy claro y los pocos que curiosearon en los libros de Alexander lo ignoraron, pero la belleza del modo y las sólidas argumentaciones de los patrones quedaron ahí esperando su oportunidad. Para la realización de mi tesis doctoral elegí precisamente indagar en estos dos libros y hablé con Josep Muntañola, el arquitecto español que más cerca había estado de Alexander en aquellos años de la contracultura, pero le vi poco convencido de ese rechazo de Alexander hacia el tradicional dibujo previo de los proyectos y en vez de hacer la tesis escribí un libro del que luego les hablaré. (En la foto el patrón LUGAR VENTANA).
Buena parte de la dificultad que plantean los patrones es que muchos de ellos están inspirados en "acontecimientos" de la vida que podríamos catalogar como auténticos o felices y que dichas cualidades provienen o impregnan un lugar. COMER JUNTO AL RÍO.
Patrones como BAILE EN LA CALLE parecen decir poca cosa pero ante la degradación y fragmentación a que el urbanismo de las peatonalizaciones está condenando a las calles, puede convertirse en todo un argumento crítico: una calle ha de ser un lugar abierto a múltiples usos, como el baile, los desfiles, las pruebas deportivas, la circulación de coches, etc.
ABRIRSE A LA CALLE es el patrón que relaciona las actividades de las plantas bajas con los transeuntes, y así sucesivamente. La exposición de la teoría de Alexander daría para toda una conferencia o incluso para todo un curso de arquitectura
CAPÍTULO 8: Ingenieros del almacenamiento humano o arquitectos estrella
En los años ochenta del siglo pasado y tras la crisis del lenguaje moderno vimos a los arquitectos llevando el sambenito de POST-modernos y dividiéndose en dos categorías muy alejadas una de otra: por un lado los "ingenieros del almacenamiento humano" (ingeniosa expresión que debo a Félix de Azúa) tratando de resolver de la manera más eficiente el grave problema del aumento exponencial de la población y su concentración en las ciudades, y por otro la de los "arquitectos estrella" haciendo cualquier tipo de extravagancia para significarse, destacar y llamar la atención en la sociedad del espectáculo y la competición mediática.

La evolución demográfica es tan arrolladora que en en los últimos cincuenta años hemos tenido que hacer tantas casas como las que había cuando Alexander publicaba su teoría, y esta masificación, anunciada ya en las propuestas de los arquitectos modernos, viene asociada al hecho de que la vivienda ha dejado de ser un bien raíz o un lugar familiar, para ser o bien un problema de Estado o bien un valor de mercado, un fondo de ahorro, vendible e intercambiable con su precio como máximo referente.

Si la arquitectura ha de resolver dignamente la morada del hombre y crear lugares donde nos podamos sentir auténticos, felices o llenos de sentido, el primer dato al que tenemos que mirar es la magnitud del problema que se nos viene encima. Entre la crisis de la modernidad y el momento actual, la población se ha doblado por dos, es decir, que en cincuenta años se ha tenido que construir otro tanto de lo que ya había, o incluso más para reponer el normal deterioro del patrimonio existente. Las ciudades y las infraestructuras que las conectan o les dan energía para subsistir se están comiendo el mundo. Y mientras tanto el panorama cultural de la arquitectura parece estar totalmente colapsado. Se oyen voces de lo feo que se está volviendo todo (en esta misma sala por ejemplo peroró
el 21oct22 el periodista Andrés Rubio, autor del libro LA ESPAÑA FEA) pero todo lo que se suele proponer para resolver el problema es más intervención administrativa, más normas y más prohibiciones. A excepción de los chirlos que producen los arquitectos estrella a mayor gloria de sí mismos en connivencia con los prebostes que les hacen sus encargos para "poner a sus ciudades en el mapa", la arquitectura ha dejado de ser la expresión de la sociedad para convertirse en reflejo de las burocracias, o escaparate de los media y el mundo de la cultura o del pensamiento le está dando la espalda descaradamente. Como si no fuera la primera y gran ocupación del hombre: hacer habitable el mundo.
CAPÍTULO 9. La crítica
Que el mundo se está volviendo feo parece ser algo en lo que todos estamos de acuerdo, y de ahí que aún sigamos preguntándonos si prescindiendo de los arquitectos la cosa podría mejorar, Pero que la primera solución sea recortar las libertades, con más normas y prohibiciones, eso sí que no. Como tampoco la solución al problema demográfico sería castrar a la mitad de la población. De ahí que piense yo que si algo podrían aportar los arquitectos a la crisis general de la arquitectura es su gran sentido crítico. Los arquitectos salen de fábrica con el sentido crítico en su ADN. Es lógico, porque en su etapa de formación, cuando se les ocurren todo tipo de locuras para resolver los proyectos que les proponen sus profesores, estos les tienen que cortar las ramas como un labrador a una planta. De mi formación como arquitecto en la Escuela de Barcelona entre 1970 y 1975 lo que más recuerdo es haber aprendido a ser crítico con lo que yo mismo hacía o con lo que hacían mis compañeros. De hecho tuvimos la suerte entonces de tener a uno de los mejores profesores jamás conocidos, es decir, a uno de los profesores con mayor capacidad crítica (lástima que luego dejara la carrera docente para querer ser arquitecto estrella...). Pero la mayor decepción que me pudo causar el mundo de los arquitectos fue que una vez fuera de la Escuela, la crítica se hiciera en voz baja o incluso no se hiciera en absoluto y que a nuestro alredor creciera la fealdad como la maleza en un jardín sin podadores.

De ahí que mi más importante aportación como arquitecto al mundo de la arquitectura haya sido la edición de un pequeño ensayo titulado Manual de Crítica que vio la luz en el año 2005, sin recibir... ni una crítica (!). Es un libro que escribí porque todas las editoriales rechazaban publicar mis artículos "presuntamente críticos de arquitectura". Uno de los editores a los que pedí razón me dijo que rara vez las editoriales publicaban libros de artículos de autores que no hubieran publicado antes algún libro. Así que ni corto ni perezoso escribí este. Un libro demasiado breve para tantos contenidos sobre el que alguno de los amigos que lo han leído me dijo que debería de desarrollarlo.
Pero como editarlo también me costó mi trabajo y para la fecha en que se editó ya se habían inventado los blogs, me olvidé de más intermediarios y me puse a escribir uno. Y luego, otro, y otro, cada uno con diferente temática o distinto tono. Crítica no hice porque como decía en el Manual la crítica es cosa seria y hay que pagar por ella, y como nadie la pide ni la paga, pues ahí se quedó como propuesta utópica o, como decía en el propio Manual, como aspiración poética. Pues siempre he tenido a mano esos versos de Hölderlin de que no es por las cosas buenas que hagamos los hombrres por lo que hacemos habitable el mundo, sino por las palabras con que las nombremos.
CAPÍTULO 10. El sarcasmo
Uno de esos blogs en donde fui ejerciendo ese sucedáneo de la crítica que podemos llamar sarcasmo, es Cascotes. Sin duda mi blog más exitoso, con casi un millón de visitas hasta la fecha, cifras impensables con un libro de arquitectura. Lo empecé en octubre del 2007 y aunque desde que llegué a 500 entradas he ralentizado mucho sus aportaciones, aún sigue creciendo. Leer un blog es una tarea más complicada que leer un libro, así que como consejo de autor yo diría a quien quisiera atreverse a verlo que empezara por ejemplo con una de mis entradas favoritas, la
365: MUÉRETE Y VERÁS. También se puede entrar desde las etiquetas, donde lo normal es abrirlo por la ciudad de uno, el santo de cabecera o el tema que más le pueda interesar, aunque luego no es fácil seguir leyendo. El orden cronológico no tiene más sentido que para ver la evolución sarcástica del autor.

Como no podía ser de otro modo, CASCOTES es caótico. Como bien nos enseñó aquel gran profesor que tuvimos en la Escuela de Barcelona en los años setenta (¿les he dicho ya que fue Rafael Moneo...?) la forma siempre tiene que ir ligada al contenido. A veces hasta he escrito con lenguaje gangoso, como cuando entré en contacto con otros grupos de facebook como Satán es mi Señor que maldecían de las arquitecturas de hormigón y de su gran propangandista Le Corbusier.
He puesto en Cascotes arquitecturas de todo el mundo. Irán
Hong Kong
China (Fuzhou)
Mezclando el horror con la hilaridad (Georgia, antigua URSS)
Pero las risas son más un alivio momentaneo que un consuelo definitivo. Porque las arquitecturas están hechas para durar, para permanecer y según se va llenando de cascotes el mundo, menos esperanza nos da.
De ahí que insista en que mientras el mundo siga avanzando en fealdad, mientras lo arquitectos sigan haciendo ingeniería burocrática o alimentando su propio ego de artistas, la tarea pendiente de la arquitectura es la crítica, entendida ésta como poética, como búsqueda de las palabras presisas, como encuentro, cuando haya suerte, con la verdad.
MEDIO CAPÍTULO FINAL: el final de la arquitectura de los arquitectos
El viejo sueño que Alexander anunciaba en su precoz Ensayo sobre la Síntesis de la Forma (1966) de que las operaciones mentales del diseño del medio ambiente (edificios, ciudades, territorios) algún día las podría realizar un ordenador parece estar a punto de hacerse realidad con eso que los medios informáticos han llamado la INTELIGENCIA ARTIFICIAL. No es nada aventurado pensar que si dándole a un ordenador por un lado los deseos o necesidades que en la jerga profesional veníamos llamando "programa del cliente", y por otro los consensos racionales y socioculturales establecidos por un común "lenguaje de patrones" que conectasen con la tradición intemporal de la forma de construir anterior a los arquitectos, la arquitectura tal y como ahora se entiende (esa de los ingenieros del almacenamiento humano y los arquitectos estrella) tiene los días contados.
Estoy seguro de que tiene que haber ya gente trabajando en ello, pero hasta ahora, desde mi aislamiento provinciano y mi alejamiento de la arquitecura, no he tenido noticia más que de operaciones sencillas como esta que
les enlazo aquí (que obviamente tambien debo a mi hija arquitecta) que nos muestra como resolver un aparcamiento en unos pocos segundos y sin romperse la cabeza.
Por eso este no es un capítulo de la historia sino tan solo medio o ni siquiera eso. Es solo el aviso o el anuncio de que si hay un campo de la evolución del conocimiento humano en el que no hay que tener ningún miedo a la inteligencia artificial y merece la pena trabajar (diga el Papa lo que quiera), ese es la arquitectura.