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martes, marzo 04, 2008

NATURALIDAD EN LA MODERNIDAD


Mi conocida aversión a la arquitectura moderna tiene que ver con su rápida elevación a los altares de la Historia es decir, con su impostura o su imposición cultural vía progre o por la izquierda. Y es que no tiene uno más que ir a la exposición de Arquitecturas 2005 – 2006 del Colegio de La Rioja (o a la semejante que hagan en cualquier otra provincia desde donde me lean) para comprobar los resultados de ese pensamiento único, tan generalizado como aburrido.

Pero no toda la modernidad es así. Sería muy tonto por mi parte no reconocer que se puede ser natural, espontáneo y sencillo siendo moderno. Y en ese sentido, seguramente el mejor arquitecto de esa modernidad tranquila y amable, el descubrimiento más emotivo que me ha ocurrido en mi observación de la arquitectura moderna, haya sido el de la figura y la obra de Arne Jacobsen.

A Jacobsen se le conoce en el mundo por las formas femeninas de la silla hormiga, es decir por su producto más erótico y expresivo (Mariscal dixit), pero a mí el Jacobsen que más me interesa es justo el más tranquilo, el menos aparatero y exitoso.

No soy ni mucho menos un experto en la obra y vida de Jacobsen y la verdad es que me gustaría tener más datos sobre su personalidad para saber si encaja o no con mis intuiciones. Pero esa imagen suya tan amable, fumando en su pipa y dibujando, siempre me ha cautivado.

En el hall88, Javier Dulín relató con entusiasmo nuestra visita al Santa Catherine College de Oxford de 1964. Como todavía no lo han quitado de internet los jerifaltes del COAR os doy el link para que le podáis echar un vistazo: Colegios de Oxford. Maqueté entonces su texto con algunas de las fotos que ambos habíamos hecho conjuntamente, pero como en aquel formato tan reducido y en blanco y negro no decían gran cosa, voy a poner aquí cuatro fotos más en color para que se entienda mejor el estupendo rato que pasamos aquella tarde de un viaje de estudios con la Escuela de Artes y Oficios.






Sin embargo, el gran viaje a la obra de Jacobsen fue el que hicimos con el COAR a Copenhague Aarhus y Hamburgo, donde visitamos muchas de sus obras más significativas. No es mi intención ni mucho menos hacer aquí un reseña sobre toda la obra de Jacobsen, sino colgar tan solo unas pocas fotos que hablen de esa “naturalidad” que veo en su modernidad. Una naturalidad tan auténtica que hasta puede que algunos de sus edificios nos parezcan vulgares, como el Ayuntamiento de Rodrove de 1954,

o sencillamente feos, como el National Bank de Copenhague, de 1966,



o algo caóticos, como esas casas de Bellevue (1930-35) cuya espontánea composición deviene tan desordenada como la de cualquier arquitecto de apartamentos de nuestra costa.


Pero bueno, hay que fijarse bien en las fechas y en el contexto mundial y no dar tanta importancia a los resultados. Y es por eso me apetecería saber más de Jacobsen hombre, y por lo que, si alguien me cuenta algo de su biografía personal, le quedaría muy agradecido.

Con todo, os dejo con una foto de la Hew Haus en Hamburgo (1962-69) que da buena cuenta de la “finura” que tanto gusta a la progresía moderno-académica,

y con otra imagen urbana del magnífico Ayuntamiento de Aarhus (1937) que nos devolverá siempre a ese momento mágico en que la arquitectura ya empezaba a ser moderna sin dejar de ser buena arquitectura, o sea, arquitectura sin apellidos .

miércoles, febrero 27, 2008

EL TIO DULIN

Javier Dulín no pudo venir ayer al pase de Mi tío, pero a cambio me envió un par de fotografías que hicimos hace unos años cuando, estando de vista en Oxford, nos acercamos a ver el Queen´s Collage del en otro tiempo famoso James Stirling.

Cuando tuvimos ante nuestra vista esa especie de gigantesca nave espacial de ladrillo que hizo furor en los setenta y nos dispusimos a fotografiarla, nos dimos cuenta de que justo al lado había una casa que podía pasar perfectamente por ser la de “mí tío”. No paramos de reír. Como ayer yo en el pase de la peli. Estas son las dos fotos:




martes, febrero 19, 2008

LA BIBLIOTECA DE BERLIN



Uno de los edificios que más me han emocionado en mi vida es la Biblioteca de Berlín, de Hans Scharoum.

Scharoum fue uno de los primeros arquitectos que conocí como estudiante pero no me interesó gran cosa. Provenía de una tendencia artística que pretendía hacer de la arquitectura algo “expresivo”y para ello los edificios tenían necesariamente que retorcerse, -nunca supe muy bien si para expresarse o para impresionar.

La primera vez que estuve en Berlín, en septiembre de 1995, entré en su edificio hermano, es decir, la Filarmónica, y aunque me gustaron la pobreza de materiales de los accesos y la riqueza espacial de su interior, el espectacular exterior, precursor de la moda en auge de los guggenheim, libeskinds, hadides, etc., me seguía echando para atrás.

Diez años después y ante el mismo edificio, con todos los guggenheims, libeskinds y hadides en candelero, pensé que La farándula de artistas y críticos periodistas le tenía que estar muy agradecido a Scharoum por las dos grandes obras de Berlín, pero la farándula parece ser corta de memoria y muy desagradecida. En desagravio, esta vez me animé a entrar a la Biblioteca con mis amigos Javier Dulín, Javier de Blas y Guillermo Morales Matos, y oh maravilla, nos quedamos boquiabiertos.
Muchas veces me he preguntado si la emoción de aquella visita tuvo que ver con los planos que Wim Wenders rodase en su interior para su extraordinaria y poética película “Cielo sobre Berlín”, pero si mal no recuerdo, esa película, estrenada en 1987, ya la había visto antes del viaje de 1995, pues traté entonces de ubicar los impresionantes paseos por los descampados cercanos al muro de aquel anciano que seguía buscando la desaparecida Postdamer Platz con la atónita compañía de los ángeles protagonistas.

En la visita al interior de la Biblioteca del viaje del 2005 el proceso fue al revés: no llevaba las secuencias cinematográficas en el recuerdo sino que las imágenes de la gente leyendo y estudiando con los ángeles alrededor me fueron asaltando a medida que recorría el edificio, y por ello tuve que atribuir parte de mi emoción a la interpretación que Wenders hizo del mismo.

Para salir de la posible ensoñación producida en mí por el cine, me apoyé en el testimonio de mis compañeros de visita y pude ver que también ellos estaban fascinados con la grandeza, la riqueza de espacios, la variedad de lugares e iluminaciones o la ocupación tan intensa y el silencio tan severo que se vivía allí (¡hubo quien nos recriminó por el clic de la máquina de fotos!). La ciudad de la gran pira de libros, todavía dividida por la guerra, había conseguido construir pocas décadas después el templo más hermoso de lectura que yo jamás había visto (y he visto unos cuantos).

Durante el curso siguiente mi hija Elena fue a Berlín en viaje de estudios desde Münster donde estaba de Erasmus, y ante su pregunta de qué ver en Berlín le dije que sin lugar a duda, lo más importante de esa ciudad era la Biblioteca de Scharoum de 1978. Tras su visita me contó que ya no dejaban entrar a no socios, pero que gracias a su incipiente alemán consiguió convencer a una de las vigilantes de la entrada (muy serias, por cierto) y le dejó pasar. Y lo mismo tuvo que hacer cuando nuevamente volvimos a Berlín con ella en el verano del 2006: Elena les pidió nuevamente permiso para que nos dejaran entrar y no hubo mayor problema. Se agradece.

Pongo aquí diez fotos de entre una y otra visita que no creo que digan gran cosa. Ante arquitecturas así yo no me conformo con un recorrido turístico o con unas fotos. Lo que me gustaría en verdad es vivir cerca de ese edificio para ir a leer allí muchas, muchas tardes.



















miércoles, enero 09, 2008

BARDA






“que como yo la vea, eso se me da que sea por bardas que por ventanas, ó por resquicios o por verjas de jardines, que cualquier rayo del sol de su belleza llegue a mis ojos, alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón de modo que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía.”

Uno de los fenómenos atmosféricos más frecuentes y bellos de La Rioja Alta es la masa de nubes que suele ponerse por encima de los montes Obarenes, el monte Toloño y la sierra de Cantabria. Anuncia vientos del Norte, y en verano es el aviso inconfundible de esas tardes frescas tan agradables que aquí disfrutamos después de la canícula del mediodía. El fenómeno es para mí tan frecuente y familiar que rara vez me he tomado la molestia de hacerle una fotografía, y por eso me he sorprendido y alegrado mucho cuando al abrir el álbum digital de una familia norteamericana que nos visitó el pasado verano (Stacey Dogan, Gregg Shapiro e hijos), me he encontrado con estas dos fotos que hicieron desde Agoncillo.

En mi pueblo, y con toda la naturalidad del mundo, lo llamábamos “barda”, pero cuando leí el Quijote por primera vez y encontré la palabra en el párrafo que abre esta nota, me di cuenta que lo usábamos de un modo metafórico. Propiamente dicha, la barda es una cubrición de broza o sarmientos sobre una tapia, -algo que por otra parte también veía cada día en las tapias del jardín de casa aunque nunca lo habíamos llamado así.

Pero lo que me ha llamado siempre la atención entre tanto amante y propagandista de su terruño, es que buena parte de los riojanos no tengan palabra alguna para denominar a este hermoso manto de nubes que monta sobre los montes que nos separan del País Vasco diciéndonos que el viento viene de norte y que allí estará nublado o incluso lloviendo. (Hacer el recorrido de Bilbao a La Rioja por la autopista es muchas veces toda una promenade atmosférica: De Bilbao a Altube, diluviando; de Altube al paso de Subijana, llovizna; de Subijana al paso de Haro, nublado; y en la Rioja, sol y nubes o soleado, y por supuesto, con barda).

Hace ya muchos años un amigo de Alberite me sorprendió llamándola “vela”. La asociación de la imagen de un lienzo blanco y móvil sobre las montañas la podría entender en gente de mar, pero viniendo el término de gente de nuestra región me sonó algo excéntrico y cogido por los pelos. Pero en fin, por lo menos tenían un nombre.

Visto que por ser tan familiar es un fenómeno tan poco apreciado y desconocido como para casi ser innominado, a partir de hoy me voy a hinchar a hacer fotos de las bardas de nubes que vaya viendo en nuestra región (nunca hay dos bardas iguales). Y por supuesto, cuando traiga a estas páginas el patrón de Alexander n. 173, “tapia de jardín”, volveré sobre las bardas bardas.

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Javier Dulín me contó al leer este post que su casa lo llamaban "guata", ese nombre popular que se le da al algodón sanitario. Normal en casa de un médico...

martes, noviembre 20, 2007

OTRO CENTENARIO MÁS





¡Vaya por dios! El nuevo LHD ha llegado también al número 100. No era mi intención coincidir con el centenario de elhAll, pero uno escribe y el azar decide. Claro que…, no es mi primer centenario. El LHD llegó a los cien el 12 de diciembre del año pasado. Os pongo el enlace para repasar aquella efeméride: Y CIEN. Qué curioso, muchos de los artículos que prometía entonces no se han llegado a escribir…, ja, ja, ja, pero, a cambio, escribí 50 LHDs más y el 16 de marzo de este mismo año 2007 llegaba al 150 con lo que pensé que iba a retirarme… Pues bien, el 19 de marzo ya estaba escribiendo de nuevo, archivando los post en un índice llamado NUEVO LHD -más que nada por nostalgia de aquellos tiempos en que LA RIOJA pasó a llamarse NUEVA RIOJA, ja, ja, ja. Y aunque empecé fuerte, lo dejé en verano, y luego lo ralenticé, no he podido evitar llegar otra vez a las cien entregas. Bueno…, cien entregas y alguna otra más, porque colgué también los artículos de UNA VOZ EN UN LUGAR que nadie me había querido publicar (44), y algunas piezas sueltas de EL RETABLO DE AMBASAGUAS, otras del propio ELHALL o de temas SUELTOS por ahí. Y por si todo ello fuera poco, el 20 de octubre inauguré el CASCOTES que ya va por el número 21. También conseguí contra viento y marea (PP) publicar la Guía, ¡y a duras penas también conseguí que los del PSOE y los del PR que pensaban que la Guía la había hecho el PP, la pusieran a la venta! En fin, vaya temporadita que llevo encima.

Hay que celebrarlo, este cien hay que celebrarlo por todo lo alto.

Lo primero que se me ocurrió fue preparar una gran comida. Vaya, hombre, sí, ya me diréis que en eso no ando sobrado de imaginación: en este país toda celebración pasa por comer y comer. Pero no es eso, no. Lo de la comida se me ocurrió porque últimamente veo el programa de Arguiñano y en estos tiempos de penuria arquitectónica la preparación de sus platos me pareció mucho más osada y muy superior en riqueza de formas, texturas y colores que un Gehry, un Marino o una Hadid juntos. Por eso ahí arriba van un par de platos “arquitectónicos” para la comida de este centenario.

Pero cuando ya tenía claro que los platos de Arguiñano iban a ser el centro esta fiesta me encontré que el amigo Dulín me había puesto en el Belén del COAR como caganer. Normal que platos tan emperifollados me sentasen mal y tuviera que deponer en el callejón del COAR a cubierto del tendedero del vecino. Lo que no me esperaba era el ejército de caganers forrados de oro que deponen en la peana de al lado. Que cada cual lo interprete como quiera…

Dulín me envió por correo el recortable de mi caganer para que los lectores del LHD lo pongan este año en su belén, y para mi no podía haber mejor celebración. Como dice la wikipedia: colocar esta figura en el Belén trae suerte y alegría; no hacerlo comporta desventura. Ahí va pues en un formato suficiente para que hagáis la figurita.




Ya estaba la fiesta más que colmada cuando el sábado pasado salí a la calle por la mañana y me encontré con una pequeñita obra de arquitectura de las de verdad, de las que aún me hacen tilín. Una tienda de joyas en la calle Jorge Vigón, sencilla, correcta, elegante, duradera, moderna, innovadora, con un escaparate brillante y bien iluminado, una obra que me dejó tan clavado como esos discursos serios que alguien sensato te suelta el día de tu fiesta en medio del jolgorio. Me pega que el arquitecto es el mismo que el del caganer pero eso, de momento, es lo de menos. Lo importante es que me paró en seco y me hizo pensar que la buena arquitectura no está en los platos de Arguiñano ni en el belén del colegio, ni en las dudas y las mofas de estos blogs míos, sino en su sitio, en la ciudad. Y que hay que apreciar lo mucho que cuesta lograrla. Y que hay que salir a la calle a buscarla


No me daba el sueldo de crítico para entrar y comprarme una joya con que celebrar finalmente este centenario, pero para un arquitecto qué mejor joya que haber encontrado esta joyería.

Feliz nuevo centenario.

viernes, junio 01, 2007

MAÑANA EN ROMA












Mañana salen a Glasgow y a Roma los dos viajes de estudios que organiza este año nuestra escuela, un tipo de viaje que iniciamos Javier Dulín y yo hace cinco años proponiendo que el dibujo individual en cuadernos de campo constituyese su “leit motiv”. Javier ha seguido viniendo a los viajes de la Escuela después de dejarla, pero este año, por primera vez, ni él ni yo viajamos. Lo mío ha sido por pereza y cansancio de viajar. Él, sin embargo, no ha querido dejar esa buena costumbre de viajar y dibujar, y como anunciaba el otro día (v nLHD048), se ha ido por su cuenta.

De vuelta me ha traído un par de libros para que me documente sobre el siglo XX: Guida di Roma Moderna, dal 1870 ad oggi, de Irene de Gutry; y Roma nel XX Secolo, Fotocronaca dal cielo di una cittá in transformazione, de Donatella Cialloni, en los que, entre otras muchas cosas se puede seguir perfectamente la construcción de las avenidas internas mussolinianas, las sedes ministeriales decimonónicas o los planteamientos del crecimiento exterior, y se obtiene la forma de ir a ver el interesante barrio de Quaroni en Casa Tiburtino, de 1949 o las muchas obras de Libera.

Para no olvidar aquella forma de viajar y a modo de deberes cumplidos, me ha regalado también cuatro apuntes del cuaderno de viaje que muy a gusto coloco aquí con su permiso. Me parece muy interesante esa forma fragmentaria de encuadrar que parece tener que ver con las fotografías de interiores en las que nunca podemos captar todo el espacio vivido, o ese trazo tan nervioso que poco o nada tiene que ver con el cuidadoso detalle de sus obras construidas.

Pero en fin, no me voy a enrollar más, que el LHD está cerrado por viajes, estudio y… “vacaciones”.


viernes, mayo 25, 2007

CARTELISMO Y SEÑALÉCTICA


Ya vale de penas. Vamos a acabar la semana con humor. Y para eso nada mejor que un poco de cartelismo.

Ayer me llegaron dos correos con material muy diferente pero ironía parecida. Uno me llegó del mismo Logroño (de la calle de al lado), y el otro desde Elche, de nuestro amigo y experto en seguridad vial Luis Xumini.

El diseño de carteles, indicaciones y demás “señaléctica” o señalética, (palabros de la jerga profesional que aún no están en el diccionario de la RAE pero sí en el google, que va mucho más avanzado) es un asunto que mayormente me causa cabreos, porque cuando dependes de ellos para llegar a un sitio desconocido, te das cuenta de la inteligencia de sus hacedores. Sin ir más lejos, el sábado pasado intenté llegar desde Vitoria al Santuario de Estíbaliz (cosa tan fácil, diréis) y me perdí tres veces. Con lo listos que siempre hemos pensado que eran, en Vitoria no saben ni colocar las placas de las calles. ¡Las ponen al revés que en todo el mundo! Bueno, como estaba de paseo no me enfadé mucho, pero ahora que lo pienso, donde mejor se lo pasa uno con el cartelismo y la señaléctica es en México. Otro día pondré alguna foto del impresionante álbum que me traje de allí.
Hablando de cartelismo y de risas, he llegado a la conclusión de que la campaña electoral de Izquierda Unida, Iniciativa Ciudadana y los Verdes se ha centrado en el daño irreparable que se está haciendo a los monumentos riojanos con los carteles de la exposición La Rioja Tierra Abierta. Qué tema tan impactante ¿verdad? Casi me convencen de ir a votarles…

Bueno, vale de coña, y demos paso a las fotos y comentarios de los corresponsales. Empezamos por el de casa:




Juan, mira lo que han colocado en los soportales de la calle Portales. Es un auténtico record de diseño, desde la elección del tamaño de la lona impresa, pasando por la bonita sujeción de brida de camionero a los pilares con un cuidado detalle de almohadillado, hasta el atado inferior con cuerda y un sencillo (minimal) nudo doble con cuerda de nylon para que no levante el vuelo (ni el Desafío Español 2007).
Solo me queda felicitar a los responsables de tan increíble diseño. ¡Viva el Diseño! ¡Viva el CEDIR! ¡Viva La Rioja Calidad! ¡Viva la Escuela Superior de Diseño! ¡Viva el enodiseño!
Ah, y por cierto, que me digan como se pasan por el forro de los cojones la normativa municipal (v art 3.6.5 de las normas urbanísticas del PGOU de Logroño), ¡porque a mí no me perdonan ni una!


Artº 3.6.5. Soportales.
Los soportales existentes entre el nº 17 de la calle Portales y la Plaza de San Agustín se pueden dividir en dos tramos en los que predomina un estilo determinado. Un primer tramo es el comprendido entre el nº 17 y la Calle del Capitán Gallarza, y el segundo tramo el comprendido entre ésta y la Plaza de San Agustín. Se permiten entreplantas sólo en el tramo primero.
En ambos tramos, la política a seguir ha de ser la de conservación estricta de los existentes conforme al tipo dominante y adaptación de los que se apartan del mismo, en caso de construcción, al tipo unificado de la manzana en que está ubicado.
Las embocaduras laterales de los soportales deben cubrirse asimismo con arco del mismo modelo que la manzana a que pertenezcan, coincidiendo con su eje el eje vertical correspondiente al inicio de esa fachada lateral, debiéndose aplicar al resto de la fachada lateral los mismos criterios definidos para la calle Portales, y siendo el número de ejes verticales el resultado de la aplicación del cuadro descrito en el apartado 2.
Quedan absolutamente prohibidos los rótulos, anuncios, marquesinas, toldos, etc. sobre cualquiera de las caras de los arcos y pilastras.



(Algunos párrafos de esta norma, como el primero de ellos, son como para rescribirlos al modo que hice el otro día con la iglesia de Fuenmayor: lo que nos podemos reír escribiendo eso de “dos tramos en los que predomina un estilo determinado” ja, ja, ja)

Pero vamos con el segundo de los temas, el remitido por Xumini, que el post se alarga demasiado.



¿Os acordáis meses atrás, cuando os envié algunas muestras de la"técnica compresiva" para la señalización de obras en carretera y enzona urbana?Pues eso no se ha detenido (el I+D+I es imparable), en este tiempo sehan avistado muchos experimentos intentando mejorar la compresión,observando que se viene produciendo una evolución. Está muy claro quede la "técnica compresiva" original vamos de cabeza hacia la"nanoseñalización".Ahí va una muestra de su antecesora, la "técnica recompresiva"... consus señales nuevas, con sus cintitas, y muy simétricamente espaciadas.¡Una pasada!Por cierto, parece que (el artista) estaba tan concentrado en la "recompresión", quese le olvidó balizar los obstáculos (la zanja y las vallas tubularespuestas de perfil), que pasaron la noche de esa guisa sin una puñeteraluz, y las señales tampoco son reflectantes (son más caras y lospresupuestos para I+D+I en esta bendita España son de vergüenza).No me extrañaría que también se produzcan fugas de cerebros en estecampo, y que este tío acabe fichao por la NASA (NAnoseñalizaciones deprimera especial con pedigrí y marchamo S.A.).

Bueno, ya sé que me he pasado, pero hoy es viernes y empieza el finde y no hay prisa, así que voy a hacer también mi aportación gráfica al tema de hoy. Lo que aquí traigo está a un paso de la calle Portales y tiene que ver con la nanocompresión de Xumini. Aunque por aquello de estar en la Rioja quedaría mejor llamarlo “racimo de señales”. Lo de las barras delante de las señales es por si alguien es capaz de leerlas todas mientras baja por la rampa del garaje. Para añadirle dificultad, vamos.

jueves, mayo 10, 2007

ROMA



Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas.


Me había propuesto escribir una nota sobre Roma para los alumnos y profesores de mi Escuela que viajan este año a Roma (y para el ex profesor Javier Dulín, que me ha dicho que viaja por su cuenta en breve), y he repasado la ingente cantidad de material que reuní como preparación del viaje que hice hace diez años. Me reencuentro con lo mucho que publicó sobre Roma Leonardo Benévolo (en Diseño de la Ciudad e Historia del Renacimiento), y confirmo que los relatos de Braunfels (Urbanismo Occidental) o de Spiro Kostoff (Historia de la Arquitectura) sobre las varias ciudades de la “ciudad eterna” son magníficos. En aquel viaje también me acompañó Rudolf Wittkower y sus detallados capítulos de “La Arquitectura en la Edad del Humanismo” sobre Miguel Angel, Rafael y Borromini. Y por supuesto no me libré de las inevitables guías turísticas y los recortes de periódico. La información que preparé entonces sobre Roma era tan abigarrada como la propia Roma.

Fue también un viaje de muchas fotos y a la hora de colocarlas en el álbum las organicé en cuatro capítulos: La Roma Romana (o sea, la de la antigüedad: República e Imperio); la Roma Paleocristiana de las grandes basílicas; la Roma Papal (1450-1650); y la Roma Barroca. (Aunque también hubo “una experiencia no fotográfica” cuyo relato he colgado hace unos días en este mismo blog). Es un esquema muy pedagógico para poder ver los distintos “estratos” de la ciudad.

Al repasar ahora todo ello y releer también las notas de mis diarios, me doy cuenta de que me falta todo un gran capítulo: la Roma Moderna o Contemporánea. De momento y mientras no me organice yo un viaje con ese fin, les voy a pedir a los viajeros que me traigan, a poder ser, una Guía de Arquitectura de Roma del siglo XX. Pero vayan como anticipo algunas notas.

En el siglo XVIII Roma se “interrumpe”. Es el momento en que la dibuja el veneciano Piranesi. A Roma hay que ir a dibujar, y seguramente el estilo Piranesi sea el más apropiado para capturar esa ciudad. Es un estilo que a Javier Dulín se le dará bien.


De 1748 es el famoso plano de Nolli en el que deja constancia de todo el legado de las “cuatro” Romas que yo recogía en mi álbum. Conviene llevarlo. Luego volveré sobre él.

Las intervenciones posteriores no han dejado de ser polémicas: de finales del XIX es el monumento a Víctor Manuel (la máquina de escribir, como la llamaban los romanos) que descalabra la espalda del Capitolio; y capítulo aparte merecen las reformas del Duce inspiradas en las obras de Berlín.

Del mismísimo 1941 tengo un libro de fotos de Roma editado en 1941 que compré en un mercadillo de antiguo en Turín, en el que llega a salir il Duce en su despacho del Palazzo Venecia, pero en el que no hay ninguna foto de las obras del Foro Itálico o de las obras del EUR (se anunciaban para el volumen II). Es un libro precioso porque las fotos en blanco y negro, con las calles de Roma sin coches y apenas sin gente, parece que muestran una ciudad congelada. Tampoco sale la polémica “Via de la Conziliacione” que tanto cabreara a Benévolo, pero sí la Vía “Imperial” y la del “Triunfo” que segaron por medio las ruinas del Foro.


Para documentar las intervenciones del Duce he encontrado un par de artículos perfectos: están en el número 8 de la Revista Nacional de Arquitectura del mismo año 1941. El primero lleva por título “Visión de la Roma Futura” de Marcello Piacentini, y su título lo dice todo. El segundo, de V. Ballio, cuenta las importantes intervenciones de limpieza en el Mausoleo de Augusto y la construcción de las casas “speernianas” del propio V. Ballio que lo rodearon (en mi viaje visité el Mausoleo pero no me fijé en las casas, así que prestadles también algo de atención).

También sería de recorrer la zona de “i Parioli” para ver que se siente en el barrio por antonomasia de las palazzinas, esas que tan de moda se han puesto en Logroño a partir de 1998 (v elhalln43). Y uno no sabe muy bien dónde habría que ir a buscar la Roma neorrealista, si en los barrios de los cincuenta, que estarán ya irreconocibles, o en los estudios de Cinecitta. También espero, Javier, que hayas encontrado algo del siglo XX en las separatas del DOMUS.

En 1978 unos cuantos pioneros del “movimiento de los arquitectos estrella” (Sitrling, Venturi, Rossi, los Krier, Portoghesi, Graves o Colin Rowe) se repartieron el plano de Nolly para poner sus dibujitos personalísimos sobre Roma y organizaron una exposición llamada “Roma Interrota” pero la cosa no pasó de ahí (se pueden ver en el número 245 de la revista Arquitectura de sep. de 1978). Sin embargo, en los últimos años he oído que el superestrella Richard Meier ha construido una funda para el Ara Pacis y me han dicho que la supernova Zaha Hadid ha hecho alguna de las suyas por el extrarradio. Qué atrevidos que son algunos de nuestros arquitectos estelares (y qué decadente tiene que estar otra vez Roma para permitirlo).

Una ciudad que se ha reinventado tantas veces llega a provocar mareos. Y ya no digamos si entramos en los debates que se han producido tras cada una de las intervenciones que se han hecho sobre su monumental organismo (recuerdo que Fellini ironizaba sobre ello en alguna de sus películas).

Soy un mediocre dibujante porque no acabo de quitarme de encima la necesidad de que los dibujos queden bonitos, pero para completar las ilustraciones de este post he preferido poner un par de dibujillos de mi cuaderno de viaje. Creo que la única manera de sosegarse ante el aluvión de información que despide cada piedra y cada rincón de Roma es refugiarse en la tranquilidad de un dibujo. El primero es de la fachada de San Pedro que estaba semicubierta por dos andamios. Y con el segundo, que es muy malo pero me gusta bastante más por su contenido personal, quería recordar los momentos en que mi hija Elena pasaba por la noche a la mesa de nuestra habitación para escribir su diario. ¡Qué maravilla tener un diario de Roma escrito a los doce años!



En todo caso, acabo esta nota con los últimos e impresionantes tres versos del soneto con que Francisco de Quevedo nos contó la “eternidad” de Roma, y cuyos primeros dos versos la abrieron.
Que tengáis todos buen viaje y que Piranesi y Quevedo os inspiren y acompañen.

¡Oh Roma! En tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura.

miércoles, abril 18, 2007

UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA CIUDAD




(Dedicado a Susana López de Castro, funcionaria del Archivo Municipal de Logroño, quien frecuentemente me localizaba los edificios que yo le pedía, no por su numeración, sino por las tiendas que tenían debajo).

Dos arquitectos y teóricos de la arquitectura bastante distanciados en sus ideas y obras como son Christopher Alexander y Charles H. Moore, coinciden en señalar que uno de los recursos más exitosos de la arquitectura es saber cambiar de escalas en un edificio haciendo pequeños edificios (casitas) dentro del mismo. Moore elogiaba así los “edículos” interiores (la cama con dosel, la bañera enmarcada, etc.) y Alexander proponía el “patrón gabinete” o el “lugar-ventana” (que ya hemos visto en este blog) para enunciar esa misma idea. Dejo para otro día los edículos o los gabinetes porque hoy quisiera hablar de que ese mismo juego de cambio de escalas se produce tradicionalmente entre los edificios de nuestras calles y las tiendas que tienen debajo.

Estudiando la ciudad de Logroño casa a casa mientras hacía su Guía de Arquitectura, por centrarme preferentemente en la actividad de los arquitectos y sus edificios, noté varias veces que estaba pasando al lado de una historia acaso mucho más humana, espontánea y divertida como era la de la creación y desaparición de los innumerables establecimientos comerciales de la ciudad. Me pareció que es un mundo que los profesionales de la arquitectura y el urbanismo tenemos bastante ignorado y hasta despreciado, y que yo no me lo podía perdonar porque en buena parte es el mundo de los decoradores que salen de nuestra escuela. Y es que, hoy por hoy, las casitas de esa ciudad están hechas por decoradores, aparejadores, peritos industriales y hasta por los propios dueños de los establecimientos sin mayor miramiento estético que el de su interés comercial.

No quiero entrar en las luchas políticas del momento, pero el aparente caos que en algunos momentos ha producido esta espontánea ciudad dentro de la ciudad ha intentado ser controlado en varias ocasiones y varias zonas de Logroño creo que casi siempre desde el área socialista del ayuntamiento. Cuando los socialistas entran en materia estética son de temer. Y es que parecen no haber superado el modelo Mao Tse Tung. Más o menos creo que la propuesta de corte socialista consiste en que las tiendas de las plantas bajas deberán realizarse con paramentos similares a los del edificio en que se ubican para que haya una cierta unidad (uniformidad) con el mismo (véase “Normativa para bajeros” de Javier Dulín en elhAll71). Es una doctrina que incluso los antisocialistas aplican con gusto en los cascos históricos por ir de bienpensantes, por el complejo de incultos que tienen respecto de los socialistas, por lo políticamente correcto y todo eso, y que a veces no digo que esté mal, pero que llevado a sus últimas consecuencias (como es habitual) acaba por ser asfixiante.

Muchas veces, la gracia de las tiendas está precisamente en el rechazo radical a la casa grande en que se ubica. El límite entre una y otra se solía hacer patente mediante la pieza de la marquesina, que los más nostálgicos y kitsch convertían hasta en tejadito propio. Prohibidos ahora estos voladizos por distintas y sucesivas normativas, su papel diferenciador lo suelen desempeñar unos rótulos de colores estridentes y llamativos o incluso algunos toldos. Por otro lado, las puertas y las ventanas (escaparates) de las tiendas rara vez se han diseñado pensando en los huecos de los huecos domésticos de los pisos superiores, y es que, funcionalmente, nada tienen que ver.
Aunque Alexander no traía este tema relacionado con el “patrón gabinete”, sí que hizo hincapié en todo este pequeño mundo arquitectónico en patrones tales como “Tiendas de propiedad individual” (87) o “El colmado de la esquina” (89). Los transcribo resumiéndolos un poco:

“Cuando las tiendas son demasiado grandes o están controladas por empresarios ausentes, se hacen abstractas. Haga todo lo posible por estimular el desarrollo de tiendas de propiedad particular. Conceda licencias para negocios sólo cuando éstos sean de propiedad de aquellas personas que realmente trabajen y dirijan la tienda” “Dote a cada vecindad con al menos una tienda de comestibles y sitúelas preferentemente en la esquinas, por donde pasan muchos transeúntes”.

Si alguno de estos establecimientos son además talleres de trabajo, las tiendas se convierten en auténticos espectáculos de aprendizaje. En el patrón “abrirse a la calle” Alexander cuenta:

“Pasábamos ante el taller todos los días, camino desde la escuela. Era un taller de muebles y nos quedábamos parados ante la puerta viendo cómo los hombres hacían sillas y mesas, formaban patas con el torno y hacían volar el serrín. Había un murete y el capataz nos dijo que no lo pasáramos; pero nos dejaba estar allí, y allí estábamos a veces durante horas".

La ciudad de las pequeñas tiendas y talleres da a la gran ciudad una escala humana que ésta ha perdido definitivamente con las viviendas en masa. No es lo más importante la estética de estas pequeñas tiendas (que también), sino su tamaño. Más que una ciudad dentro de otra ciudad, hasta se podría decir que hoy en día configuran una ciudad que salva a la otra ciudad.




martes, abril 03, 2007

BORREGOTTURISMO



Dícese así de la práctica generalizada de ver monumentos, museos o ciudades, en grupos de entre veinte y cincuenta personas, que consiste en aceptar (y hasta demandar) constantes explicaciones de un guía que porta banderita o paraguas en alto. En su fase más primitiva (pero aún generalizada) el guía debe comunicarse a voces con el grupo de borregoturistas. La fase tecnológica del borregoturismo, iniciada hace unos diez años, consiste en dotar al borregoturista de unos auriculares y un aparato receptor por los que recibe, o bien las explicaciones del propio museo, o bien las de su propio guía, quien se evita así tener que dirigirse a ellos a gritos.

Bueno, esta podría ser una definición suficiente para que el diccionario enciclopédico wikipedia dé consistencia a este palabro, que a buen seguro el RAE no admitirá hasta dentro de cien años, pero que resume como ningún otro una práctica generalizadísima de nuestro tiempo. Tan generalizada que los jóvenes han llegado a considerarla como un derecho natural. Me explico: cada vez que llevo a mis alumnos a ver alguna exposición, monumento o edificio, me piden que se lo explique in situ, a lo que contesto que ni hablar (nunca mejor dicho), que de eso nada; que hemos venido a verlo; o a dibujarlo (esa forma tan estupenda de ver más y mejor); que las explicaciones hay que buscarlas antes de la visita o después; y que por mi parte me niego a interferir en la relación directa entre una obra de arte y un alumno. El que no sepa ver nada, ni sentir nada en presencia del cuadro o el monumento, allá cuidados. Peor para él. Que no hubiera venido. Es más: si queréis nota, les digo, protestad enérgicamente ante la organización del museo por permitir que haya grupos de borregoturistas que interfieren con el vocerío de sus guías en la contemplación que habéis venido a realizar.

Anecdotario de borregoturismo:

La primera vez que vi a un grupo de borregoturistas siguiendo las explicaciones de su guía mediante auriculares fue en el Louvre hace unos siete años. Eran japoneses y sentí un gran alivio. O un medio alivio, porque aunque uno se hubiera librado de los gritos del guía, el rebaño seguía más o menos en formación empujando y arrasando a todo el que se encontrara a su paso. La sumisión al grupo y el rechazo a los posibles contempladores ajenos al grupo aumenta considerablemente al recibir la “instrucción” por auriculares.

La ocasión más desagradable de borregoturismo que recuerdo fue en los Uffici de Florencia. Tras convencer a los alumnos de nuestra posición contraria al borregoturismo, nos habíamos quedado solos Javier Dulín y yo contemplando y comentando en voz baja algunos de sus maravillosos cuadros, cuando nos vimos una y otra vez importunados por chillones profesores italianos con sus grupos de alumnos. Amén de los habituales japoneses sin auriculares, claro. Fue horrible.

Otra experiencia singular de borregoturismo fue en el Museo del Cairo. La cantidad de grupos era tan numerosa y el griterío de los guías de tal calibre que aquello parecía un mercado oriental. Ya no era cosa de defender (por imposible) el derecho de la contemplación personal frente a los grupos de borregoturistas sino de luchar con tu grupo frente al otro, comparar a tu guía con el del otro, no perder el hilo de tu grupo, etc. Me reí tanto con las sucesivas batallas entre grupos que apenas recuerdo otra cosa del museo.

Como he sido guía de numerosos viajes para los grupos del Colegio de Arquitectos, algunos guías impuestos por las agencias a los que les he pedido amablemente que se callaran, me han hecho a cambio algunas confidencias del oficio. Lo más importante a la hora de llevar un grupo –me explicó un guía argentino al que le agradecí mucho que me hubiera entendido y que no nos explicara apenas nada de Los Angeles- es tener mucho cuidado con sus necesidades fisiológicas: que tengan siempre un water a mano y que no se te pasen las horas de las comidas y bebidas. Si además de ello, sabes contarles anécdotas picantes que les hagan reir, tendrás entonces un buen futuro en este trabajo.

Animo a todos, que vienen las vacaciones de Semana Santa y es época de borregoturismo. Y ojo a la variante local: el borregovinoturismo.

(La foto que he puesto para ilustrar esta voz es de Javier Dulín. Esta hecha hace dos semanas santas en el Valle de los Reyes. El guía era doblemente fundamentalista así que, además de intentar convencernos de las excelencias de Alá, hizo caso omiso de mis ruegos de no explicaciones, y de ahí mi cara de circunstancias. ¡Vaya viajecito que nos dio!).





martes, febrero 13, 2007

127. SALUD Y ARQUITECTURA



Miedo me da acercarme por el renovado Hospital San Pedro para hacer una primera valoración arquitectónica, y por supuesto, tampoco me atrae como usuario o como acompañante de usuario. La imagen que ofrece a lo lejos es la de un enorme bloque forrado de chapa, como si se tratara de industria química o una “rehabilitada escuela de magisterio”. En las fotografías aéreas que ha ofrecido la prensa hasta ahora, aparece como un conglomerado amorfo de diferentes edificios sin ningún orden geométrico o de circulaciones. Así pues, dilataré todo lo que pueda un comentario de los edificios del gigante sanitario de Logroño hecho desde la visita personal.

Pero quieras que no, con las noticias y comentarios que uno puede leer en la prensa oficial (ya no tiene sentido llamarla local) y las habladurías que te llegan por aquí y por allá, hay contenido más que suficiente para un primer LHD.

Vengo diciendo desde hace años que la salud de la arquitectura (la arquitectura en general) está bajo mínimos, -o que la arquitectura está en la UVI-, pero no había reparado en que la arquitectura sanitaria, no es ya que esté en la UVI, sino que está en coma; pues como bien es sabido, desde hace un tiempo no está en manos de “médicos” (léase, arquitectos) sino de “expertos”, altamente especializados y tecnificados venidos generalmente de Madrid, quienes, por seguir con la metáfora, son los únicos que saben enchufar las consultas a los quirófanos.

Los tres grandes hospitales de la ciudad fueron hechos también por arquitectos de fuera, pero no precisamente por “expertos”. Jacinto Arregui vino de la provincia de al lado (Vitoria) para hacer el primer Hospital, el “provincial” (h 1866) y otros tantos importantes edificios públicos (la Bene, la desaparecida plaza de Toros al final de Duquesa de la Victoria o el viejo mercado de San Blas), quedándose durante un tiempo como arquitecto provincial (…mucha provincia). Pero lo suyo no era “provincianismo,” sino Arquitectura con mayúsculas, es decir, esa que hace ciudad desde la consideración y relevancia de la función pública del edificio.

En los cincuenta se construyeron los otros dos hospitales, más o menos a la vez. El San Millán lo hizo el madrileño Fernando García Mercadal, y a pesar de la limpieza de líneas, su fachada original tuvo el empaque de un edificio público (ver foto). Luego vendrían las reformas y los añadidos destrozando su imagen inicial, pero esa es otra historia. Como otra historia es la que contó José Miguel León en Elhall 42, referida a que el también madrileño Luis Lacasa había proyectado en 1930 un hospital para el mismo emplazamiento que no se llegó a construir. Un hospital que, aunque de aire“muy racionalista”, buscaba también orden geométrico en sus fachadas.

El tercer hospital, el San Pedro, dedicado a enfermedades del pulmón, se emplazó en las afueras, y a pesar de que por ello hubiera podido proyectarse con un poco menos de rigidez, la simetría y la condición de edificio público prevalecieron en su imagen hasta que… también le empezaron a caer encima reformas y ampliaciones. No hay datos en el Archivo Municipal de la autoría del primitivo edificio y tampoco tengo a mano una foto en mis archivos; y ya es pena, porque es la pieza básica y original del nuevo conglomerado hospitalario.

Menos mal que Rubén San Pedro salvó la honrilla local haciendo la tristemente desaparecida Clínica Velázquez (véase el artículo de Javier Dulín en Elhall 30), que si no, es que no rascamos ni una. Y luego vendría la triste historia de los Centros de Salud… ay, también con "expertos" de Madrid.

Pero dejemos a un lado los grandes acontecimientos, pues como he dicho, no voy a hincar el diente a ese monstruo en que se ha convertido el San Pedro, y vayamos a lo que me ha movido a redactar esta nota: la nostalgia por dos pequeños detalles saludables de la vieja arquitectura sanitaria logroñesa que, según parece, se han perdido o se van a perder irremediablemente con la nueva arquitectura de los expertos hospitalarios.

El primero es el del sistema de nidos que tan estupendamente funcionaba en la sección de maternidad del San Millán. Las enfermeras y los médicos podían atender a los recién nacidos en unas pequeñas habitaciones intermedias llamadas "nidos", mediante el sencillo mecanismo del giro de las cunas situadas junto a la pared. Bueno, pues me han contado que el supertecnológico San Pedro eso ha desaparecido y con ello, todas sus ventajas asistenciales.

El segundo detalle lo mencionaba el cardiólogo José Luis Dulín, padre de nuestro compañero Javier, en una reciente entrevista en la prensa oficial (La Rioja, 5fb07 p4). Preguntado por su recuerdo más vivo del viejo hospital San Pedro, es curioso que en vez de hacer mención a alguna historia de su profesión señalara directamente a un elemento arquitectónico: los balcones de las habitaciones. Ese era su "recuerdo más vivo" de su largo paso por el hospital (!). Una referencia así le lleva a cualquier arquitecto al recuerdo de las grandes terrazas del sanatorio de Paimio de Alvar Aalto, así que no digo más.

Si en lo sencillo pasa esto ¿qué no pasará en lo grande...?

Lo dicho: ya que la arquitectura no goza de buena salud, a ver si tenemos suerte con la nuestra y evitamos por mucho tiempo visitar la nueva arquitectura sanitaria riojana.

¡Salud y arquitectura!

miércoles, enero 10, 2007

106. LA CASA DE LOS JESUITAS








El periódico local informaba el pasado 28 de diciembre (y no parecía broma) que se estaba tramitando la recalificación urbanística de la conocida “casa de los jesuitas” en la calle Rodríguez Paterna con objeto de poder rehabilitarla para uso de viviendas. Se pondrá fin así a un abandono que se inició cuando los jesuitas se trasladaron a su colegio de la calle Huesca, hace ya casi… cuarenta años (!).
Como la intervención me da pánico (y no es para menos a la vista de lo que se viene haciendo en las viejas casas de Logroño desde que se inventara -y aplicara a rajatabla- el estilo disimulo), le voy a dedicar con carácter de urgencia este LHD para que podamos contemplarla en su actual estado de ruina durante el mayor tiempo posible.

Como se aprecia en un primer vistazo de la fachada, la llamada casa de los jesuitas es el resultado de la unión de dos casas anteriores, la número 3 y la número 5, realizada por el arquitecto Fermín Alamo en el año 1921 para dicha comunidad religiosa.

Alamo tenía siempre la virtud de hacer un plano del estado anterior a sus trabajos de intervención en edificios existentes, y de ese modo podemos ver perfectamente cómo eran antes de su unión. La de la derecha (el 5) era una casa con fachada de piedra de sillería (seguramente del XVIII o incluso de la primera mitad del XIX), cuya planta baja estaba dividida a su vez en dos alturas ofreciendo así una primera hilada de balcones muy baja, rareza que también podía contemplarse en el mirador de la casa del número 1 que ha sido arrasada este mismo año (muestro por ello la foto que hice de estas casas en el 2005, y la que he hecho hace unos días).

Junto a ella, es decir, en el número 3, el arquitecto Francisco de Luis y Tomás proyectó una casa en 1882 para José Rodríguez Paterna, cuyo plano de fachada también traigo aquí (en el orden aleatorio en que lo ponga el servidor, claro, aunque no creo que nadie tenga dificultad en entender cuál es cada cual). Rodríguez Paterna fue alcalde de Logroño entre 1885 y 1891, y de ahí el nombre de la calle (quien esté interesado en más datos sobre el promotor, puede ir a la pag. 293 de “Calles de Logroño”, obra del que fuera cronista oficial de la ciudad hasta hace unos pocos años, Jerónimo Jiménez).

La solución de Fermín, como puede verse también en la correspondiente imagen, fue adaptar la vieja casa del 5 a las líneas de la casa de Francisco de Luis y ahí quedó la cosa.

En 1971, es decir, cuando los jesuitas ya se habían ido a la calle Huesca pero todavía tenían en uso la casa, el arquitecto Eduardo Ortega hizo una entreplanta de hormigón tratando de mejorar la habitabilidad del inmueble pero complicando (y destrozando) aún más su estructura interna.
Finalmente, en 1993, Gerardo Cuadra redactó un proyecto para ubicar en estas casas a la comunidad de las Hijas de la Caridad, que no se llevó a efecto. De los datos que he recabado para la Guía se desprende que las Hijas de la Caridad se instalaron finalmente en un convento de nueva planta/rehabilitación construido en 1994, según proyecto y dirección de Francisco Javier Villaverde, entre Ruavieja 30 y Mayor 34-36. Del proyecto de Gerardo muestro ese detallado dibujito de su “estado actual” que tiene aires de comic. Leí también su meticulosa memoria y pude darme cuenta de que Gerardo no había hecho el mínimo estudio histórico del edificio y no tenía idea de sus orígenes y tampoco de la intervención de Ortega. En su propuesta respetaba la fachada de Alamo a Rodríguez Paterna pero se cargaba (ay) las graciosas galerías que dan a la plaza de San Bartolomé, creando en sustitución una fachada bastante anodina.

Javier Dulín publicó en elhall79 (marzo del 2004) una preciosa fotografía de José Miguel León tomando notas sobre la cumbrera de la iglesia de San Bartolomé, y la prensa local ha dado noticia este año de que José Miguel León y Gerardo Cuadra han presentado el proyecto de restauración de la torre de San Bartolomé, así que es posible que estén trabajando también en las viejas casas de los Jesuitas. El tiempo nos lo dirá. Pero, como digo, cuanto más tarde, mejor. Después de haber visto tantas y tantas cosas en estos últimos dos años, y de ver el calado de tanta “teoría” lamentable de jornadas sobre intervención en el patrimonio, en materia de “rehabilitaciones” yo ya no me fío de nada ni de nadie.