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jueves, noviembre 09, 2023

GASPAR ARAGÓN

 

Según iba o venía yo por la autopista a Haro estos últimos meses y veía enfundada de andamios la torre de la iglesia de Briones, imaginaba que sería otra de esas obras pagadas y organizadas desde Madrid, dirigidas por algún Manzano-Monins o algún otro arquitecto de la burocracia del Ministerio de Cultura (o como se llame ahora), y que poco me iba a importar a mí esa obra y el resultado. 


Pero cuando entrevistando a Gaspar Aragón en su despacho el lunes 30 de octubre de este año 2023, vi que tenía pinchados en la pared estos primorosos dibujos de la torre de Briones, y me dijo que él y sólo él era el arquitecto de las obras de restauración que se están llevando a cabo estos meses, me invadió una especie de euforia o de orgullo por ser su amigo, o por estar entrevistando a quien se estaba mirando cara a cara en las alturas de esos andamios con el mismísimo Martín de Beratúa, quien a mediados de siglo XVIII había levantado semejante candelabro de piedra a mayor gloria de Dios y de los hombres.  

- Esos alzados están hechos gracias a los drones -me dice Gaspar-, es una maravilla poder ver así la torre, medirla y dibujarla. 

A mí lo que me maravilla es que le hayan confiado la restauración de semejante monumento a un arquitecto modesto y de aquí, un arquitecto que ha llegado cerca de la edad de jubilación sin ningún reconocimiento institucional o periodístico (que es como decir lo mismo). Lo que me maravilla es el tesón que ha tenido Gaspar en sus convicciones profesionales para acabar subiendo tan alto. Porque como todo el mundo sabe (porque no me he cansado de escribirlo) yo soy un perfecto descreído de aquellas convicciones profesionales que hace cuarenta años seguramente compartía con el propio Gaspar... Pero bueno, empecemos por el principio.

Gaspar es de origen humilde. Me cuenta que sus primeros estudios los hizo en la Escuela de San Bernabé de Logroño, uno de los centros escolares más modestos de la ciudad. Después estudió delineación en la Industrial y solo cuando entró a trabajar como delineante en el estudio de Jesús Marino Pascual Vicente se planteó estudiar arquitectura. Lo consiguió a los veintiocho años y aún empezó a trabajar como arquitecto en el despacho del propio Marino (en las fichas técnicas que publicaba Proyectar la Rioja sobre la intervención en el Castillo de Agoncillo (1989) aparece como "colaborador"). Pero como era de esperar, la "colaboración" se rompió pronto.

- No hubo ningún problema personal entre nosotros, -se apresura a aclararme Gaspar-, es más,, seguimos siendo amigos. Lo que pasa es que cada cual tenía su visión de las cosas y yo preferí instalarme por mi cuenta. 

Fue justo entonces, a comienzos de los noventa, al tiempo en que él empezaba a trabajar como arquitecto, cuando yo perdí la fé en la profesión y abandoné mi despacho; así que, a pesar de mi curiosidad por todo lo que tuviera que ver con la arquitectura, no seguí mucho la trayectoria de Gaspar. Eso sí, coincidimos en los cursos de doctorado, que según me cuenta ahora, se trajeron a Logroño en aquellos primeros años de los noventa gracias en parte a sus gestiones y su insistencia, por lo que le reitero el agradecimiento que entonces le hiciera a Jesús Marino, quien yo pensaba que había sido el motor único de aquella iniciativa. Ninguno de los dos hicimos la tesis doctoral, él siguió con sus obras y yo escribí mi Manual de Crítica, porque cada uno tenía un horizonte distinto. 
 

 A pesar de la distancia que ya se abría entre nosotros, recuerdo de aquellos años que me gustó mucho su intervención en el hall de la ya "vieja" estación de autobuses de Logroño, con ese suelo de piezas triangulares que evocaba al propio espacio triangular del hall, la limpieza y orden de las taquillas, la agradable iluminación indirecta o el mobiliario de espera con el famoso banco de Tusquets. Una obra que ha resistido muy bien el paso del tiempo y que desgraciadamente se ha cerrado para siempre.  


Y a finales de los noventa, cómo no, también me sorprendió como a tantos otros arquitectos, que en frente de la también "vieja y desaparecida" estación de tren y debajo de las "pintorescas" torres de San Pedro y la pareja Achiaga/Castillo, alguien hubiera conseguido colocar un delicado "Mies" en Logroño (!!!). Ese "alguien" era ahora una nueva pareja de arquitectos, la de Gaspar y Pablo Larrañeta, cuyo encuentro desconozco y la verdad es que apenas me interesa. 


De esa pareja me interesa más Gaspar. Y del "trío" que a comienzos de siglo formaron Gaspar, Pablo y Miguel Angel Prieto para presentarse a por las 130 VPO de El Arco de Navarrete, o luego para las 104 viviendas de Arnedo, solo me apetece escribir sobre Gaspar, por las razones que casi todo el mundo puede imaginar... 



Las "colaboraciones" con otros arquitectos han sido una constante en la carrera profesional de Gaspar. De poco antes de finalizar el siglo es este bloque de 56 VPO viviendas en río Bajero compartido con Agustín Rodríguez Eguilaz.


Oculto desde su origen en un patio de manzana (tanto que se me pasó mencionarlo en la Guía de Arquitectura de Logroño, volumen I) y ahora a la vista por el derribo del edificio de Adoratrices de la calle Juan XXIII, Gaspar hizo en solitario este sobrio gimnasio con vestuarios hacia el cambio de siglo. 


Como sabía que Gaspar tenía sus orígenes en Entrena, le pregunto si ha construído mucho en ese pueblo, pero me dice que no, y me cuenta incluso cómo renunció a un posible chanchullo con el ayuntamiento para hacer las piscinas (...). En el PLR encuentro sin embargo una obra de hacia el año 2000 prácticamente inaccesible (al menos yo siempre la he encontrado cerrada): la restauración de la iglesia de las Clarisas de Entrena, donde ya que a no a sacar la piedra (cosa que le aplaudo) se animó a pintar alegremente los paños de revoco. 


Algo más de diez primeros años en la profesión le dieron a Gaspar para construir su propio despacho en la bajera de un anodino bloque de El Cubo, al que me invitó a visitar apenas lo había inaugurado. 



Veinte años después vuelvo a entrar en él y lo encuentro tan impóluto como la primera vez, así que no me queda otra que preguntarle si todavía sigue creyendo en "la modernidad"... Pregunta baladí porque ya veo que sí, que él no se ha movido ni un ápice de lo que aprendimos en las escuelas de arquitectura de los años setenta y ochenta. Como tampoco ha dejado de tener el mismo entusiasmo por la arquitectura, la misma confianza en los demás para conseguir encargos, hacer muchos amigos ("las amistades son para mí fundamentales en la vida" -me dice) y sacar los trabajos adelante. 

Sobre eso hablamos largo y tendido, sobre "sacar los trabajos adelante", sobre la propia máquina de hacer arquitectura. Cuando le visito en su despacho le encuentro solo y le comento si no es un signo de acabamiento de esta profesión. Me veo yo visitando los despachos de los arquitectos de la anterior generación cuando más o menos tenían nuestra edad, el despacho de José Mª Carreras, el de Gil Albarellos, el de Aurelio Ibarrondo, el de Rubén San Pedro, y no me cabe en la imaginación encontrarme a ellos solos allí. 

-Pues sí, Juan, sí. Yo aún aguanto, no me queda otra, (sobre todo si te digo la pensión que me queda en la Hermandad...) pero me consta que los que vienen detrás prefieren trabajar de otra manera, en tareas más concretas y con un sueldecito seguro, antes que asumir las múltiples facetas de esta profesión y asumir que al final no dejas de ser más que un empresario, y en mi caso, un mal empresario.  

Pero aunque ahora le encuentre solo, y certifique que eso es un signo de acabamiento, Gaspar me cuenta a cambio que por allí ha pasado mucha gente. Por ejemplo, becarios. Le pregunto si ha conectado con las generaciones posteriores a la nuestra y me dice que sí, que él ha considerado siempre fundamental la formación de los arquitectos en los despachos y que está orgulloso del trabajo que hayan podido hacer esos becarios en su oficina. También recuerda con estupor, los problemas burocráticos con la Consejería de Trabajo cuando le amenazaron con una sanción tremenda por algunas irregularidades en el contrato de una delineante, contrato en el que no habían hecho otra cosa que intentar ayudar a la trabajadora. Son avisos que nos da Administración de vez en cuando, -le comento a Gaspar-, para que nos enteremos de nuestra pequeñez. Para humillarnos como arquitectos. Por otra parte comentamos en detalle lo triste y duro que ha sido vérselas desde el aislamientos de los despachos con los avances tecnológicos en el dibujo, los cálculos, la comunicación digital y las constantes actualizaciones de todo ello. Me cuenta que desde hace unos años, Pablo y él se liaron la manta a la cabeza y se pasaron a dibujar con el "edificius" un programa informático que aúna lo evolucionado de los siempre engorrosos autocads con mi querido programa de formalización inmediata del sketch up (que ya no sé por donde andará...). 

-" Y agárrate a esa silla porque no te lo vas a creer, -me dice-: los cálculos de estructuras los sigo realizando yo, porque por mucho que te lo ofrezcan las casas de forjados o de cálculo, cuando hay cambios en obra lo mejor es que seas tú el que controle la seguridad de la estructura".



"Y en cuanto a las colaboraciones con otros arquitectos, especialmente con Pablo y Miguel Angel, te puedo asegurar, Juan, que no hemos tenido jamás el mínimo problema. En el Colegio de Autol con Pablo, o en las cuatro torres de viviendas de Arnedo con Pablo y Miguel Angel, cada cual aportaba ideas de una manera espontánea y cuando alguno de los tres tenía dudas o discrepaba de lo que se estaba haciendo no había inconveniente alguno en ponernos a revisar lo que se había hecho inicialmente, siempre con argumentos y generosidad." 






Veo que encargos de edificios de vivienda no le han faltado, especialmente en el entorno de Lardero, y que los ha resuelto con cierta seriedad y solvencia, aunque todo eso se acabó con la famosa crisis o pinchazo de la burbuja inmobiliaria a finales de la primera década del siglo. Yo creía que Gaspar había trabajado más en bodegas, seguramente por el artículo que escribió para la publicación de la ARQUITECTURA DEL VINO coordinada por Luis Vicente Elías para una de aquellas primeras ediciones de "El Vino y los cinco sentidos". Pero no, en mi rastreo por los PLR solo encuentro una modesta bodega en Alfaro (Torres Librada, del 2001) y los recuerdos de colaboraciones en los planes de estudios de los barrios de bodegas tradicionales de la Rioja de los que apenas hablamos.  



En el 2017 se me pasó por alto otra actividad cultural que realizó Gaspar con Pablo Larrañeta: nada menos que una exposición sobre la arquitectura de los cuarteles. Encuentro esta foto en la red y me pregunto si quedaría de aquella exposición alguna publicación porque siempre he añorado el peso urbano que los cuarteles tuvieron en Logroño. 

Le pregunto a Gaspar por sus colaboraciones con el Colegio, su ausencia casi extraña en las Juntas de Gobierno por las que tarde o temprano todos hemos acabado pasando, y me responde taxativo que no, que eso lo tiene muy claro: primero porque es de los que piensa que desde la organización del trabajo en el estudio o en la obra hasta los contenidos culturales del mismo, el trabajo de arquitecto ya tiene suficiente proyección social, y segundo, porque el ejercicio de la profesión así entendida no le da tiempo para más, así que lo mismo que se ha mantenido alejado de las polémicas o de la vida política, no ha querido participar en los órganos colegiales de gobierno. Participó sí, (eso ya lo sabes tú, -me dice) en las Comisiones de Cultura cuando las hubo y en la dirección de elhAll cuando se lo pasé yo a él y a Pablo. Ah sí, casi se me había olvidado, le digo, aunque aún recuerdo aquel artículo con que se estrenó en elhAll sobre el encuentro con un personaje misterioso que sin ser arquitecto era sensible a la arquitectura y... que resultó ser un sueño. O aquella reseña que hizo sobre la obra del mejicano Luis Barragán. 


De su trabajo en los últimos años, y preparando el terreno para la sorpresa con la que abría este breve retrato de su vida profesional, me menciona Gaspar su intervención en el saneamiento de las cubiertas de la iglesia de Santo Tomás de Haro, donde además diseñó un sistema de lámparas... bastante más fino que el que se puede ver en la iglesia de Santiago de Logroño -le comento con sorna.

O el trabajo en las cubiertas de Santa María la Real de Nájera, donde me muestra los detalladísimos análisis de las fisuras hechas por uno de los pocos aparejadores de confianza que ha encontrado en su carrera y con el que colabora cada vez que puede. 


También me enseña orgulloso la casa de un industrial de Arnedo de inequívoco gusto miesiano, incluida por el Colegio de Arquitectos entre las últimas selecciones que suelen hacer de las obras de su gusto, el gusto general de los arquitectos, el de la modernidad, el del minimalismo, el "gusto oficial" por así decirlo, tan alejado del mío..., es decir, tan contrario al orgullo que yo siento por la obra que está haciendo en la torre de la iglesia de  Briones.  

De alguna manera, en la visita al despacho de Gaspar yo iba con miedo a revisitar el punto en que había dejado la profesión, y a ver cómo habría podido evolucionar en ella, o en paralelo a ella, es decir, a ver la carrera que había hecho un compañero desde el punto donde yo la había abandonado. El par de horas que pasamos juntos tratando de recorrer desordenadamente tan largo camino (más de treinta años) fue de lo más agradable, porque Gaspar es siempre amistoso y generoso en sus gestos y palabras. Se me hace difícil ver en Gaspar a un adversario o un enemigo, o aún menos, a alguien ajeno. Tenemos tantos puntos en común que uno no puede sino sentirse muy a gusto hablando con él. Y aunque ya sabía yo que las diferencias de criterio respecto a la evolución de la arquitectura en estos últimos años era muy grande, o casi insalvable, lo cierto es que al final salí bastante contento, o como decía antes, bastante orgulloso de que al final él hubiera transitado por todo ello para acabar trabajando en la reparación de las arquitecturas más grandes que tenemos en La Rioja, las de nuestros templos.   

(foto de María Caro, para La Rioja)




martes, noviembre 13, 2007

ELHALL 100



Soy tan ingenuo o tan iluso que me había imaginado que cuando elhAll llegara al mítico número 100 algo tendría que pasar. Tan ingenuo e iluso como para imaginar que me llamaran del COAR para hacer una reflexión colectiva o una fiesta conmemorativa, no, porque tras la forma en que se han conducido en los últimos años poco o nada bueno cabe ya esperar hacia mi de los miembros de la actual Junta y de quienes más decididamente les apoyan. Pero por lo menos me había imaginado que hicieran un número especial con colaboraciones de los otros directores que ha tenido elhAll, como Enrique Aranzubía, José Miguel León, Gaspar Aragón o Carlos de Pablo (omito deliberadamente a Pablo Larrañeta porque como lo dirigió conmigo puedo asegurar que no dirigía nada); no sé, un número con algo más de contenido que la publicidad de las Jornadas del Patrimonio, cuatro páginas rellenas con fotos y dos o tres colaboraciones peñazos y descafeinadas.

Como no tienen ni siquiera la deferencia de mandármelo (mientras que se lo envían a gente que directamente lo tira a la papelera) me avisó el otro día un amigo que ya había salido con la foto que pongo arriba, y gracias a otro amable amigo conseguí hacerme con un ejemplar.

¡Qué decepción! ¡Qué desencanto! ¡Qué tristeza! (hasta el chiste de Arraquis era triste: ¿qué ibas a celebrar Jesús como no sea el mero vacío del número que caricaturizas?).¡Y que editorial de presentación! Me dieron ganas de reproducirlo para comentarlo frase a frase y hacer mofa de la pobreza intelectual de quien lo ha redactado: ¿Martín Sáez? ¿la propia Junta? ¿Javier Arizcuren? (por cierto, Arizcuren, lee en la pag 1 del número 71 lo que escribiste sobre elhAll y mira lo que has hecho de él); pero la sensación de pena por la falta de valores humanos era mucho mayor que la indignación ante la pobreza cultural y me dije que quizás podría contar yo algo en éste mi refugio del LHD para que quien eche en falta la celebración de esa efeméride pueda pasar un rato haciendo recuento conmigo y escuchando alguna anécdota sobre lo que ha dado de sí elhAll.

Desde el ilusionado enero de 1995 en que apareció el número 1 hasta este triste noviembre del 2007 en que se ha editado el número 100 han pasado casi trece años (número de mal agüero) de historia del Colegio de Arquitectos de La Rioja, de los que, mal o bien, ha quedado algún registro en sus páginas. Cinco decanos (Jesús Pascual, Gerardo Cuadra, yo mismo, Pedro Moral y Domingo García Pozuelo); un momento crítico para la esencia colegial de la profesión como lo fue la liberalización de tarifas; varios coordinadores de cultura (Marta, Giovanni, Josemi/Vega, Javier Solozábal jr. y Maite); muchos edificios, pocos planes urbanísticos, muchos artículos de reflexión, muchos e interesantísimos viajes de arquitectura reseñados (no sólo anunciados), mucho debate, tres colaboradores impagables (Pepe Garrido, Javier Dulín y Jesús Ramos) mucha crítica, mucho error, mucha comprensión, mucho respeto, pero sobre todo, sobre todo, mucha pluralidad.
La información como un acto de generosidad y no como un prurito de poder.
Los cien números se han distribuído en estos 13 años de un modo bastante irregular.

Epoca 1: 1995: 12 meses, 12 números (del 1 al 12), director: yo mismo.
La primera anécdota que se me ocurre contar es que quienes vieron nacer ELhALL se sorprendieron de que con tan sólo un año de vida pasara yo voluntariamente el testigo de su dirección. La información es un asunto de generosidad, digo, y no un status de poder, así que no me dolieron prendas dejar que otro lo dirigiera cuando el invento estaba en plena alegría infantil.

Epoca 2: 1996: 12 meses, 12 números (del 13 al 24), director: Enrique Aranzubía.
Lo más divertido de esta época es que durante la misma yo salí elegido Decano del COAR y como no me gustaba cómo lo hacía Enrique lo primero que hizo éste al saber de mi nuevo cargo fue decirme que ponía ELhALL a mi disposición. Ja, ja, ja, nada más lejos de mi intención que quitarle a nadie la palabra, así que le dije que por favor continuara hasta fin de año con su estilo.

Epoca 3: 1997: 12 meses, 10 números (del 25 al 34), director: José Miguel León. La anécdota más significativa de esta época es que Josemi, que era también el vicedecano del COAR, me censuró (¡al Decano!) un artículo que escribí contra la dedo-adjudicación de las palazzinas a Moneo. Hombre, como curiosidad histórica o motivo de fiesta sería interesante sacarlo de su carpeta y ponerlo en este blog.

Epoca 4: 1998: 12 meses, 11 números (del 35 al 45), director nominal Pablo Larrañeta, aunque como he dicho Pablo no dirigió nada y lo hacía todo yo. Jugué a hacer una portada como de periódico con intención de actualidad y nunca dudé en publicar críticas a Elhall como la que hizo Josemi en el número 37. Con la perspectiva que dan los años no creo que él hubiera hecho lo mismo.

Epoca 5: tras cuatro meses de parón se hicieron cargo del hAll Gaspar Aragón y Pablo Larrañeta (igual hizo algo Pablo en esa temporada, eso ya no lo puedo decir). Entre mayo de 1999 y agosto del 2000 (16 meses) editaron 8 números (del 46 al 52). Los tres primeros aún lo hicieron con la maqueta vieja pero en el número 49 renovaron el diseño, la tipografía y el papel, buscando “un cambio de imagen”, y doblaron la paginación. En el número 50 me publicaron un artículo titulado “El Cielo” que la Junta remitió a su Asesor Jurídico para que informase de “las consecuencias jurídicas que pudiera tener para el COAR su publicación”. El informe de Luis Beltrán es una auténtica pieza de coleccionista para la historia de Elhall.

Epoca 6: desde septiembre del 2000 a Julio del 2002 lo dirigió Carlos de Pablo, quien en 22 meses editó 10 números (del 53 al 62) volviendo a las cuatro páginas, excepto en dos números en que las duplicó para exponer los proyectos de dos concursos de arquitectura (el del Ayuntamiento de Rincón y el de vivienda pública en Logroño del año 2001).
Cuando la irregularidad de edición parecía dar a entender que elhAll se estaba muriendo cambió la Junta de Gobierno y Domingo me ofreció volver a dirigirlo. Acepté encantado y esperanzado.

Epoca 7: recuperé la vieja tipografía Times y el papel de hoja parroquial, le cambié la cabecera sin nostalgia de la vieja, y desdoblé sus contenidos en dos cuadernillos: la doble hoja de elhAll estructurado mediante columnas y la doble hoja central y monográfica del hastalaCocina. (La A y la C mayúsculas jugueteaban a recuperar las míticas AC del GATEPAC). Entre octubre del 2002 y febrero del 2005 (29 meses) edité 27 números (del 63 al 89). Durante esa etapa hice mi única “censura” (si cabe llamarlo así) a un artículo de Ernesto Reiner que aireaba los errores informáticos del COAR bajo responsabilidad de Alfonso Samaniego, aunque finalmente lo compensé largamente con una entrevista a su autor: véase el número 75, pag 3. (Puestos a hacer historia voy a colgar hoy mismo ese artículo como Cascote a la vez que este LHD).
En el 83 publiqué en primera página el furibundo ataque del ex Decano Jesús Pascual (Crónicas Marcianas) contra mi manera de llevar elhAll y en el 89 el “ACUERDO DE LA JUNTA DE GOBIERNO” que acababa con esta hermosa etapa. Resulta curioso saber que uno de los que jalearon a la Junta para que me descabezaran fuera el propio Ernesto Reiner quien envió una indecente carta a la Junta (en la que estaba su atacado Alfonso Samaniego) que mis servicios secretos de espionaje me permitieron leer. Creo que no hice copia ni la guardé, así que no podré publicarla junto con los anteriores dos textos en estos fastos del centenario.
En fin, cerrado elhAll en febrero del 2005 con un hC bastante malo de Pablo Larrañeta sobre Asplund en el que éste no se dignaba mencionar quién le había llevado a Suecia a ver la obra de Asplund ni quien se había tomado la molestia de enmaquetar con mimo un texto más propio de estudiante que de otra cosa (de “agradecidos” está el infierno lleno, que decía Sancho), un día de esa triste primavera del 2005 me encontré con el argentino y advenedizo Martín Sáez y viendo que quizás él podría evitar que elhAll muriera, le sugerí que se animara a levantarlo. En mala hora: es mejor un muerto digno que un vivo muerto.

La octava época de Elhall (en el editorial del número 100 dicen que ha habido nueve etapas diferentes pero el salto de la octava a la novena, producido entre el número 95 y 96, ha sido tan imperceptible y caprichoso que nadie se ha dado cuenta) comenzó en julio del 2005 con el número 90, así que en 28 meses Arizcuren y Martín han editado 11 números con un formato que rompió el tradicional DINA3 y le metió papel couché, colorines y volvió a quitarle la legible Times. Una revistilla para ver y no leer, un collage invertebrado y abstracto de letras y fotos que en su insistencia y continuidad parece querer demostrar una y otra vez que está más muerta que viva.

Hago sumas y me sale que de los 100 números editados aún estoy en mayoría pues bajo mi batuta se han hecho 51 y en los restantes colaboré nada menos que en 27 de ellos. En la última etapa y a excepción de una mala cita del número 95 han evitado nombrarme (como hacían los stalinistas con las fotos) dándome por desaparecido. ¿Son estos los mismos de la tan cacareada memoria histórica?
En fin, siga siendo yo ingenuo o iluso lo que ya puedo certificar es que, si llegando al número 100 no han sido capaces de hacer absolutamente nada para celebrarlo, elhAll está definitivamente muerto. Y ya no me molestaré más en buscarlo ni por el mero vicio del coleccionista.

R.I.P.

miércoles, marzo 14, 2007

149. MISERIA


¿Hasta donde va a llegar la miseria de la actual Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos? ¿No hay ni una sola voz discrepante entre sus miembros? No digo una dimisión, sino tan solo una voz discrepante (¿a qué esperas, Noemí Grijalba? ¿todavía no te has dado cuenta en dónde y con quién te metiste, Fernando García?) ¿Y el resto del colectivo? ¿Qué es de la voz crítica de los que apoyaron al actual Decano a seguir en el cargo? (¿te queda algo de sentido crítico Gaspar Aragón?) ¿Y qué es de los que directamente discrepan de la línea de la Junta? ¿Nadie es capaz de ver el nivel de miseria a que han llegado? ¿Nadie ve lo que eso afecta y humilla a la profesión?

Os doy dos datos para que os hagáis una idea de hasta donde llega su forma miserable de actuar:
1) A comienzos de febrero solicité mi baja en el Colegio mediante una carta bien argumentada a la que todo interesado puede tener acceso en la red: LHDn122. Pues bien, mes y medio después todavía no me han contestado de forma oficial, ni personalmente, ni por circular.
2) Uno pudiera pensar que es por lentitud, desidia o pereza en responder a tan difícil reto, pero no es así porque acabo de tener una muestra de su rápido proceder para conmigo: este mes ya no he recibido elhall, ese boletín que yo fundé y que no sólo reciben gratuitamente los arquitectos sino mucha otra gente no colegiada interesada en la arquitectura. ¡Qué miseria! ¡Qué miserables! ¿Será porque soy el único que lo leo? (Martín Sáez: ¿te queda algo de dignidad? Demuéstralo, hombre; ¿y tú, Ernesto Reiner, qué tal si das por fin la cara y pides disculpas por aquella carta de sabandija que escribiste a la Junta sobre el anterior hall? ¿o estás más contento con éste modelo de publicación que no me envían, en la que me han dicho que hasta has vuelto a escribir?).

Como profesionales y ciudadanos, creo que todos estamos bastante abochornados del grave deterioro de los niveles de convivencia a que nos están llevando todos (o casi todos) los políticos de este país con sus lamentables declaraciones y contradeclaraciones mezcladas siempre con más insultos que argumentos y que han acabado por extender a los cuatro años de una legislatura lo que podía ser un acotado mes de pelea electoral. Y como profesionales y ciudadanos también empezamos a ser conscientes de que para salir de este peligroso camino se necesita de gente sensata que mire las cosas desde una perspectiva diferente: la del trabajo cotidiano, por ejemplo, o la de las lecciones de la historia y la distancia que da el análisis y el estudio. Es un momento ideal para que los colectivos profesionales, por ejemplo, se desmarquen de ese triste espectáculo y sujeten el andamiaje de la vida cívica.

Pero lejos de ello, muy lejos de ello, el colectivo de los arquitectos, el nacional con Hernández Pezzi a la cabeza (véase LHDn141) y el regional con Domingo como titular, parecen estar jugando con sus artículos y declaraciones a una de las bazas políticas en lid sin reparar en el grave daño que le están haciendo al colectivo por ellos representado y sin tener el más mínimo sentido del deber que en estos graves momentos tienen contraído con la sociedad en dar ejemplo de unos valores que apunten algo más alto que el nivel en que celebran el juego los políticos y los periodistas.

Sí, ya sé lo que me vais a decir: que mis críticas siempre hacen daño a alguien y que eso parece ir en el mismo sentido que la pelea de gallos en que se ha convertido nuestro panorama social. Ya lo sé, ya lo sé, no creáis que no lo pienso. Muchos días me gustaría callarme, hoy mismo por ejemplo, y no decir nada: salir al campo a dar un paseo por entre los bellísimos árboles en flor y traer una fotito hermosa para este blog con cuatro comentarios sobre la primavera. Pero creo que con ello estaría dejando vacía una pieza muy necesaria en el engranaje social. Mi voz no va en el sentido de la greña política. Yo sólo soy una voz crítica y no me represento más que a mí mismo. Y esa crítica individual (sin tribuna pública alguna/accesible sólo para quien la busque en la red/ generosa y altruista, es decir, sin compensación económica alguna/ mejor o peor, más acertada o errada) es mi modesta contribución al estudio de la arquitectura local y de la vida social. Hago crítica bajo el mismo juramento hipocrático con que un médico hace daño: sólo para intentar sanar. No confundir, por favor, los cargos de responsabilidad social con las voces críticas individuales. Ese es un gravísimo error. Y es por ahí por donde empiezan las miserias.

Esas miserias que practican algunos de nuestros compañeros arquitectos que ostentan cargos de representación; algunos conscientemente, y otros por contagio o por pereza. Con los primeros no hay nada que hacer, pero de los segundos aún espero una pequeña muestra de dignidad: consigo mismos y con la profesión.

miércoles, enero 17, 2007

111. ARQUITECTOS ESTRELLA




El ataque a los arquitectos-estrella empieza a ser tan lugar común entre los arquitectos aficionados a la escritura, que creo que me voy a salir rápidamente del redil y voy a empezar a asumir su defensa.
Hace ya tiempo que Fernández-Galiano juega con la doble baraja de vivir de los arquitectos estrella (un arquitecto-estrella es un invento -o un producto- de los medios de comunicación de la arquitectura) y de darles de vez en cuando algún tizonazo para… -digo yo-, reivindicar su autoría: los creadores siempre se vuelven celosos cuando las masas se adueñan de sus productos. Unos meses atrás, William Curtis se paseó también por aquí dando estocadas a los arquitectos-estrella para vender mejor su libro de la arquitectura moderna (v LHDn71). En nuestro hAll, qué digo nuestro…, en elhAll de la Junta de Domingo, los voluntariosos Gaspar Aragón y Pablo Larrañeta se despachan a dúo en su apocado y abstracto estilo contra el espectáculo de los arquitectos estrella. En el periódico de Polanco, el miércoles 10 de enero, un arquitecto llamado Salvador Moreno Peralta publicó un bien escrito artículo titulado ingeniosamente “El Lugar soy Yo”, en el que les “daba pal pelo” a esos arquitectos que les da igual poner sus chismes en la zona cero que en Triana (bueno, a ese no le daba muy duro, porque parecía de la casa); etc. etc. etc.

Para empezar con la defensa, el primer argumento que se me ocurre es desmontar la novedad. Los arquitectos-estrella no son un invento de ahora, sino que se remontan al siglo XV (por lo menos). Lo único que ha cambiado es la autoría del producto: antes se fabricaban en los exclusivos canales de comunicación de la aristocracia o la iglesia, y ahora en los mass-media. En la primera mitad del siglo XVI a Miguel Angel se lo disputaban los duques y los cardenales con la misma ilusión que tienen ahora los alcaldes por conseguir una obra de Zaera o Gehry. Y cuando lo conseguían, lógicamente Buonarroti “hacía suyo el lugar” en vez de ponerse a su servicio. La invención del “artista” y su evolución histórica son asuntos que están perfectamente documentados y no es cuestión de abrumar a sus señorías con ejemplos, así que la única diferencia que cabe observar entre los primeros “artistas” y los últimos “arquitectos-estrella” está en relación con su facilidad de desplazamiento (que no es poca). La estrecha correlación (o complicidad) entre la vanidad de los príncipes y la de los creadores es exactamente la misma.

Me llama la atención por ello que el actual rebaño de detractores de los arquitectos-estrella utilice como argumento contra éstos la “honestidad” de los artistas de la modernidad. Amén de las citas que pudiera hacer de las cosas que dicen nuestros compañeros más próximos, o las que decía Curtis a la prensa, presento como prueba el final del mencionado artículo de Salvador Moreno Peralta en el diario de mayor tirada de el país: haciendo referencia a los “apóstoles” del Movimiento Moderno afirma muy solemne que “quizás se pasaron de fundamentalistas o de ingenuos en su pretensión de lograr un arte total, pero por lo menos nadie les pudo negar su decencia”.

Hace un par de años pasé una mañana en Baltimore, ciudad norteamericana próxima a Washington DC, y al poco de salir de su “rehabilitado” puerto para ver los edificios de su interior (y buscar la tumba de Poe, que era nuestro objetivo fundamental, dicho sea de paso) topamos con un rascacielos (ver foto) que nos movió a la sorpresa: cooñó, si es como el Seagram, ¡vaya cara! Estos americanos copian arquitectura como los tanos las ropas de marca.

Picado en la curiosidad, compré una guía de arquitectura de la ciudad en una de las pocas librerías que encontramos al paso, y cuál no sería mi sorpresa cuando vi que el “Seagram” de Baltimore era obra de…, ¿a que no se imaginan Vds quién? pues de… ¡Mies van der Rohe! si señor, el mismo Mies van der Rohe del Seagram original de Nueva York en Park Avenue. Era Mies el que se copiaba a sí mismo. Las condiciones de ubicación de uno y otro no tenían nada que ver pero el edificio era clavado. O primo gemelo. ¿Quién iba a imaginar que hubiera un Mies en Baltimore? No lo había visto en ninguna historia de la arquitectura. (Por si alguien quiere datos, se llama One Charles Center y es de 1962, es decir, cuatro años después del exitoso Seagram).

O sea que…¿nadie les pudo negar su decencia…? Será porque nadie se haya puesto a hacerlo, pero no por la honestidad con el lugar de algunos de ellos. Bueno, nadie no, hablando de los maestros del “movimiento”, ahora recuerdo que también escribí algo sobre Breuer mucho antes de que Peralta enviara su artículo al El País (ver elhalln77, cuadernillo hc15; si no lo ha quitado el COAR estará aún en internet).

Concluyo: no voy a ser yo quien me enfade porque se les atice a los arquitectos-estrellas, pero en la carga no vale todo. Y lo que menos, defender a unos santos frente a otros porque sean los nuestros. Como antaño con las vírgenes en los pueblos.