Buenas tardes y muchas gracias a Pablo Pérez D'Ors y a la Fundación March por invitarme a hablar sobre arquitectura y arquitectos en un ciclo cuya parte más sustancial parecía dirigida en su propuesta inicial a echar una nueva mirada más o menos académica a la arquitectura vernácula mediterránea pero que de antemano se proponía también bajo el provocativo título de una "arquitectura sin arquitectos" que al final ha quedado en el más llamativo "cuando el arquitecto sobra" (!) que habrá motivado quizás que venga a vernos algún arquitecto con un ladrillo bajo la gabardina... para tirárselo al ponente.
Como el encargo inicial venía dado con estos tres titulares, estuve dando vueltas a ver cómo podía responder a ellos desde los temas que han ocupado mis pensamientos en mi vida profesional y más o menos, el esquema de lo que les voy a contar podría quedar así:
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Tan a costumbrados estamos a pensar que los edificios son creaciones de los arquitectos que a cualquier persona contemporánea que se haya parado a admirar esos prodigiosos edificios que son las catedrales góticas le parece inaudito que los guías o los historiadores desconozcan el nombre de sus arquitectos. O que esos nombres no aparezcan en los folletos o incluso en los libros más sesudos. Para sacarles del desconcierto a esas personas podemos acudir a dos explicaciones:
La primera es que esos magníficos edificios eran tan obra colectiva como la construcción de este pajar que veíamos en la película UNICO TESTIGO...
... en la que el edificio surgía de un modelo que todo el mundo llevaba en mente
La segunda respuesta a esa pregunta de la autoría oculta es recordar el lema que Bernardo de Claraval le dio a la Orden de Caballería que quería recuperar para la cristiandad el templo de Jerusalem, un lema que valía igual para un caballero que para un cantero de catedral: "no a nosotros señor, no a nosotros, sea a tu nombre dada la gloria".
Hay un momento, sin embargo, en la Historia de la Arquitectura o en concreto en la Historia de la Construcción de las Catedrales, un momento, digo, en que se planteó un reto tan complicado que solo un hombre supo resolver y que seguramente, llevado de esa genialidad, no escondió su nombre.
Siendo yo estudiante de arquitectura en Barcelona durante los últimos años del franquismo en que solíamos tener la Escuela cerrada por huelgas y protestas, tuve la suerte de leer en la HISTORIA DE LA ARQUTECTURA DEL RENACIMIENTO los entresijos del problema de la construcción de la cúpula de la catedral de Florencia y el nacimiento de la figura del ARQUITECTO en Filipo Brunelleschi,una historia que me dejó profundamente impactado porque con ella entendí que los arquitectos tal como los conocemos ahora están ligados en su origen a una fecha más o menos concreta: el comienzo del siglo XV.
Justo el mismo momento en que el último gran cantero de la catedral de Palma, Guillem de Sagrera, que había labrado la puerta del lado de la epístola o fachada sur que hemos visto anteriormente, levanta nada menos que la Lonja de esta ciudad, ganándose para la historia el nombre de arquitecto (como muy bien dijo aquí Carlos García Delgado cuanto contó hace un par de años la historia de la ciudad de Palma)
El arquitecto es un albañíl que habla latín. Adolf Loos
Brunellesch funda en Florencia un lenguaje para la arquitectura que va evolucionando:
Un lenguaje que se "amanera" . Il Gesu, Vignola - Giacomo de la Porta
se hace Barroco. Borromini
se vuelve a depurar, neoclasicimo, Juan de Villanueva, Museo del Prado
y atención, entra en crisis en el siglo XIX con el romanticismo: la arquitectura de los arquitectos deja el latín y adpata cualquier lenguaje, incluidos los anteriores al latín: neogótico, neorrománico, neomujejar, neo neo lo que sea...: eclecticismo
A partir de Brunelleschi y/o de Guillem de Sagrera, la Historia de la Arquitectura va a ir ligada cada vez más a la historia de los arquitectos, cuyos nombres vamos descubriendo poco a poco entre el siglo XV y el siglo XX: Alberti, Juan de Herrera, Bramante, Miguel Angel, Bernini, Borromini, Guarini, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva, Palladio, Silvestre Pérez, etc etc etc. hasta llegar a un siglo XIX en que vemos que en la construcción de las casas de los ensanches de la ciudad burguesa conviven dos formas de producción de la arquitectura: por un lado las casas de los maestros de obras que siguen construyendo desde su organización gremial en la que el maestro no es un artista-arquitecto y las casas de los arquitectos-artistas, como Domenech y Muntaner, Puig y Cadafall, o Gaudí, por citar a los más conocidos de nuestro entorno, que seguirían la estela o estirpe de Brunelleschi.
Antes de seguir, una tesis evolutiva sobre la arquitectura:
Dentro de esta búsqueda de estilos a los arquitectos de finales del s XIX y cominezos del XX les da por buscarlos en la arquitectura popular, o la arquitectura sin arquitectos, la arquitectura "regionalista"
Leonardo Rucabado
José Enrique Marrero Regalado. Estación de Areta de estilo "neovasco"
En los comienzos del siglo XX, es cosa sabida también por la Historia del Arte, asistimos a una especie de acabamiento del repertorio estilístico por el que había transitado la arquitectura desde el Renacimiento, llegando a una especie de retorcimiento patológico de las formas (modernismo) o a una crisis del arte de la arquitectura fundado en los estilos que hace que los arquitectos se interesen por la arquitectura popular, o como se decía entonces por la arquitectura "regional", dando lugar a esas páginas de la historia de la arquitectura llamadas de estilo "regionalista" en las que podemos encontrar a Leonardo Rucabado, a Teodoro Anasagasti, Aníbal González o al mallorquín Francisco Roca Simo. Y ese interés por la arquitectura regional o popular (por esas arquitecturas sin arquitectos...) se ve reflejada en una primera oleada de libros como
Parecía que la nueva arquitectura de los arquitectos del siglo XX iba a tener como referencia directa la arquitectura popular de las orillas de nuestro mar (el mare nostrum) pero lo cierto es que las arquitecturas y las ciudades que surgen de ese éxito de la modernidad minimalista provocan una segunda crisis de la profesión.
Marsella. Arquitectura blanca sí, con valores modernos pero un arquitecto lo hace todo (!)
... así que en 1964, en el Moma de Nueva York, un arquitecto moravo de formación vienesa y madurez en Estados Unidos, preparó una exposición con el título de este libro que mostrando las bellezas del mundo de arquitecturas sin arquitectos ponía en duda la propia figura de los arquitectos. La exposición fue un éxito, el libro también, hasta el punto de que hace cuatro años una editorial riojana con la que tengo algún que otro vínculo, lo ha vuelto a reeditar.
Los años sesenta, recordemos un poco la historia, fue la década de la llamada CONTRACULTURA, es decir, de todo ese movimiento juvenil en contra de la "cultura oficial" más o menos académica y establecida, por lo que quienes nos iniciábamos a la arquitectura en aquellos años teníamos más o menos dividido el corazón entre si seguir la vía de la historia, la de la arquitectura de los arquitectos o volver una vez más nuestra mirada hacia las arquitecturas populares. Fruto de esas inquietudes fue la abundante producción editorial de libros, algunos monumentales, sobre la arquitectura popular...
El magnífico libro de los hermanos asturianos Efrén y José Luis García Fernández de 1972
que yo tenía ubicado en mi biblioteca erroneamente en la sección de "dibujo" en vez de en la sección de la arquitectura popular o sin arquitectos
La voluminosa obra de Carlos Flores de 5 gruesos volúmenes editados entre 1973 y 1978
La que empezó a hacer en paralelo (1974) Luis Feduchi con secundarias intenciones turísicas llamandola Itinerarios
U obras más atentas a los detalles constructivos o decorativos como esta de 1976 de Claret Rubira
O esta otra más tardía y próxima a ustedes de 1997
Del ámbito internacional también nos llegaban cosas en aquellos años como este libro del rumano-canadiense Norbert Shoenauer
o este otro mucho más cercano a las tendencias contraculturales de aquellos años
Dos libros de teoría intentando superar la crisis la arquitectura moderna:
Robert Venturi pide ayuda al Pop, o sea a la imaginería popular
El teórico de la tipología edificatoria y la morfología urbana también dice en su autobiografía científica que para salir del atolladero va a ser necesario un gran apoyo popular
ARQUITECTURA VERNÁCULA
Pero, para mí, el texto teórico más importante para fijar los conceptos y marcar alguna diferencia entre las arquitecturas primitivas, la populares y las vernáculas fue el que se publicó en este número doble de la revista 2C CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD...
en el que estos tres arquitectos catalanes, Jeroni Moner, Arcadi Pla y Josep Riera señalaban que solo se podía hablar de arquitectura vernácula cuando las construcciones primitivas o populares cuajaban en un tipo organizativo o espacial vinculado a un espacio geográfico concreto. Así el caserío vasco, la masía catalana, el horreo gallego, la panera asturiana, o la barraca valenciana, etc
Con esos conceptos yo intenté buscar en aquellos años algún tipo de arquitectura vernácula en mi región, La Rioja, y di con dos tipologías que podían estar a la altura de las mencionadas: la casa serrana camerana y las casas solariegas del valle del Ebro...
...sobre las que inicié en 1983 un extenso trabajo de búsqueda y documentación que al final he sacado de mis carpetas de fotos y notas y lo he dado a conocer gracias al invento de los blogs, como es el caso de este que ven aquí.
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Pero en ese mismo año de 1983 cayó por casualidad en mis manos un libro que había sido editado en España por GG en 1979 y del cual yo no había oído que nadie hubiera dicho nada. Un libro titulado EL MODO INTEMPORAL DE CONSTRUIR que venía a ser (al menos para mí) como la gran teoría de la ARQUITECTURA SIN ARQUITECTOS. Es decir un BOMBAZO.
El autor del libro era este profesor austriaco llamado CHRISTOPHER ALEXANDER del que en los años sesenta nos habían llegado algnos ensayos sobre su interés en el diseño por computación (!) pero que en los setenta desde la Universidad de Berkeley en San Francisco dio un giro copernicano a sus pensamientos sobre la arquitectura a partir de un encargo que hizo a varias universidades la UNESCO para intentar poner algo de orden o de arquitectura en las invasiones que se estaban produciendo en las ciudades de hispanoamérica.
Pues bien ante esa experiencia, Alexander observó que a pesar de la pobreza de medios con que los indígenas construían por la noche los poblados de invasión y de los resultados aparentemente lamentables, en esos procesos de autoconstrucción se ponían de manifiesto algo así como una serie de pautas o "patrones" que los propios indígenas traían consigo, pautas o patrones aprendidos desde tiempos inmemoriales de una forma espontánea y natural... como quien aprende el lenguaje con el que habla. Y que esas construcciones de los pobladores eran seguramente mucho más próximas al modo de vida de las gentes que las hacían que no las que les pudieran ofrecer los arquitectos desde vaya uno a saber qué presupuestos formales o estilísticos establecidos por la profesión, por las modas o las universidades.
EL MODO INTEMPORAL DE CONSTRUIR nace de la idea de que dejar la construcción de tu casa o de tu barrio en manos de un personaje con otros pájaros en la cabeza va a dar resultados mucho más fríos y alejados de los propios acontecimientos de la vida de los pobladores que los que puedan construir sus mismos destinatarios. Es un libro hermoso y hasta poético, diría yo, fácil de leer para los no profesionales, un libro que asocia la buena arquitectura no tanto con valores formales o estilísticos sino con la propia salud y los momentos más auténticos de los usuarios que la habitan. No cabe en esta charla un análisis pormenorizado de los pensamientos sobre los que se construye dicha teoría pero sí decir que este primer libro no se entiende bien si no se hace uno con el que vino a continuación que es este que ven aquí:
UN LENGUAJE DE PATRONES contiene el exhaustivo empeño en enunciar o recuperar aquellas relaciones formales o espaciales que constituían el saber colectivo de construir y que por haber dejado la arquitectura en manos de los arquitectos, la gente ha olvidado. No es fácil entender lo que es un "patrón" pero por asimilarlo al lenguaje hablado sería como una "frase hecha" que funciona desde siempre. UN LENGUAJE DE PATRONES es una colección de 248 "frases" divididas en tres apartados: 1) las referidas a la ciudad, sus calles y sus barrios, 2) las que tratan de los edificios y todas sus partes, y 3) las que versan sobre los aspectos constructivos de los mismos
Tampoco es cuestión ahora de dar un listado de toda esa cantidad de patrones pero para que vean el carácter holístico que abarcan les muestro por ejemplo este de BAILE EN LA CALLE, que es toda una reivindicación de un uso para la calle que ya nadie piensa.
O el patrón COMER JUNTO AL RÍO, que es otra reivindicación urbana de las orillas de los ríos, perdidas desde hace tiempo por las exigencias de los ecologistas.
El patrón ABRIRSE A LA CALLE pide que la actividad de los talleres de las plantas bajas no se esconda en el interior sino que sirva para exposición no tanto de los productos como de la propia actividad de los mismos.
El patrón TRANSICIÓN EN LA ENTRADA valora los espacios intermedios entre la casa y la calle, como el portal, el hall, los cambios de dirección, las diferencias de nivel etc.
El patrón GABINETES hace referencia a lo agradable que resulta compartimentación de los grandes espacios en otros más pequeños pero articulados con el principal, tales como ese pequeño comedor, o el rincón de la chimenea, el mirador, etc. que cuando no se entienden con una foto Alezander lo explica con un dibujillo:
El patrón LUGAR VENTANA con el que insta a evitar que la ventana sea algo tan triste como un simple agujero en un muro o aún peor, una pared de cristal, y que por el contrario sea motivo de creación de un lugar, o un "pequeño gabinete".
Fijense en la belleza del patrón LUZ FILTRADA con estos dos ejemplos de arquitectura mediterránea, la albenda...
...o la mallorquina, que produce esa penumbra tan relajante ante la fuerte luz del sol mediterráneo
Una mirada así a las arquitecturas de siempre, o a los elementos de las ciudades y arquitecturas sin arquitectos no cayó muy bien en el mundo profesional hasta el punto de que la editorial GG nunca volvió a reeditar estos dos grandes no, inmensos libros de arquitectura. Cuarenta años después un alumno mío de la Escuela de Artes Aplicadas de Logroño que creó la editorial Pepitas de Calabaza ha editado el primero de ellos, cambiando lo de INTEMPORAL por ATEMPORAL, y obsequiándome a mí con prologarlo
Pero de la reedición de EL LENGUAJE DE PATRONES no tengo noticia y mucho me temo que solo sea accesible en bibliotecas o acaso en algún pirateo de internet. Para el caso, lo mismo da porque por muy buena que sea la TEORÍA DE CONSTRUIR ATEMPORALMENTE CON UN LENGUAJE DE PATRONES, los acontecimientos llevan una deriva que hace muy improbable que la gente pueda volver a hacerse sus casas y sus ciudades como antes del siglo XV.
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Y es que algunos datos y algunos hechos son incontestables. La evolución demográfica es tan arrolladora que en en los últimos cincuenta años hemos tenido que hacer tantas casas como las que había cuando Alexander publicaba su teoría y esta masificación de la vivienda, anunciada ya en las propuestas de los arquitectos modernos, viene asociada al hecho de que vivienda ha dejado de ser un bien raíz o un lugar familiar, para ser bien un problema de Estado o bien un valor de mercado, un fondo de ahorro, vendible e intercambiable con su precio como máximo referente. Tanto en un caso como en el otro, los arquitectos han desplazado su trabajo hacia una solución técnica o burocrática del problema pasando a ser, según la definición del siempre ingenioso Félix de Azúa, auténticos "ingenieros del almacenamiento humano".
Por otro lado, los medios de comunicación, tanto generales como profesionales, han desatado la búsqueda de formas originales y sorprendentes hasta un punto en que la arquitectura se ha convertido en un ejercicio delirante de puro formalismo en busca del éxito mediático. Lo que al final he venido a llamar como "guguenjitis"
Si mezclamos la arrolladora fuerza de los datos del problema del alojamiento humano con esas dos tendencias de la profesión, dentro del esquema evolutivo o metáfora que les presentaba en la primera parte, no se me ocurre dar otro nombre al momento actual que el de "bola de nieve".
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La pregunta que proponía como tercer tema de esta charla recordarán que era ¿y qué pintamos los arquitectos ahora?
De ahí que mi obra principal haya sido este pequeño manual en el que trato de poner en orden las palabras referidas a la creación y construcción de edificios y ciudades...
La otra cosa de la que me di cuenta desde que me casé con una estudiante de medicina a quien le solía encuadernar sus apuntes, es que, comparados con la pretendida exhibición de belleza de mis libros de arquitectura, tanto sus apuntes como sus libros eran espantosos de feos: todo patologías, heridas, eczemas y cosas así. Pero que mientras los hermosos libros de arquitectura no me resolvían el problema de la creación en arquitectura, los libros de los médicos parecían ser mucho más eficaces.
Convencido de que la arquitectura de los arquitectos se había convertido en una ruina di en coleccionar sus "cascotes", los cascotes de los arquitectos usando el sarcasmo como modo de presentación.







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