martes, octubre 09, 2007

PESADILLA EN BUENOS AIRES



Tiene su cosa este edificio de Buenos Aires ¿verdad? porque se parece a las Bodegas Darien recientemente inauguradas en Logroño pero “pinchadas en un palo”, es decir, subidas encima de una caja de cristal girada y otro medio edificio.

Coincidió que inauguraban esas Bodegas justo el día anterior de irme a Buenos Aires y aunque me invitaron al acto y pude haber ido, no quise, y ello por dos razones: primero porque arquitectónicamente no me interesan lo más mínimo, y segundo, porque personalmente no tenía ningunas ganas de encontrarme con su arquitecto después de que escribiera aquel artículo insultante en Elhall titulado “Crónicas Marcianas” para que me echasen de allí, cosa que finalmente consiguió.
Bueno, pues mira lo que son las cosas, la imagen del edificio de las Darien me persiguió hasta el otro hemisferio. Así de pelma (así de pesadilla) es la arquitectura “moderna”.

Como este viaje venía a ocupar el lugar de los que yo organizaba para los arquitectos, aún me asaltó la inercia de prepararlo desde el punto de vista arquitectónico, y aunque no llegué a hacer un libro-dossier previo como los que he realizado para tantos viajes COAR, sí que me documenté un poco. El caso es que lo hice con una especie de doble nostalgia: en primer lugar porque yo tenía una cierta devoción hacia las publicaciones argentinas, tan frecuentes en mis años de formación arquitectónica; y en segundo lugar porque herida y alocada la arquitectura aquí y en el resto del mundo, ¿qué no me iría a encontrar en un país también herido y desorientado? Pues ya veis, las Darien varadas en lo alto de un edificio de su city.

Uno de los libros más sensatos de Teoría de la Arquitectura que se escribieron en el siglo pasado para estudiantes fue sin duda el de Enrico Tedeschi, arquitecto y profesor en Mendoza. Lo saqué con devoción de su estante preguntándome qué habría sido de él y si habría dejado más rastro. Ni idea. Luego miré la larga serie de libros de arquitectura que tengo de las editoriales Infinito y Nueva Visión, especialmente todos los famosos panfletos de Le Corbusier. Qué tiempos aquellos. Parecen lejanísimos pero... ¡sólo han pasado treinta años!

Por supuesto, releí el inevitable e indigesto tocho de Ramón Gutierrez (Arquitectura y Urbanismo en Iberoamérica) en sus pasajes dedicados a la Argentina, los más críticos y desazonadores del libro por la condición local del autor. No le entendí muy bien en lo referente a la deriva de los arquitectos de vanguardia durante el peronismo (cap 21) pero luego de leer el didáctico libro de la economista María Seoane comprado en La Plata (Argentina, 1900- 2003, El siglo del progreso y la oscuridad, ed Crítica) ya me hice perfectamente cargo de la soberbia y el elitismo de los arquitectos de la modernidad (¡como si no les conocieramos…!).

También me acordé de haber leído un libro farragoso de Marina Waissman (La estructura histórica del entorno, ed nv), una escritora argentina de arquitectura que Galiano fichó junto a Gutiérrez y Segre para sus AVs a fin de despistarnos todo lo posible sobre el panorama arquitectónico latinoamericano. Revisé la ficha que hice del libro cuando lo leí y me llevé una grata sorpresa porque, aunque diletante y aburrida, la autora intenta construir una teoría que encaja perfectamente con mi idea de la Guía de Logroño. Más o menos su tesis es que la historia de la arquitectura debe dar paso a la historia del entorno. Lo escribió en 1977 y yo lo leí en el 92. Algún día podría transcribir aquí la reseña que hice para mi uso personal. Más que nada para hacer unas risas porque no creo que nadie esté interesado en esas teorías (ni la propia Waissman, supongo, luego vendida a las páginas de Galiano).

También en aquel hAll de mis amores (y dolores) Iñaki Gómez escribió una cosilla sobre las galerías comerciales de Buenos Aires (n 73, sep 2003), así que, buena ocasión para releerla.

Con toda esa empanada y con la que traían los argentinos desde dos siglos atrás entre las preferencias francesas, inglesas o neocoloniales, ya me imaginaba la arquitectura que me podría encontrar allí. Lo que no me esperaba es que en la antigua capital del libro de arquitectura en castellano no hubiera ni una sola guía de arquitectura de Buenos Aires o Argentina, y ni una sola Historia de la Arquitectura Contemporánea del país. Aburrí y hasta cabreé a mi familia preguntando una y otra vez en todas las librerías con buena pinta por alguna pista meramente documental y se rieron de mí cuando después de encontrar la especializada C67 en un desconcertante pasaje de la calle Florida, tampoco había nada en ella más que los mismos libros (Blanca Lleó, Ignasi Sola-Morales, William Curtis, etc.) y las mismas espantosas revistas (El Croquis, AVs, etc) que hay en cualquier librería medianamente especializada de aquí. Alucinante.

En la Biblioteca Nacional (a la que fui buscando algún rastro de Borges pero no lo encontré/ más que para un post el asunto ha dado para una carta a un amigo) vi que años atrás se habían editado datos de arquitectura en varios librillos con formato de guías (edificios monumentales, arquitectura de 1930 a 1960, etc.) pero no me dio tiempo más que a echarles una ojeada.

A falta de otra cosa me traje para mi biblioteca todos esos típicos libros que venden para turistas con dinero (Buenos Aires desde el aire (de los peores que tengo de este tipo), Buenos Aires 1915-1940, Esquinas de Buenos Aires, etc.) e hice montañas de fotos con la digital (que es gratis), pero no es cosa de ponerlas aquí sin un guión. Creo que con la que abre este post ya nos hacemos una idea de lo claras que tienen por allí las ideas.

Vamos, como por aquí.

martes, octubre 02, 2007

MUJERES



Me gustan tanto las mujeres que me horroriza verlas en el redil. Me parecen singularmente tan inteligentes, tan sensibles, tan eróticas, tan dotadas de intuición y de sentido común, y además de ello, tan sacrificadas, ordenadas, disciplinadas, trabajadoras, etc. etc. etc. que no soporto verlas en rebaño.
Pues nada, muchas de ellas erre que erre. Al rebaño. Al redil. A la masa.

Así también desde que trabajan en arquitectura.

El día 1 de octubre se inauguraba el curso en mi Escuela de Diseño y como no se había programado lección inaugural alguna les sugerí a mis alumnos que acudieran a la conferencia que la arquitecta Carmen Espegel (en la foto) iba a dar esa misma tarde en el COAR sobre el papel de las diseñadoras y arquitectas colaboradoras de los grandes “maestros” de la modernidad (Le Corbu, Mies, May, Aalto, etc.). El periódico lo pintaba bonito (¡ay!, ¿pero cómo soy aún tan ingenuo de fiarme del periódico?), mis colegas me dijeron que podía estar bien, y la verdad es que el tema prometía: puesto que los arquitectos modernos hicieron ascos de la decoración, el interiorismo de la casa moderna seguramente estará en deuda con estas mujeres colaboradoras en los diseños de sus cocinas, amueblamientos, textiles, etc.

La conferencia fue tan mala que me sentí culpable de haber hecho perder a algunos de mis alumnos (por suerte pocos) una buena tarde. En penitencia me quedé hasta el final, cosa que no hubiera hecho de haber estado libre de culpa. Y de ese modo tuve la suerte de oír los encendidos elogios finales de nuestro Decano a la sabiduría de la conferenciante. En el Colegio de Arquitectos se sigue sin distinguir entre la cortesía institucional y el timo cultural . Y lo peor es que ya no tienen nadie en elhAll para recordárselo.

Espegel se pasó toda la conferencia deshaciéndose en grandilocuentes adjetivos hacia las arquitectas de la modernidad sin dar un mínimo dato de rigor sobre la investigación de sus aportaciones creativas. Todas eran grandes luchadoras por la justicia, la igualdad, cuando no por el comunismo y las libertades, amén de encontrar siempre el mejor uso de los materiales e incluso ¡el espíritu de los materiales! (esta última expresión la repitió en varias ocasiones sin dar mayor explicación). Pero de la labor en los despachos, del día a día, del papel de ellas en sus estudios, de su relación con ellos, de su participación real y comprobada en las realizaciones de los santos maestros, nada de nada. Vaya fiasco. Cuando el gran mérito de una mujer es ser mujer hemos llegado al nivel cero de la cultura (como cuando el mayor mérito de un ser humano es ser catalán, o vasco, o argentino, o… español, pongamos por caso, aunque no sé si queda ya alguien que vaya de esto último).

Puestos a hablar de arquitectura nada peor que elogiar el trabajo arquitectónico de las mujeres por ser mujeres y dar conferencias ejerciendo de mujer para obtener el mismo reconocimiento por el mero hecho de ser mujer. Beeeeeeee. Y tengo entendido que esta mujer hasta ha escrito un lauredado libro, beee, beee, beee, para el Instituto de la Mujer, beeeee.

Lo único que puedo decir para consolarme de tan aciaga tarde es que ni por esas me va a quitar mi afición, mi atracción, mi deseo y mi gusto por las mujeres. Como seres humanos, claro, o sea, como seres singulares.

(Quien las prefiera en rebaño y con divisa de arquitectura tiene documentación abundante en está página: http://www.lamujerconstruye.org/NOTICIAS/noticias.htm)

miércoles, septiembre 26, 2007

TANGO 2007





En este primer año en que dejaba de llevar viajes de arquitectos y en el que me daba mucha pereza volver a viajar, nada mejor que haber ido al cruce de la calle Garay con Balcarce en Buenos Aires por ver si tenía la suerte de encontrar el Aleph que vio allí Borges: ese punto mágico que contiene todos los rincones del mundo en todos sus momentos y que nos dispensa de viajar para siempre jamás. Ya Borges nos había advertido en su cuento que la casa de Beatriz Viterbo y su famoso sótano habían desaparecido, pero eso tanto me daba porque a mí siempre me han interesado más los lugares que las casas.

Camino de Garay un domingo por la mañana de este mes de septiembre cruzamos todo el barrio de San Telmo y, además de toparnos con todas las cosas que dicen las guías y las gentes, descubrimos a dos jóvenes orquestas de tango tocando en la calle que me cambiaron el rumbo del viaje.

Yo había ido a Buenos Aires a ver si encontraba el Aleph pero también a ver si podía atisbar algo del alma argentina. En el capítulo 11 del Evaristo Carriego, Borges cuenta que cosiendo los tangos se pudiera componer el gran poema argentino, es decir, el alma que yo buscaba; pero la lectura de las guías me desanimó mucho en ese sentido porque me daba la sensación de que el tango se había convertido desde hace mucho tiempo en un souvenir para los turistas. Desde las mesas exteriores del café Tortoni, por ejemplo, vimos una noche pasar a japoneses, colombianos, ingleses y españoles a la sala interior para ver su espectáculo de tango y se me quitaron las ganas de indagar esa vía.

Sin embargo, el hundimiento económico y moral de Buenos Aires y de toda la Argentina que se puede ver en sus calles y en sus gentes se me antojaron tan desgarradores como las situaciones personales que dieron origen a los tangos allá a finales del diecinueve. Y seguramente por eso me conmovieron tanto esas dos orquestas juveniles que vi en San Telmo.

En los intermedios de sus piezas ambos grupos anunciaban su actuación semanal: la Orquesta Típica Afronte, que tocaba delante de la iglesia de Belén, decía actuar en un local de la calle Peru 571 los miércoles a las 10 de la noche; y la Orquesta Típica Imperial, que vimos a mitad de la calle Defensa, lo hacía en un local de la calle Bolivar llamado El Perro Andaluz, los jueves a las once.

Tuvimos mucha suerte en el orden de actuación porque supuso un perfecto crescendo.



La Orquesta Afronte es simpática y compacta, sus arreglos están bien pero no son gran cosa y algunos de los violines necesitan más horas de perfeccionamiento. En los dos CDs que nos trajimos se notan mucho más sus carencias que en su alegre directo. Como este blog es de arquitectura, diré que el local de la calle Perú 571, situado encima de un garaje, es una auténtica maravilla pues posee todos los ingredientes de una sala de baile de mediados del siglo XX: amplio escenario y pista de baile de tarima rodeada de humildes mesas de madera con sillas de tijera. Antes de empezar, los mismos músicos de la orquesta enseñaron a dar unos pasos de baile a los pocos jóvenes locales y extranjeros que allí nos juntamos, y cuando se pusieron a tocar, salieron a la pista como por arte de magia una docena de parejas un poco menos juveniles que silenciosamente rendían tributo a la música con sus cadenciosos movimientos. Una delicia de noche.


El Perro Andaluz es un local tan naif como el anterior, al menos en la forma de llevarlo. Cobran los jueves 6 pesos argentinos (¡un euro y medio!) por entrar a oír a la orquesta y te piden que hagas una consumición de al menos otros 6 pesos (otro euro y medio). Y si se lo pides, hasta se animan a darte algo de cenar.

Los arreglos de los tangos de la Imperial son mucho más delicados que los de la Afronte, la pianista manda más y la cuerda no desmerece de los bandoneones. Pero la suerte de la noche fue la colaboración del cantante Iván, quien saliendo de entre el público cantó (y representó) cuatro o cinco tangos estremecedores. También nos trajimos un par de sus CDs y aunque en ellos se aprecia la buena calidad de la orquesta, no canta Iván, y eso apena un poco. Pero es lógico que así sea porque, una vez más, lo mejor de la noche del jueves en el Perro Andaluz de la calle Simón Bolivar, lo verdaderamente irrepetible e intransferible, la auténtica experiencia arquitectónica, fue la perfecta adecuación de la música (sin sonorización electrónica alguna, ¡ni siquiera altavoz para Iván!) con el local: una bajera acondicionada con lo mínimo e iluminada tenebrosamente con velitas y alguna luz indirecta.

El impacto que me produjeron estas dos orquestas, tanto tocando en la calle como en sus locales respectivos, fue tan intenso que apenas pude hacerles alguna foto que transmitiera mínimamente esa intensa comunicación del desgarro del tango y del impulso que esta joven generación estaba expresando ya entrado el siglo XXI. Por eso, junto a las cuatro que aquí cuelgo, pongo arriba una más en blanco y negro que compré en la calle en formato 18 x 24 a un artesano fotógrafo, por la ridícula cantidad de 20 pesos (¡y enmarcada con paspartú y todo!). Es de una tercera orquesta que no vimos ni conocimos y la he colgado a buen tamaño para que podáis descargarla.

Creo que la imagen (el look) de esos cuatro bandoneones en línea con los violines detrás cuenta mucho mejor que yo ese nuevo encuentro generacional con su música originaria, que esta vez no expresa sólo nostalgias personales sino la de toda una sociedad desmoralizada y la de una ciudad herida.

(¡Ah!, se me olvidaba: no vi el Aleph en Garay así que me temo que estoy condenado a seguir viajando).

miércoles, septiembre 19, 2007

EL CASO QUINTÍN


En la sui géneris historia de los arquitectos de Logroño que voy haciendo en este blog me había quedado antes de vacaciones en Quintín Bello, al que llamé el quinto arquitecto de Logroño. Además de acercarme a él a través de su obra (v nLHD065 y nLHD070), había comentado que Quintín fue también un "caso" pues se aprovechó de algunas cosas de Barrón haciéndolas pasar como suyas, y en los años veinte tuvo un expediente disciplinario en el Ayuntamiento que le dejó en suspenso durante dos años como arquitecto municipal.

De regreso de vacaciones y ante el panorama de investigación que recuerdo del anterior consistorio y las perspectivas que veo en el nuevo (mi Guía lleva tres meses encerrada en alcaldía sin que sepan qué hacer con ella…) me quedan muy pocas ganas de volver a pensar en esta ciudad y de seguir regalando información a través de este blog. Pero el caso es que el otro día pasé por el Archivo Municipal a saludar a los buenos amigos que he hecho allí durante los últimos años, e Isabel Murillo me contó que tenía nuevos datos sobre el caso Quintín.

El trabajo de los archiveros no es la investigación, pero siendo tan generosos como son los del Archivo de Logroño y teniendo el material tan a mano, en cuanto ven algo que nos pueda interesar nos lo cuentan de inmediato para que nos animemos a hincarle el diente. Ya siento que sus jefes políticos me desanimen y que no sea yo quien vaya a hacer gratis el trabajo para los nuevos señoritos, pero por lo menos, y en deferencia a quien me pasó la información voy a contarla por si hubiera alguien menos quemado y más voluntarioso que yo que quisiera seguir alguna vez esta línea de trabajo.

Durante las largas vacaciones de este verano, Isabel Murillo ha encontrado un par de cajas en el IGE del archivo que contienen los informes del contencioso y posterior persecución a que fue sometido Quintín Bello en los comienzos de su carrera como arquitecto municipal por parte del promotor y concejal Bergasa, a causa de los continuos informes desfavorables que el arquitecto venía haciendo respecto a unas promociones que éste y su hermano pretendían realizar en la nueva zona de ensanche de la ciudad (actual Calvo Sotelo) por no ajustarse al plano de alineaciones vigente. Por lo que desprenden a primera vista los papeles parece que los Bergasa se la juraron a Quintín y que aprovechándose de la concejalía que detentaban le quisieron buscar las cosquillas a la mínima. Un pequeño desajuste en una certificación de las cubiertas del matadero fue el detonante del primer expediente contra Quintín, y como no pudieron con él, al poco de ello el propio Bergasa llegó a pedir que se amortizara la plaza de arquitecto municipal de Logroño porque no la veían rentable para el Ayuntamiento.

Isabel sospecha que esta persecución inicial contra Quintín y el posible mal carácter del arquitecto, puesto de manifiesto en la forma en que redactaba sus informes, pudieron ser las claves de su irregular carrera profesional; pero todo ello, me asegura, no son más que conjeturas suyas que deberían ser investigadas con paciencia por algún constructor de nuestra historia.

Sí, construir nuestra historia, digo. La historia de la ciudad es el cimiento de nuestra vida social, de nuestra cultura, de las calles, los edificios, de nuestra forma de actuar. La documentación está ahí, al menos en buena parte; pero sin leerla, interpretarla y contarla con gracia y rigor, la ciudad que vivimos está como en el aire, o en el fango. Sin cimientos. No es extraño por ello que los edificios se caigan con tanta facilidad y que quienes guían esta ciudad sólo sueñen en correr hacia el futuro manteniendo las fachadas del pasado.

(Leo en la prensa que los socialistas-regionalistas van a peatonalizar de inmediato la calle Bretón de los Herreros que dejaron a medias los populares. Qué error. La misma tontería de siempre: destruir la variedad y riqueza de la accesibilidad y servicios de la calle a base de gastar en pavimentos carísimos. Romper la homogeneidad del tejido urbano para presumir de populismo anticoches. Provincianismo puro y duro ¿Cómo no voy a caer yo este año en la tentación de mirar para otro lado y olvidarme durante un tiempo de Logroño? Pasar olímpicamente de contar cosas de esta ciudad…)


miércoles, septiembre 12, 2007

EMILIO


Como muchos ya sabéis, cuando me desengañé de la arquitectura de mi tiempo (hace de eso más de quince años) puse mi interés en la música. Aunque sólo fuera de forma amateur, busqué en el ejercicio de la música las alegrías y las bellezas que me negaba la arquitectura. Empecé con el jazz, luego el solfeo, la dulzaina popular, las charangas, la banda municipal, el conservatorio, el dixieland, los grupos de cámara de música del renacimiento, y finalmente la Orquesta Sinfónica de La Rioja donde acabé mi corta pero intensa carrera musical. Hace un par de años, cansado de la constancia y de la cantidad de tiempo que exige el ejercicio instrumental y bastante harto de la poca y mala organización de grupos y eventos musicales, decidí dejar los instrumentos y dedicarme tan sólo a escuchar música.

Pero contra lo que la mayor parte de la gente se cree, escuchar música no es un ejercicio pasivo, sino que exige una atención acaso mayor que la propia interpretación musical. Demanda selección y crítica; orden y buenas lecturas.

Con la dedicación que durante estos dos últimos años le he prestado a mi ciudad y dado que no me he topado con buenas guías y consejos, tengo que decir que mi cosecha musical en estos últimos dos años ha sido prácticamente nula. He ido a algún concierto de música antigua y he descubierto a algún que otro grupo de música “ligera”, pero poco más.

Este otoño, sin embargo, se ha encendido una luz en el gris panorama musical de Logroño. Qué digo una luz, una estrella. Y cómo no, en estos tiempos de miseria periodística y editorial, esa estrella tiene nombre de blog: se llama Emilio, o en lenguaje informático: http://bdeeferna35log.blogspot.com/ (escrito así parece como el localizador de una estrella para el telescopio…).

Del gran capital humano que he acumulado en las diferentes etapas musicales por las que he pasado, la coincidencia en la Orquesta Sinfónica con el violista Emilio Fernández Moral, seguramente sea mi valor más preciado. En un grupo humano tan confuso y mal organizado nos unió la misma edad y la misma forma de diagnosticar sus problemas. De haber estado solo, no hubiera durado más de un año en esa orquesta, pero el saber que me iba a encontrar con Emilio en los ensayos, o antes y después de cada concierto, era un cebo en el que siempre caía. Su formación musical era (es) muy superior a la mía, y con sus comentarios siempre aprendía algo nuevo. Sentí por ello abandonar definitivamente la orquesta (algo que también hicimos juntos, aunque él luego regresaría otra vez) y sólo me quedó el consuelo que de vez en cuando le iba a ver en los ciclos de conciertos de música antigua de Sajazarra o Logroño.

A la salida de esos conciertos volvía a escuchar los siempre incisivos y divertidos (¿heterodoxos?) comentarios musicales de Emilio, y más de una vez mi mujer y yo le animamos a que los pusiera por escrito. Los folletos que reparten en los conciertos y las críticas de nuestro periódico local están tan mal redactados y tienen tan poca enjundia que a poco que Emilio pusiera por escrito lo que nos decía, la comparación iba a ser como pasar del agua al vino.

¿Pero dónde iba a escribir Emilio? ¿en algún otro medio de comunicación que nunca llega?¿en octavillas para los amigos? ¿en diarios personales? ¿en cartas que se pierden en el olvido?

Cuando descubrí el invento de los blogs y me puse a escribir éste, le animé a hacer lo propio en su materia, y cuando este LHD aún no ha cumplido un año (por cierto, su primera entrada fue un post sobre música y arquitectura), Emilio ya ha abierto el suyo con un estupendo comentario y una exhaustiva documentación del concierto que vimos juntos en Sajazarra el pasado mes de agosto.
No sé con qué frecuencia escribirá ni cuáles van a ser sus derroteros. Después del comentario del concierto de Sajazarra nos ha sorprendido con el retrato y recuperación de la figura de sus dos singulares profesores de instrumento en Logroño y con los enlaces a piezas muy selectas del youtube. Así de variados y creativos pueden ser los blogs.

Parece que en materia musical la red tiene tanta cosa que lo que más se echa en falta es un poco de orden. Yo de momento estoy feliz de haber encontrado mi guía en el blog de Emilio. Y dado que en este curso que ahora empieza, este blog de arquitectura no creo que sea tan ameno y entretenido como lo fue en el año pasado, lo mejor que puedo hacer en él es señalar las estrellas que me van a guiar en los próximos meses. Por si os pueden servir también a vosotros.

jueves, agosto 30, 2007

VENTANAS QUE ABRAN






Yo iba de gratis. Mi mujer tenía un congreso y una habitación doble en el recién inaugurado Hotel Constanza de Barcelona, obra del “gran maestro de arquitectura” Rafael Moneo así que me las había prometido muy felices. Mientras ella iba a sus sesiones médicas yo me quedaría en la habitación (previsiblemente cómoda y agradable) trabajando en lo mío.


Pero la ventana no se abría y no lo pude soportar. Yo quería ventilar la habitación, sentir el aire fresco de la mañana, oír el ruido del patio de la Illa pero lo único que podía mover era la ruedita del aire acondicionado. Me puse de los nervios y bajé al lobby con un libro. Era un lugar nada acogedor y encima sonaba un hilo musical lamentable por lo que me largué del maldito hotel y mientras me instalaba en la mesa de la primera tasca que encontré en el barrio, juré vengarme.

Otra vez por medio el gran maestro nacional de la arquitectura. Vaya lata de tío. Es una vedette, un superstar, y si me meto con él todos creen que es porque le tengo manía personal. No es así, lo he dicho mil veces: le aborrezco porque el hundimiento de la arquitectura cotidiana está directamente relacionado con el vedettismo de tipos como él. Pero mira, esta vez van a tener razón porque el asunto es personal: y es que me jodió la mañana.

En cuanto regrese al LHD, pensé, me voy a desahogar tirándole a la cara el pattern “ventanas que abran”, una recomendación de Alexander que me parecía tan de perogrullo que apenas había reparado en ella y no la pensaba sacar aquí: nunca hubiera imaginado que un arquitecto titulado pudiera poner una ventana impracticable en una habitación. Pues mira por donde, va, y las pone “el maestro”.



Además de no abrirse estaban "adornadas" exteriormente por dos gigantescas lamas horizontales que tampoco se movían pero que te hacían polvo la perspectiva.

Dentro de las lamas había placas de travertino. Lo veías en la de abajo porque de la de arriba sólo alcanzabas a ver la cara inferior de su soporte metálico. No conseguí saber para qué diablos podrían servir si desde el interior era imposible moverlas, pero debían de haber costado lo suyo.

Travertino había por todas partes en el hotel. Travertino queda fino. Fijaros, ¡Moneo lo pone hasta en el cielo raso del voladizo exterior….! aunque no le encaje con la modulación general.


Da igual en unas lamas de ventana que en un cielo raso, el travertino vale para todo.

Pero no voy a cargar las tintas contra el arquitecto. Tan culpable como él es la propiedad, así que mientras me apuraba un segundo café matinal me dije que de ahora en adelante siempre que reservase habitación en un hotel iba a exigir a la agencia de viajes la garantía de que las ventanas se puedan abrir: hotel cuyas ventanas no se abran, hotel declarado inhóspito y no recomendable. Como por ejemplo, éste:


(Menos mal que yo de iba de gratis…)

miércoles, agosto 22, 2007

EL ESTILO FORROPIEDRA EN EL PIRINEO ARAGONES



“No siempre podemos pedir arquitectura buena o bella, pero podemos exigir una arquitectura honesta. La escasez de la pobreza puede perdonarse, la severidad de la utilidad respetarse, pero sólo cabe el desprecio para la mezquindad del engaño”.

John Ruskin

No soy muy aficionado a empezar los escritos con una cita, pero como no quería iniciar la temporada con palabras tan duras como desprecio, mezquindad o engaño, esta sentencia de Ruskin me viene muy bien. Con frases como esta, cargadas de esperanza para la arquitectura, empezó el periplo de la modernidad; y a edificios como los que aquí traigo, fotografiados este verano entre excursiones a bellas montañas por el norte de Huesca, es a lo que ha llegado. Tremendo.

Me hicieron recordar los esfuerzos de mi compañero de mesa en el Consejo Superior, el Decano del Colegio de Arquitectos de Aragón, por poner en marcha el Docomomo, es decir, el programa de catalogación y protección de los edificios del movimiento moderno en España. Qué curioso: mientras la modernidad arquitectónica ha llegado en las casas del norte de Aragón a lo que aquí puede verse, todo el esfuerzo de los arquitectos “más concienciados” se pone al servicio de salvar los restos del naufragio. ¿No sería mucho más lógico y operativo ponerse a “despreciar” la “mezquindad” arquitectónica de lo que están construyendo sus compañeros (o quizás hasta él mismo) en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI por esos pueblos de su demarcación, que dedicarse a lavar la conciencia de la catástrofe de la arquitectura moderna mediante colecciones de estampitas y santitos de los años treinta?

Me voy de viaje para olvidar penas, para ver el mar o contemplar montañas, y siempre vuelvo a casa con un rosario de calamidades arquitectónicas. Ya recordaréis las de Isla Cristina en Huelva o las de Noja en Santander, bien ilustradas en este blog. Pues nada, sigo la serie con estas casas de Aínsa, Boltañá, Biescas, Plan, Labuerda, San Vicente, Gistain, Escalona, Laspuña, Guaso, La Torrecilla y cuantos pueblos hay en la cabecera del Cinca.


Lo de Aínsa es terrible y merece un capítulo aparte -o más bien una denuncia colectiva en alguna de esas Jornadas de Intervención del Patrimonio que se celebran por aquí si fueran mínimamente serias. En apoyo de la industria turística salvadora de la economía de la zona se han gastado millones de dineros en reconstruir un pueblo todo en piedra como si fuera auténtico, y el resultado es más falso que un judas. Funciona como escenario de turistas a media tarde buscando aburridamente restaurante para cenar durante dos meses al año (triste escena esa, por cierto), pero el resto del tiempo parece un desolado teatro sin función y con un suelo impracticable. Vi en el castillo un cartel de que el Ministerio de Cultura poníamos los dineros y que el célebre Manzano-Monís López-Chicherri ponía el “arte”, y advertí que su manera de intervenir, al menos en el castillo, empieza a tener ya esos tics modernos que tanto gustan a los organizadores de las Jornadas de Intervención en el Patrimonio: unas tablitas por aquí, algo de acero corten por allá, etc. Como ese tipo de imágenes me resulta bastante vomitivo prefiero poner este par de armarios o cajas de registro de dos casas de Ainsa para que se vea hasta donde llega el estilo del forro en piedra.




La maravilla de casa que he puesto junto al título puede verse en la plaza de Boltañá, justo enfrente de otro edificio sin desperdicio, el Ayuntamiento. Helo aquí.


Lejos de mi ánimo estaba investigar la paternidad de semejante pastiche, pero en el porche hay una orgullosa placa en que lo dice: siendo alcalde Enrique Buil Sarrado y cómplices una larga lista de canteros, carpinteros, etc., el arquitecto: Pedro Miguel Bernad Rivera; año 1991. Glorioso año pues para la historia de la arquitectura moderna.

Boltañá no tenía una almendra amurallada tan clara como Ainsa y se ha salvado de una “rehabilitación integral”, pero casa a casa pueden llegar a obtener un resultado parecido. Véase, por ejemplo cómo va quedando el resto de fachadas de la plaza.


La ley de toda esta arquitectura parece no ser otra que la que me ha sugerido el título de este post: donde hay piedra debajo de los revocos, se saca la piedra, y donde no la haya, se forra todo con piedra (se forra, digo, porque obviamente, la estructura interna de toda nueva edificación es siempre de hormigón). La piedra del lugar rejuntada con mortero de cemento da unas texturas muy feas y por completo diferentes de la piedra rejuntada con los viejos morteros de cal, pero ese es un detalle demasiado sutil para que lo entiendan los nuevos pobladores de la zona. Traté de explicárselo al guía que intentó enseñarnos la iglesia (también salvajemente desvestida de su tradicional capa de mortero para dejar vista la piedra, ahora rejuntada con mortero de cemento) pero me miró como si fuera un terrorista (de ahí que no le dejara que me guiase).

Otro día sigo con más pruebas de la gloriosa arquitectura de nuestro tiempo allá por el Pirineo oscense.

sábado, agosto 18, 2007

INDUSTRIA Y LUGARES EN PELIGRO LA RIOJA



Hace un par de veranos el voluntarioso Miguel Areces (hermano del presidente de la Comunidad Autónoma de Asturias) me invitó a presentar una comunicación sobre el patrimonio Arquitectónico Industrial de La Rioja a propósito de un seminario del TICCIH sobre su conservación. Le extendí la invitación a José Miguel León para así trabajar en equipo, pero sólo aceptó una charla conjunta en la que repasamos algunos datos y me prestó el plúmbeo libro de Julián Sobrino sobre Arquitectura Industrial .en España que yo desconocía.

Redacté entonces la comunicación que aquí recupero para el LHD pues no llegué a tiempo para poder incluirla en uno de aquellos cuadernillos centrales de ElhAll cuando yo lo dirigía. Hubiera quedado mejor en aquel medio, llena de ilustraciones, pero qué le vamos a hacer, ya me lo habían quitado. Creo que le pasé una copia a Josemi de esta comunicación, así que es la única persona que lo ha podido leer. Con su difusión en este medio hago votos para que alguna institución se anime a pagar un trabajo más desarrollado sobre el tema.


Dadas las prisas de este tipo de eventos no llegué a leer la comunicación y tan sólo expuse una breve síntesis de lo que en ella se recoge. En su conjunto, el Seminario fue bastante aburrido pues la mayoría de los ponentes eran historiadores coleccionistas de cosas y por tanto meros creyentes en el conservacionismo de las mismas. Pero a cambio, el viaje me permitió visitar los restos de la siderurgia de Avilés y hacer un recorrido bastante exhaustivo por los pozos de las cuencas mineras en la grata compañía del arquitecto Victor García Oviedo, colaborador de Miguel Areces en los planes de recuperación del patrimonio industrial asturiano.


A nivel documental la comunicación no es gran cosa, pero la mirada que se ofrece en la reflexión inicial creo que vale la pena.


Ilustro la ponencia con unas pocas imágenes de las muchas que recopilé. Curiosamente, la de la Imprenta Laborde fue utilizada como portada de las carpetas de aquel evento.


Comunicación para el Seminario TICCIH
Gijón, 21 de septiembre del 2005


Una reflexión inicial

Resulta cuando menos sorprendente encontrarse con un planteamiento sobre el patrimonio arquitectónico industrial enfocado a la salvaguarda de los “lugares”. El título de este seminario parece dar a entender que la actitud conservacionista del patrimonio arquitectónico (actitud cada vez más extendida y popular), no debe olvidar aquellos edificios o arquitecturas surgidas al servicio de la industria, y que en pro del mantenimiento de sus muros, chimeneas y estructuras cabe cualquier opción: sea mediante un cambio de uso (con proclividad hacia el museísmo), o sea mediante la salvaguarda de algunos de sus restos (a poder ser, chimeneas).

Resulta sorprendente un planteamiento así, digo, porque parece olvidar de una manera un tanto cándida, que la implantación de la arquitectura industrial ha estado por lo general -por norma, cabría decir-, mucho más atenta a las necesidades intrínsecas de las propias tecnologías o de los beneficios económicos que a un diálogo atento y reposado con los lugares. Las industrias han ignorado valles, vecindades y tramas urbanas, han polucionado ríos y aires, han arrasado huertas, han generado enormes terraplenes, y han huido sucesivamente de sus emplazamientos cuando el crecimiento urbano las ha ido convirtiendo en estupendos pelotazos inmobiliarios. Si la arquitectura en general ha de ser siempre un diálogo con los múltiples aspectos que le propone un lugar, la arquitectura industrial, en concreto, ha sido seguramente la más ajena a ese diálogo. En tanto que la industria ha ocupado los lugares imponiéndose salvajemente a sus posibles solicitaciones y marcándolos con la dureza de su tecnología o de su dinámica puramente económica, resulta cuando menos llamativo que se quiera a posteriori conservar esas estructuras bajo el eslogan de “lugares en peligro”.

Verdad es que algunos edificios industriales no han estado carentes de cierta belleza intrínseca y que sus novedades formales o proporciones gigantes han ejercido una gran fascinación sobre el imaginario popular. (Sin ir más lejos en esta temporada se exhibe una gran superproducción de Hollywood sobre este mismo asunto: la extraordinaria fábrica de chocolate de Willy Bonka antes y después de la reconversión industrial). Algunos arquitectos algo ingenuos, como Cano Lasso, aún decían en la segunda mitad del siglo pasado que las “autopistas, puentes, viaductos o chimeneas de centrales térmicas, son los monumentos de nuestro tiempo, cuando ya no se construyen catedrales” (cit. Arquitectura industrial en España, Julián Sobrino, pag. 336), como si la desmesura fuera la única característica monumental. El gigantismo arquitectónico, como apuntaba acertadamente Azúa (El Aprendizaje de la decepción) es pasión propia de una mentalidad pueril.

Pero la exhibición expresiva del poder tecnológico o de la organización social, las novedades formales que exigen ciertas funciones o leyes de la física, y las libertades compositivas que se permiten quienes apenas reparan en ellas han creado no pocos conjuntos de una gran belleza plástica. Una belleza explosiva y dinámica, en principio, y una belleza nostálgica, a posteriori, que ha resultado más evidente en el momento de su obsolescencia y decrepitud, cuando ya nadie parece reparar en las agresiones que tales instalaciones hicieron a los lugares en el momento de su instalación o en los tiempos de su producción más álgida. Causada la agresión y pasados los años de producción intensiva de la fábrica, pareciera como si esas estructuras de fuego, humo, ruido y movimiento se hubieran fundido con su lugar. Pero si pueril era la admiración por lo desmesurado, de senil habría que calificar ahora la tendencia al olvido en esta actitud de admiración por los lugares marcados a fuego por la industria.

Los lugares están verdaderamente en peligro cuando la industria pone sus ojos en ellos pues, salvo extrañísima excepción, los ignora, los explota y los esquilma. El lema de nuestra ilustrada Sociedad Económica de Amigos del País impulsora del progreso industrial no era otro que el salvaje y explícito “Prosperarás Extrayendo”. Así que no es de extrañar que, tras esas evidencias del pasado industrial (esa historia verdadera), los bienintencionados urbanistas propongan ahora como lugares de implantación industrial los más desolados, feos e inhóspitos de cada entorno urbano según los cánones estéticos de la humanización o de cierto romanticismo.

Me atrevo por tanto a sugerir en esta reflexión inicial, que los lugares a los cuales debiera de dirigir la mirada un Seminario titulado con el binomio de palabras de Industria y Lugares en Peligro, no es a las ruinas de viejas industrias, sino a todos aquellos territorios que han sido designados por los urbanistas como “polígonos industriales”. Si alguien quiere sentir en sus carnes la cruda desolación de un lugar y la verdadera naturaleza del diálogo entre la industria y un territorio, que se llegue a uno cualquiera de nuestros actuales polígonos industriales, se baje del coche y trate de dar un paseo por sus aceras.

Ponerse a rescatar de aquellos auténticos no-lugares algunas postales para la historia del arte, por el hecho de que la fábrica tal fuera tocada por la mano de un artista de la arquitectura, o la fábrica cual se asemejara a una gigantesca escultura deconstructiva, puede estar bien para dar carne a ese cándido conservacionismo popular, pero no es otra cosa que un bienpensante pasatiempo con el que ignorar la naturaleza de lo que verdaderamente ocurre en nuestro entorno: esto es, que la ley del máximo beneficio económico asociada a la potencia cada vez mayor de la tecnología no sólo es ajena ya a los lugares concretos que los hombres podamos habitar o visitar, sino que llega a ignorar la naturaleza general de todo el planeta amenazando con su ruina. Las industrias ya no sólo se desplazan por los continentes en busca de mano de obra barata ignorando emplazamientos y hasta naciones, sino que llegan a contaminar peligrosamente capas de la estratosfera, fondos de los océanos o lo que haga falta.

Rizando un poco más el rizo de esta desprejuicida reflexión sobre la relación entre las industrias y los lugares habría que señalar también que desde hace unas cuantas décadas la propia “construcción” ha dejado de ser una técnica o herramienta de la edificación para convertirse ella misma en una devastadora industria que necesita cada vez más materia prima (más lugares) para su alimentación y desarrollo. En el último cuarto del pasado siglo las ciudades más desarrolladas han dejado de tener una dinámica propia de crecimiento orgánico en función de sus habitantes y necesidades y se han desbocado en un alocado crecimiento motivado fundamentalmente por las propias necesidades de la industria de la promoción-construcción que viene últimamente atrayendo más y más capitales de inversión en detrimento de la industria tradicional, -debido seguramente a los altos beneficios especulativos o a la seguridad a largo plazo que siempre ha caracterizado este sector industrial y económico por las imperfecciones propias del mercado inmobiliario. Globalizada la industria tradicional, nos queda en cada ciudad una “industria local de la construcción”, que lejos de encerrarse en esos anodinos polígonos antes descritos (a donde tan sólo van sus industrias auxiliares) se instala en la ciudad y sus alrededores devorando cuantos lugares se ponen a su alcance.

Si a la salvación de los viejos monumentos erigidos por religiones e instituciones públicas, o de los cascos históricos de las ciudades orgánicas y burguesas, sumamos ahora el del patrimonio de las primeras etapas industriales, lo único que se evidencia con esa ampliación temática es que estamos en un tiempo más evolucionado de destrucción.


La Rioja Industrial

Dicho esto, o puestos en la perspectiva que esas reflexiones nos ofrecen, ya podemos ponernos a mirar lo que la industria ha construido en nuestra región a lo largo de los últimos tres siglos para los catálogos de la historia del arte y del patrimonio, sin ignorar, claro está, lo que ha destruido y está destruyendo para ese otro nuevo catálogo más auténtico de “lugares en peligro”, es decir, de los espacios cada vez más inhóspitos e inhabitables.


PROTOINDUSTRIA

Las primeras industrias riojanas (siglo XVIII) se ubicaron en las pequeñas poblaciones de la sierra que son cabeceras de los ríos que desde el sur irrigan la región en forma de peine, camino del fértil valle del Ebro. Ezcaray, Villoslada, Munilla o Cervera, acogieron a las primeras fábricas de paños y alpargatas de la región en edificios de características muy próximas a la mejor arquitectura vernácula de grandes casas-establos. El abandono de estas fábricas, acaecido en buena parte tras sus traslados al valle, y el despoblamiento de la sierra, ha permitido que buena parte de esos edificios hayan llegado hasta nosotros, bien en forma de ruina o de reutilización. Son pocos y su catálogo ordenado sería fácil de realizar en una publicación que recogiera algunas imágenes fotográficas de los últimos momentos en que funcionaron (primeros momentos de la fotografía).

Patrimonio metalúrgico protoindustrial y patrimonio minero aún hay menos. Hay un par de pequeños hornos en ruinas en Posadas y Lugar del Río, y restos de extracciones mineras superficiales en Canales y Turruncún, amén de las yeseras en activo en Viguera y Ribafrecha. La extracción de piedra se ha dado mayormente en graveras, y canteras hay pocas pero, por desgracia, la más conocida es terriblemente agresiva con un lugar muy especial: la embocadura del cañón del río Leza -demostración fehaciente de lo que la industria puede hacerle a un lugar.

Molinos de agua quedan unos cuantos pues funcionaron en los pueblos hasta los años sesenta del siglo pasado. De los edificios asociados a molinos me ha sorprendido últimamente descubrir el de Cihuri construido en piedra de sillería (foto 1).


La mayoría están en ruinas pero algunos de ellos han sido reconvertidos en restaurantes, albergues y hasta en granjas escuela (Arnedillo, Sorzano).

Trujales de aceite hay menos. Recientemente se ha publicado algo sobre el de Tudelilla (v Piedra del Rayo n 3).

Las bodegas rurales compuestas por un lago, una prensa y un pequeño calado para las tinas y toneles, abundan por doquier en toda la región pero mal pueden considerarse como instalaciones industriales. Transferidas sus funciones a las actuales industrias del vino (grandes bodegas y cooperativas) se han mantenido en pie gracias a su uso recreativo como merenderos. La blibliografía de estos edificios ha empezado a moverse de un modo más o menos feliz con el impulso autonómico al comercio del Rioja y las sucesivas exposiciones del Vino y los Cinco Sentidos organizadas por Cajarioja


LA PRIMERA INDUSTRIALIZACION

La primera industrialización en La Rioja fue tardía y escasa. En primer lugar porque lo fue en toda España, y en segundo lugar, por la preeminencia de la actividad agrícola y ganadera. Las primeras grandes fábricas se centraron en la transformación de la producción agrícola, actividad central de la región hasta la postguerra. Con la filosera en Burdeos, los bodegueros franceses y algunos pioneros locales invirtieron en nuestra región transformando las bodegas rurales en las primeras industrias del vino con instalaciones y procesos tan primitivos que les cuadra más el nombre de bodegas que el de industrias: Marques de Murrieta y Bodegas Franco-Españolas en Logroño, CVNE, Bodegas Bilbaínas (foto 2), López de Heredia, Rioja Alta, Muga, Martínez Lacuesta y Paternina en Haro (y alguna otra menor).

Dado el prestigio de sus calados o almacenes de barricas, todas estas industrias, una vez modernizadas en el último cuarto de siglo (hasta los años setenta del s XX seguían poco más o menos como en su fundación) mantienen como signo de orgullo y prestigio su patrimonio inicial (próximo a la arquitectura vernácula o a ciertos regionalismos principios de siglo) por lo que no cabe preocuparse por su conservación, sino más bien por sus modificaciones y añadidos.

Peor suerte ha tenido la primera auténtica industria asociada al mundo del vino en Haro: la Fábrica de Alcoholes del Paseo de la Vega, pues fue objeto reciente de una demolición con nocturnidad y alevosía cuando quienes quisieron salvarla –tanto por su carácter significativo como por su belleza arquitectónica-, depositaron sus esperanzas en las declaraciones monumentales de la Comisión Regional del Patrimonio Histórico Artístico (veáse el estudio de José Miguel León y mi artículo en prensa).

Asociada al mundo del vino, subsiste la Estación Enológica de Haro, si bien rehabilitada como museo del vino y otros usos agrícolas.

En el entorno del río y de la vía férrea surgió en Logroño una incipiente industria local (fundiciones, cerámicas, caramelos, etc) entre las que cabe destacar las conserveras. De entre este tipo de industria el edificio más sobresaliente fue sin duda el de las Conservas Trevijano con fachada modernista de Quintín Bello, situado entre la vía del tren y la ronda suroeste de Logroño.

Una industria singular fue la emplazada en el interior de un convento desamortizado en pleno casco antiguo: Tabacalera Española (con su famosa sección de puros Farias) en el Convento de La Merced. La fábrica estuvo funcionando hasta los años sesenta en que se trasladó al polígono el Sequero. Los restos del convento fueron rehabilitados como Parlamento Regional dejando como recuerdo la chimenea de la fábrica entre el Claustro y el almacén de tabacos, -rehabilitado también como Sala de Exposiciones.



Otra fábrica reseñable fue la Cerámica Riojana, proyecto y propiedad en parte de uno de los arquitectos logroñeses más interesantes de la primera mitad de siglo: Fermín Alamo. La estructura de la fábrica fue reutilizada en los ochenta para transformarse en un grupo de viviendas.

La última fábrica destacable de este primer periodo industrial fue la de de los elixires dentales Licor del Polo, de gusto secessionista. Soporta ya una ruina de más de cuarenta tristes años sin que parezca llegarle el momento de la desaparición definitiva o de su rehabilitación.

Por su posición urbana tan singular, entre los dos puentes y frente a la fachada del Logroño al río (muchos señalan que es una de las imágenes más repetidas del siglo en las postales de la ciudad), el viejo Matadero es una instalación semifabril característica del paisaje de Logroño. Obra del arquitecto Luis Barrón en 1910, una rehabilitación de los noventa lo transformó en Museo de la Ciencia. Reforzando el ambiente industrial del lugar se levantaba muy cerca una pequeña central eléctrica (desparecida) cuya chimenea y humareda daban carácter a la postal.

De este periodo son también los pequeños edificios de centrales hidroeléctricas desperdigados por la provincia (Anguiano, Viguera, Panzares) y un buen número de pequeñas industrias en torno a Logroño, Haro, Calahorra o Arnedo, muchas de ellas desaparecidas por el crecimiento urbano, como la Imprenta Laborde en la calle Canalejas (foto 4),



y otras transformadas o irreconocibles. Algunas de ellas, como la pequeña fábrica situada junto a la Estación Enológica de Haro, ofrecen algunos elementos arquitectónicos singulares, como esa galería bajo el testero con lambrequín que se muestra en el dossier de fotos adjunto.


LA INDUSTRIALIZACION DE POSTGUERRA

Los polos de desarrollo y el Plan Comarcal de Logroño fueron los primeros instrumentos urbanísticos que intentaron poner orden en la ubicación de la industria en Logroño con la creación del Polígono del Cortijo, el Polígono de Lardero, el Polígono Cantabria y el Polígono de El Sequero.
Previamente se había experimentado ya un gran desarrollo industrial en la región, y especialmente en la capital, con la implantación de algunas industrias importantes en la propia ciudad como Estambrera Riojana, Textiles Quemada, Carrocerías Ugarte, Tobepal, La Metalgráfica o Calzados Fernández, cuyos traslados serán siempre recordados por los pelotazos urbanísticos que generaron en su momento o que siguen generando en la actualidad, -algunos de ellos justificados incluso con el propio cierre de las empresas. La documentación (siempre elogiosa y propagandística) de esta etapa puede seguirse a través de una revista local titulada precisamente La Rioja Industrial (1920-1950).
De los años de postguerra son también los dos grandes Silos de Cereal construidos en La Rioja según los proyectos estándar del Servicio Nacional del Trigo, a base de grandes prismas rectangulares de hormigón con una pequeñas “casetas” en lo alto para regulación de los elevadores de grano. Demolido recientemente el de Logroño, subsiste aún el de Haro (foto 5).



En Nájera el gigantismo del mundo del cereal lo protagoniza el edificio en U de Harinas junto a la carretera N-120.

Por su parte en Arnedo se desarrolló una amplia industria del calzado y en Nájera fueron surgiendo algunas fábricas importantes de mobiliario. Cabe señalar también la importante industria chacinera de Baños de Río Tobía o las conserveras de Calahorra, Alfaro y otras localidades de la Rioja Baja.
Ninguna de ellas será recordada por la calidad de su arquitectura dentro de los cánones o estilos propios de su época, aunque algunas de ellas sí que pueden ser recordadas por la ingenuidad de sus formas kitsch, como la fábrica de Viguetas Ultramar en Aldeanueva de Ebro ubicada en un edificio con forma de barco junto a la carretera nacional 232.

Las bodegas tradicionales evolucionaron muy poco en esta época y las de nueva creación se apuntaron también al kitsch con un par de castillos reseñables: Fuenmayor, Cenicero.


LA “NORMALIZACION” INDUSTRIAL

La ocupación lenta y paulatina de los polígonos mencionados, merced a los traslados de las empresas situadas en el casco urbano o al nacimiento de un gran número de nuevas industrias de carácter secundario, así como la creación de nuevos polígonos industriales en la capital de la provincia y en las cabeceras comarcales, han creado la actual fisonomía industrial provincial, caracterizada por esas concentraciones de feísimos pabellones de cerchas y muros tradicionales o prefabricados entre los que, de tanto en tanto, alguna empresa y algún arquitecto se permiten el lujo de hacer un edificio de oficinas o una fachada con ciertas pretensiones.

Las viejas bodegas han ido modernizándose con ciertas ampliaciones, y otras muchas han surgido ya dentro de los nuevos polígonos industriales adquiriendo ese carácter inequívoco de fábricas de vino. De entre estas últimas cabe destacar por su tamaño y organización espacial las Bodegas Olarra en el Polígono Cantabria de Logroño (1973) del arqto José Antonio Ridruejo.

Tras la desaparición (y pelotazo) de La Estambrera en Logroño, nació Infitex en el Polígono de Lardero, de los arqtos Achiaga y del Castillo.

El más grande de los polígonos industriales (casi una pequeña ciudad a doce kilómetros de Logroño), El Sequero, ha tardado en colmatarse casi treinta años pero al fin lo ha conseguido. Alejado notablemente de Logroño y en posición favorable respecto a los vientos dominantes sobre la ciudad, fue concebido para la industria contaminante, pero sin embargo, fue llenándose de industrias sin chimeneas (Tabacalera, General Motors) hasta que recientemente se ha instalado una Central de Ciclo Combinado que ha creado la primera gran masa, silueta y humareda propiamente industriales de toda la historia de La Rioja.

El Polígono de La Portalada, también en posición de vientos favorables respecto a Logroño es también uno de los más florecientes (y feos) en la actualidad. Desarrollado en varias fases, recientemente se ha anunciado una nueva ampliación en la modalidad de “parque tecnológico” un eufemismo con el que se pretende que los grandes cajones industriales tengan alguna fachada más diseñada y que los alrededores de esos pabellones estén regados con césped y jardines.

El polígono de Fuenmayor en la explanada de Buicio, nacido de una manera un tanto anárquica y espontánea con la instalación inicial de los almacenes de Butano SA y de un par de bodegas de nueva creación junto a la nacional 232, recibió una de las más grandes industrias de la región, electrodomésticos Zanussi (luego Electrolux) cuyo actual cierre por traslado a países de mano de obra más barata, anuncia un época nueva del paisaje industrial. Cabe decir que en dicha explanada se ha situado recientemente una de las mayores empresas cerámicas de España, Cerabrick, resultado de la asociación de varias pequeñas cerámicas. Con una nave de gigantescas dimensiones y unos enormes movimientos de tierras alrededor, que pueden “disfrutarse” plácidamente al paso de la autopista que dobló a la mencionada nacional 232.

Otro traslado reseñable (con pelotazo urbanístico incluído) ha sido el de las Bodegas Campoviejo de Logroño. Su edificio de oficinas (ya demolido) fue una obra singular del arqto Aurelio Ibarrondo. La nueva Bodega, llamada tras el traslado, Juan Alcorta, se fue a un cerro del Cortijo. Diseñada por el arqto Ignacio Quemada y el ingeniero industrial Alberto Madrigal ha sido reconocida por los premios FAD de diseño.


Infraestructuras

Al margen de la arquitectura industrial pero irrigando sus tejidos, las obras del ferrocarril, carreteras, puentes y autopistas son a veces tenidas como un capítulo más de la arquitectura industrial. Si las consideramos en su diálogo con los lugares, o aún mejor, como punto de partida para señalar “lugares en peligro”, es obvio que las grandes infraestructuras de transporte tienen en la actualidad una enorme importancia en el diseño del territorio (véase mi artículo Superestructuras de infradiseño en Elhall n 76, consultable en la web coar.es, y rev. Archipiélago n 62).

A nivel regional los mayores impactos han sido los creados por el paso de la autopista A-68, especialmente en el acceso a la Rioja por el Norte en la zona de San Felices. Los enormes terraplenes han herido en ese lugar la frágil fisonomía de los montes Obarenes, así como todo el paisaje de colinas arcillosas de la Rioja Alta. Otra herida singular ha sido la del nuevo diseño de la circunvalación de Logroño con hundimientos, roscas, rotondas y pasos a doble altura difícilmente encajables en la trama urbana de un Logroño que ya ha empezado a urbanizarse y construirse al otro lado de la misma.

A nivel de microdiseño, el mal trazado de las circunvalaciones con cruces que han causado gran número de víctimas, y el actual abuso de las rotondas en todos los cruces empieza a ser obsesivo. (Véase al respecto el interesante artículo El rotondismo fundamentalista, de Luis Ximeni, elhall n 81).El diseño de los últimos puentes ha tenido más que ver con la espectacularidad y la propaganda política que con su funcionalidad. El del ingeniero Monterola, sobre el Ebro en Logroño y el del Iregua para la mencionada circunvalación de Logroño, obra del ing Millanes, sin luces especiales que cubrir, son bastante elocuentes.

El trazado del ferrocarril, sin embargo, se ha quedado completamente obsoleto, pues apenas se ha variado en un par de puntos (Traslado de la vía en Logroño 1953, Túnel de El Cortijo 2003) el trazado fundacional de 1859 de la línea Bilbao-Tudela que seguía el tortuoso recorrido de los meandros del Ebro.

Recientemente se trasladó la terminal de mercancías desde Logroño a El Sequero, pero la cifra de descargas es tan ridícula que prácticamente permanece cerrada. El proyecto de soterramiento del ferrocarril en Logroño es uno de los grandes temas que tiene entretenidos a políticos y periodistas desde hace años. Recientemente se falló un concurso de arquitectura sobre el cosido urbano de los terrenos de la antigua estación que ganaron los arquitectos Abalos y Herreros con una solución que, a mi juicio, cose muy poco y rigidiza el lugar con una macroestructura de hormigón superficial.

Eléctricas

Al margen de la reciente Central de ciclo combinado antes mencionada, La industria hidroléctrica parece haberse detenido o haber retrocedido a un estadio artesanal. Mientras que la única presa construída en los últimos treinta años se ha dejado ¡sin aprovechamiento hidroeléctrico!, (embalse de Pajares), las Electras han ido comprando los pequeños aprovechamientos hidráulicos de los molinos para reconvertirlos en pequeñas minicentrales, -como la de Sarasa en el mismo centro fluvial de Logroño.

Mientras tanto, los aerogeneradores eléctricos se han ido hincando aquí y allá por las cimas de colinas y montañas, destrozando lugares y paisajes con una rapidez y a una escala, hasta la fecha inéditas. Puede decirse al respecto que, todavía no hemos salido del asombro.


Industria del turismo

La construcción de nuevos “resort” turísticos ha tenido en La Rioja un único punto reseñable: la estación de esquí de Valdezcaray. Creada inicialmente sobre las propias laderas de la montaña, presentaba un aspecto bastante poco agresivo si exceptuamos la larga y costosa carretera de acceso. Pero una remodelación de las pistas llevada a cabo entre el 2001 y el 2003 parece haber tomado al monte San Lorenzo como un montón de tierras removibles al antojo de la nivelación de pistas haciendo perder el encanto de un lugar agreste.


Industria del Comercio

Tarde pero seguro, el proceso de transformación del pequeño comercio urbano en una gran industria del comercio suburbano ha llegado también a Logroño. Hace quince años se instaló la primera Gran Superficie en la ciudad (Alcampo), y algunas otras, a escala más reducida en las cabeceras de comarca (Eroski en Calahorra, Sabeco en Haro). Pero en los últimos cinco años la explosión ha sido incontenible y en Logroño han surgido otros dos grandes Centros Comerciales suburbanos (Berceo y Las Cañas) en los que a las grandes superficies (Eroski y Carrefour respectivamente) aparecen asociadas calles cerradas con tiendas de franquicia, bares y multicines.
En los periódicos ya se anuncia también la creación de un gran centro del ocio suburbano tipo Heron City.


Una reflexión final a modo de conclusión

A poco que se interprete esta sucinta lista histórica de instalaciones industriales en La Rioja, puede uno darse cuenta de que, a diferencia de otras regiones donde la industria tuvo un gran peso en la estructuración territorial (pienso en la minería e industria de las cuencas asturianas, por ejemplo) la lucha en La Rioja por salvaguardar los pequeños restos de la protoindustria o de la primera industrialización poco o nada tiene que ver con una consideración global de los peligros que los actuales procesos de industrialización representan para su rico y variado catálogo de “lugares”.
Si bien es cierto que las fábricas se han ido desterrando de las tramas urbanas o de las calles-carreteras, encerrándose cada vez más en acotados polígonos industriales, no menos cierto es que las grandes infraestructuras que las irrigan o los nuevos procesos industriales en la construcción de la ciudad, el ocio y el comercio, amenazan ahora con una destrucción de lugares a una escala tan grande que, la aniquilación de lugares de la primera industrialización pudiera parecernos un juego de niños.

Al respecto me parece interesante considerar como reflexión final la diferencia de modelo que se viene produciendo entre el diseño de las autopistas norteamericanas y de las autopistas europeas, -y especialmente de las españolas, de las que puede ser un buen ejemplo la que cruza longitudinalmente por La Rioja. Mientras que en Estados Unidos, las autopistas ofrecen una gran cantidad de fáciles accesos y a sus lados pueden verse infinidad de instalaciones industriales y terrenos de almacenamiento de maquinaria y enseres, en España (y en La Rioja en concreto) la autopista parece el juguete bonito e intocable colocado en una estantería. La reflexión viene a cuento de que, dado el daño geográfico que su trazado supuso en buena parte de los lugares que fue atravesando, alterando cursos de agua y redes de caminos y abriendo tajos en colinas o terraplenando pequeños valles, lógico parece que se hubiera planificado concentrar en su entorno las instalaciones industriales (tradicionales o novedosas), en vez de dejar sus puentes y terraplenes como bárbaros monumentos del destrozo geográfico mientras que los polígonos o las grandes superficies se mantienen a cierta distancia de ellos, desparramados por la geografía suburbana.

Seguramente se trata de consideraciones de diseño territorial que, por estar a una escala que los arquitectos y urbanistas nunca hemos dominado, siguen sin ser tenidas en cuenta; pero que, al hilo de la reflexión inicial, y por tratarse de una cuestión que relaciona directamente industria y lugares en peligro, me parece pertinente exponerlo en esta comunicación y en este seminario.

sábado, julio 14, 2007

UN LIBRO QUE NO SE PUEDE ENCONTRAR



Hoy salgo en el periódico local. Se ve que el director se ha ido de fin de semana y no ha podido evitar que Eduardo Gómez se refiriese a mí. El lunes se ganará una colleja.
Dice así la nota que publica en la página 16:

"Interesante el libro que ha conseguido el Ayuntamiento logroñés sobre los edificios de la ciudad edificados con anterioridad al año 1979. El autor, el arquitecto logroñés Juan Diez del Corral, ha obtenido una exhaustiva recopilación, casa por casa, del proyectista, promotor y constructor de cada edificio, fotografía incluída. Lo extraño es que siendo un volumen de interés para muchos profesionales, no se ponga al alcance de los que quisieran adquirirlo".

Además de varias erratas en el texto original (que he corregido aquí), hay un par de errores en la nota: el libro no tiene nada que ver con 1979 y no se reseñan constructores; pero por lo demás, es muy de agradecer el comentario.

Por mi parte tengo ya alguna que otra anécdota jugosa para contar sobre su no difusión pública y su reparto privado, pero ya no hay tiempo y ganas para seguir en este fango. Me voy al Pirineo unas semanas a oxigenarme y, de paso, a ver ciertas arquitecturas por encima de los dos mil quinientos: Aspe, Midi, Vignemale, Brecha y Montarto son mis objetivos.

Feliz verano.

jueves, julio 12, 2007

MÁS DE NOJA


Pongo unas fotos más de esta ciudad llena de arquitectura por si las anteriores no os habían convencido.



A ver, este hotelito lo ha tenido que diseñar algún arquitecto. Sin duda. Como está mirando al mar, los balcones hacen olas. La aportación clásica está en los arcos de las esquinas, y la moderna, los ojos de buey que tienen debajo. Los bobarriles triangulares de la cubierta hacen juego con las olas. Rico, rico en detalles, sí señor.


Luego, a la hora de componer la entrada, ha tenido dificultades con las olas, los ojos de buey, los arcos insertados entre las olas y el juego de volúmenes. Pero es que la mar siempre marea un poco. Qué le vamos a hacer. Nadie es perfecto.


Como estos apartamentos estaban algo más alejados del mar, aquí el arquitecto se ha cebado con la cornisa. Potente ¿verdad?

Y en estos otros apartamentos, lo más original es sin duda la cubierta toda. Ha requerido de un diseño minucioso, propio de un arquitecto entregado a la tarea creativa y artesanal. Obsérvese también en la foto lo bonito que es transitar por los alrededores de tan singular edificio.


Por último, en esta otra casa de dos pisos donde al fin la cubierta parece en calma, hay que fijarse en el dinamismo que le confieren los huecos curvados y el interesante contrapunto de los huecos verticales de la esquina. Para que digan que los arquitectos no sabemos de composición.

Aviso: puedo seguir y seguir.

miércoles, julio 11, 2007

NOJA







No hizo sol el domingo pasado en Noja y a falta de día de playa me dediqué a ver arquitectura. Hice más de cien fotos de otros tantos edificios en un paseíto de poco más de dos horas. La densidad de motivos para fotografiar era apabullante. Acabé agotado. Las cinco muestras que traigo aquí no son ni mucho menos representativas del alcance de mi álbum. Y viendo esos edificios en fotos en vez de al natural, la verdad es que pierden mucho.

Me sorprendieron los colores, la formas de las cubiertas, los detalles decorativos de las esquinas, la riqueza formal de los huecos y hasta lo viajados que son los actuales arquitectos (el del polideportivo de la escuela se ve que ha estado en el Louvre).

En muchos casos me pregunté a qué Escuela de Arquitectura podría adscribirse cada bloque de apartamentos y en otros casos me puse a pensar qué dirían los duros profesores de Proyectos si vieran ahora las obras de sus titulados.

Lo más novedoso, sin embargo, no fue esa variedad tan pintoresca y cántabra de hacer arquitectura sino la capacidad de colocar las calles y los apartamentos para que en ningún momento te sintieras orientado y tranquilo en la nueva ciudad que es Noja. La disposición de los bloques dentro de las parcelas, la ordenación de los accesos mediante entradas exclusivas a cada urbanización, la colocación de los parkings, las pistas de pádel, las piscinas, los jardincitos sobrantes, las vallas y las señalizaciones, parecen organizadas por una mente superior para despistar a cualquier ladrón que intentase entrar en el poblado.

En algún sentido me sentí ladrón, claro: el botín de arquitectura y urbanismo que recopilé es impagable: me reafirma en que los Colegios de Arquitectos, las Escuelas de Arquitectura y los Arquitectos todos debemos tirar la toalla y llamarnos de cualquier otra manera. ¡Ya está bien lo nuestro!

domingo, julio 08, 2007

EL LOGROÑO DE LUIS DIEZ DEL CORRAL

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La primera vez que vi un título así fue en Moscú. Las agencias organizaban tours por los lugares donde habían vivido los grandes poetas y escritores del siglo XIX o los escenarios que tuvieran alguna relación especial con ellos y sus obras. Parecían destinados al consumo interno pues el desinterés de los turistas occidentales de medio pelo era evidente.

Hace unas semanas vino a Logroño una hija de Luis Diez del Corral, Teresa,  y me dijo que quería ver la plaza o parque que le habían dedicado a su padre, y entonces yo le dije que al hacer la Guía había descubierto algunos otros lugares ligados a su vida que quizás le pudieran interesar. Al día siguiente hicimos un agradable recorrido por todos ellos y pensé que este blog sería un buen medio para contarlo. No creo que haya apenas nadie interesado en un tour así, pero algún día volveré a poner aquí cosas de mi tío para demostrar que algunos de sus libros tienen más vigencia que las placas y homenajes que le tributaron nuestras instituciones al final de sus días.

Luis Diez del Corral logroñeses hubo dos, padre e hijo. Del padre (LDdC Bravo) ya nadie se acuerda pero fue el fundador de los Sindicatos o Sociedades Agrícolas Católicas en La Rioja y como tal fue el promotor y avalista de su sede en la calle Calvo Sotelo 11, construida por el arquitecto Marcelino de Arrupe en 1924. El edificio ha sufrido varias reformas interiores pero su exterior ha llegado tal cual hasta nuestros días.



Según su nieta, el aval le debió de costar caro porque se arruinó con él, pero gracias a su andadura sociopolítica consiguió ser nada menos que Gobernador Civil de Salamanca. De allí pasó a Jaén (o viceversa) acabando sus días en Madrid donde, en 1936, los amigos de los amigos de la memoria histórica se lo llevaron de su casa y acabaron con su vida y su rastro. Nunca se supo más de él.

En vista de lo visto, su hijo, LDdC Pedruzo, se refugió en la Embajada de Chile donde coincidió con Sánchez Mazas, y a diferencia de éste, que cruzó las líneas y se pasó a la acción, acabando casi como contaba Cercas, mi tío (o para ser más exacto, primo segundo) se pasó la guerra traduciendo El Archipiélago de Hölderlin, y luego, acabada ésta, tuvo una larga y exitosa vida académica en Madrid donde alumbró una obra muy variada, muy prestigiada y poco leída.

Veinticuatro años antes de todo esto, LDdC Pedruzo había nacido en la casa n. 11 de Vara de Rey, donde a comienzos de los ochenta el alcalde Manolo Sainz le colocó una placa homenaje (más bien un lápida) para significar el lugar.





La casa, obra de Luis Barrón en 1892 para los hermanos Bergasa, cayó al poco tiempo de ponerle la lápida y fue sustituida por el edificio de José Ignacio Rodríguez que puede verse ahora y que me parece mejor no mostrar aquí para no dañar su memoria.

El nacimiento de Luis hijo coincidió con la iniciativa de Luis padre de construir una casa de su propiedad en lo que hoy es la Avenida de Navarra 16, casa que subsiste aún, pero tan venida a menos, que casi da pena verla.



El proyecto se lo hizo Francisco de Luis y Tomás en febrero de 1911 y por los planos que he podido ver no tuvo mayores lujos decorativos (mis antepasados siempre fueron gente austera, comentó la nieta); en todo caso, en la foto de los años veinte que puede verse en mi Guía de Arquitectura de Logroño, algo más de dignidad que ahora ya tenía.


Como Luis Diez del Corral Pedruzo no volvió por la Rioja más que a algún festejo familiar, a hacer turismo y a decir que se sentía muy riojano en los homenajes que se le tributaron, ya no hay más lugares en el tour que esa plaza o parque que lleva su nombre (y el de su padre), y que en realidad no es más que un gran patio de manzana ajardinado entre bloques abiertos, situado en la vieja salida hacia Soria nada más cruzar la circunvalación a la derecha. Es uno de esos sitios que veo desde el coche y al que no me animaría a ir en un tour urbano ni aunque estuviéramos sobrados de tiempo. Pongo un planito de situación usando el siempre útil plano en tres dimensiones de J. Ignacio Saénz Monis, y me despido amablemente de todos Vds. deseándoles que lo hayan pasado bien y se hayan instruido en algo.


jueves, julio 05, 2007

LUNATIC PUB, BARCELONA




Mi interés casi exclusivo por los edificios y las guías de arquitectura me ha provocado no pocos problemas cuando al estar de visita en una ciudad ha llegado la hora de cenar o hemos tenido que pensar en el lugar donde pasar una velada agradable. Por eso (entre otras cosas) siempre ha sido un placer viajar con Pepe Garrido, pues al poco de llegar a una ciudad siempre sabía donde llevarnos: qué gran recuerdo guardo en ese aspecto de dos primeras cenas en Turín y en Nápoles. Reconozco haber sido nefasto a la hora de guardar las direcciones de las recomendaciones que me hacen los amigos. Pero eso ya se ha acabado. A partir de ahora pienso ir poniendo en este blog las reseñas de los sitios por los que he pasado y en los que me he sentido muy a gusto. Y si se me escapa algún comentario arquitectónico, pues mejor.

El LUNATIC PUB de Barcelona es un bar de copas para ir entre las 11 o 12 de la noche y se lo debo a Mónica y Carlos. Creo que es de justicia reconocer siempre a los guías que nos llevan a ciertos sitios, pues adquieren así la condición de lugares personalizados. Paso de las recomendaciones de las Guías hechas por los tiburones editoriales del turismo de papel couché y de sus periodistas tripones. Solo me interesan las recomendaciones directas, pues prefiero confiar en las personas antes que en los productos; y sólo me fío de la información actualizada, pues la vida de los locales es muchas veces efímera o pasan por fases de esplendor y decadencia en poco tiempo.

Cuando nos acercamos al lugar donde está el Lunatic, en la calle Regent Mendieta 38, entre Travesera de las Corts, Avenida de Madrid y el carrer de Sans (ya siento lo largo que es el link del mapa que pongo arriba por si queréis abrirlo: http://maps.google.es/maps?f=q&hl=es&geocode=&q=Carrer+del+Regent+Mendieta,+08028,+Barcelona,+Barcelona,+Catalu%C3%B1a,+Espa%C3%B1a&sll=40.396764,-3.713379&sspn=14.146677,28.037109&ie=UTF8&cd=1&ll=41.378966,2.126284&spn=0.013621,0.02738&z=15&iwloc=addr&om=1) , Mónica nos dijo: “no os asustéis por la entrada; una amiga mía que vive por aquí y que no lo conocía siempre pensó que se trataba de un puti club”; pero a mí no me pareció tan raro sino más bien discreto, y al ver que nada más atravesar la puerta había que bajar unas escaleras, sentí el encanto de todos esos garitos musicales neoyorkinos que están bajo tierra. Entre la escalera y la sala hay una barra no muy grande (como de restaurante o así) donde te recibe un elegante camarero (¿o dueño?) que viste la clásica casaca blanca de los viejos tiempos (no sé cómo se llama esa prenda pero ya os hacéis una idea) y te invita a pasar adentro.

La sala no es gran cosa: un espacio oblongo y algún pilar en medio con dos líneas en paralelo de…, vaya, no doy con la palabra; igual es que no la hay: “círculos de asientos bajos en torno a mesitas para las bebidas” sería lo apropiado, pero es un nombre muy largo. Hay que inventar un nombre para eso. Bueno, pues ya me entendéis. A pesar de la poca luz, creo recordar que todo el decorado y la tapicería están en tonos rojizos, ahí sí, como de puti club. Dicen que los cócteles son muy buenos, pero no entiendo mucho de eso así que lo único que puedo decir es que el manhattan que pedí, mejor dicho, el manhattan que me pidió Mónica, estaba muy bien.

Pero voy con lo mejor que se me acaba el folio. En uno de los lados justo a la entrada hay un pequeñísimo escenario donde suben varios tipos solitarios con la guitarra bajo el brazo, que yo creí que ya no existían. Cantan, fuman, hablan con el público, cuentan chistes y beben de sus tragos largos entre canción y canción. Me tocó ver a Manel en primer lugar y luego, a Pedro Giménez y ambos me hicieron pasar un rato muy emotivo. Como llegaba San Juan, Manel cantó Fiesta de Serrat, que siempre me pone la carne de gallina, pero lo suyo son canciones desgarradas y más bien extrañas; las de Pedro, sin embargo, eran casi todas conocidas pero muy selectas: por ejemplo, haciendo bromas con la cejilla, la ceja o la cejación, a petición de un cliente, nos cantó la preciosa canción de Fito, La Casa por el “Cejado”.

En la página de bares de Barcelona que recoge los comentarios sobre este local http://www.bcn-nightlife.com/bars-pubs/lunatic-pub-2/es/ hay sólo cinco comentarios, pero como son de hace un par de años y el look del camarero de hace cincuenta, parece que es un lugar con solera y que no va a cambiar de la noche a la mañana.

Si vais a Barcelona, si tenéis tan buena compañía como la que yo tuve, y decidís acabar el día en el Lunatic Pub, seguro que vais a pasar una delicia de noche.

PS: No tengo fotos del local ni de la calle, porque a esas horas suelo dejar la cámara en el hotel, así que si alguien me manda alguna, la pondré con mucho gusto.