lunes, junio 11, 2007

EL QUINTO, QUINTÍN




En esta breve historia de los arquitectos de Logroño por entregas que voy haciendo en el blog, me había hecho a la idea, quizás por aquello del retruécano, de que el quinto arquitecto era Quintín Bello, pues tras el arranque de Maximiano Hijón, los reinados de Francisco de Luis y de Luis Barrón, la breve carrera de Agustín Cadarso, y justo antes del imperio de Fermín Alamo, ese puesto en la historia le cuadraba perfectamente él. Pero una cosa es el encaje de las épocas y otra los datos, y estos son tozudos: Quintín obtuvo el título en 1905, es decir, cuatro años antes que Agustín, por lo que en puridad no sería el quinto sino el cuarto arquitecto más antiguo de la ciudad. Pero bueno, como la historia es muy flexible y cada uno la escribe como le da la gana, yo le dejo como quinto, y me quedo tan ancho. De todos modos tampoco es por capricho porque si se mira por el otro lado, algún argumento hay: y es que si el quinto es el anterior del sexto, y el sexto fue Fermín (de eso no cabe ninguna duda), es a Quintín, y no a Cadarso, al que le toca soportar la fertilidad de su seguidor.
Mientras que Agustín Cadarso hereda de FdLuis el puesto de arquitecto provincial, Quintín hereda de Barrón el de municipal y lo ejerce desde 1909 hasta 1929, con un lapso de dos años (entre 1923 y 1925) en el que se vio afectado por un turbio expediente de inhabilitación al haber sido juez y parte en una obra del casco viejo. Como también hemos visto en algunos otros pasajes de la historia, tampoco Quintín jugó limpio con la herencia de Barrón pues puso su nombre debajo de algunas ideas y planos que había hecho su predecesor sin mayor escrúpulo (v El extraño caso de los almacenes municipales, o la paternidad del porticado de Muro de la Mata (p 50 y 51 del libro de Concha Cerrillo)). A diferencia de los toros, al final el quinto nos va a salir malo…
Llamémosle entonces Bello en vez de Quintín, a ver si cambiamos el carácter de sus recuerdos arquitectónicos. Y en efecto, desde la perspectiva de pobreza decorativa a que nos condujeron todas las modernidades del siglo, los pocos edificios de Bello que quedan en pié han alcanzado casi el carácter de monumentos histórico-artísticos (para los partidos de la oposición, sin casi).
El nombre de Quintín Bello aparece en cientos de expedientes de obras menores, elevaciones, reformas de fachadas, etc. en el Casco Antiguo y aunque buena parte de sus obras ya han desaparecido, aún se pueden ver unas cuantas casas suyas (las mejores, probablemente) y hacernos una idea de su estilo personal. Las pongo en orden cronológico:

1911: Bretón de los Herreros 52
1912: Teatro Moderno (desaparecido, pero muy fotografiado)
1912: Edificio de viviendas para la familia Martínez Zaporta en la plaza del mismo nombre.
1913: Av Navarra 7
1913: Sagasta 27
1924: Avda Paz 40
1924: Hnos Moroy 12
1924: Baños 4 y 6
1925: Avda Paz 44
1925: Sagastuy 9
1925: Puente 13
1926. Duquesa de la Victoria 34 (mi casa)
1928: Pza Alférez Provisionales 2
1928: Rua Vieja 42
1930: Avda Paz 69

No es mucha obra si la ponemos en comparación con la que en esos mismos años levantaba Fermín Alamo, y también ya Gonzalo Cadarso (el séptimo) y Agapito del Valle (el octavo). Así que para la historia de la ciudad, las dos huellas más señaladas de Quintín Bello, y acabo así esta apresurada nota, son esas dos plazoletas de desigual fortuna que abrió junto a la calle Portales. La de Martínez Zaporta, en 1912, puso fin a la idea de enlazar Capitán Gallarza con Santiago que pretendía tejer un pequeño ensanche dentro del casco antiguo, y tiene aún el aire de esas operaciones pintorescas que proponía el urbanismo de Camilo Sitte. Los dos edificios con los que la configuró, el Teatro Moderno y la casa de los Zaporta con su torreón en esquina, le dieron un carácter que aún subsiste a pesar de la reciente sustitución del primero.



La de San Agustín, sin embargo, tiene un aire mucho más geométrico y cambió para siempre la escala y la forma de descubrir y contemplar el gran caserón de Espartero. El plano de ordenación que muestro abajo es de 1915 y Bello no tuvo mayor suerte en construir ninguno de los equipamientos públicos que se edificaron en lo que fuera el gran solar del convento de San Agustín. No creo en maleficios pero la historia reciente de esta manzana parece marcada por la desventura de este soso plano de alineaciones de nuestro quinto Quintín.