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miércoles, junio 21, 2023

CHEMA PELAEZ

 


“Los primeros años de estudio, formación y educación, la relación familiar y de nuevas amistades y compañeros escolares, en un entorno socialmente favorable, cercano y tradicional, mantenidos incluso en la actualidad, favorecen e inciden en la determinación de los rasgos del carácter, rigor y coherencia, que posteriormente se va a trasladar y perseguir en el desarrollo laboral y profesional.”


Al final del librito ARQUITECTURAS EN LA RIOJA 2016-2019 hay un pequeño apartado con el título BIOGRAFIAS que muestra brevemente lo que cada autor de las obras “seleccionadas” escribió de sí mismo a modo de presentación. Y mientras que la mayoría pusieron allí algo así como un pequeño currículum vitae, Chema Peláez, sin embargo, redactó un párrafo más bien poético en el que seleccionó una serie de palabras claves que podrían definir los rasgos de su carácter personal y profesional: estudio, educación, relación familiar, amistad, compañerismo, entorno socialmente favorable, rigor, coherencia. Si lo que yo pretendía con esta especie de charla, artículo o entrevista, era presentar y contar algo de algunos arquitectos que han trabajado en La Rioja en las últimas décadas, —por dar continuidad a aquella serie que inicié en ELHALL con Julio Sabrás, Rafael Gil Albarellos, Aurelio Ibarrondo o Gerardo Cuadra—, estaba claro que Chema me ponía fácil la cosa: y es que nada más complicado para el entrevistador que buscar las palabras adecuadas con las que definir al entrevistado, y poder así derivar la charla hacia asuntos menos profundos o más circunstanciales.

Por ejemplo, de dónde viene uno. Aquí en Logroño, donde la mayoría tenemos raíces en alguno de los pueblos de la provincia, Chema se presenta como logroñés por los cuatro costados. Aunque si rasco un poco, ya me dice que sus padres vinieron de Cervera del Río Alhama, uno del barrio de arriba y el otro del barrio de abajo, pero que a nivel profesional, las posibles relaciones con aquella comarca no han tenido repercusión alguna en encargos profesionales. 

Lo que sí tuvo importancia a nivel laboral fue la formación como arquitecto en Navarra, porque el primer equipo en el que empezó a trabajar fue, como en tantos otros casos, con compañeros de la Escuela: Alfonso A. Ibáñez, Araceli Barrio e Iñaki Madinabeitia. También recuerda que en sus inicios profesionales pasó seis meses trabajando en el despacho de José Miguel León, en el proyecto de Rehabilitación de la Bene. Esto de trabajar con amigos o compañeros, ya lo decía en su presentación, es uno de los rasgos que mejor le definen y que más me llama la atención, porque para mí siempre será un misterio saber qué es lo que aporta cada uno al trabajo, cómo se gestionan las responsabilidades o incluso, cómo se reparten los dineros en algo tan complejo y dilatado en el tiempo como un proyecto y una dirección de obra de arquitectura. Hace falta saber manejar el compañerismo y la amistad o vivir en un ambiente socialmente favorable, como él mismo escribe, para ir encadenando colaboraciones con unos y otros arquitectos con la asiduidad que podemos ver en sus trabajos.

Cuando le pregunto si se siente satisfecho de las más de tres décadas de ejercicio de la profesión, su respuesta se resume en una palabra tan evocadora como las de su autopresentación: 

—Esta profesión es agridulce. Hay momentos muy felices, pero también te busca conflictos o problemas que no te esperabas y que acaban por no dejarte dormir

—Le pregunto si tiene enemigos (seguro que no más que yo…, le digo entre risas) y me dice que no es eso:

— No, enemigos no, y si me comparas contigo, ni te cuento, ja ja ja. Pero no con todo el mundo te puedes entender. Lo peor es verte envuelto en demandas y líos judiciales que surgen de donde menos te lo esperas y que, como te digo, acaban por quitarte el sueño.

Uff, a la memoria me viene los que tuvo el pobre Ramón, amigo común en nuestros viajes COAR. Esos líos que acaban emergiendo en graves enfermedades que a veces se te llevan por delante...


-—Ah sí, —me responde cambiando de tema—, eso de los viajes que organizaste me lo recuerda muchas veces mi mujer. Qué época tan dulce… 

Del penúltimo de ellos, el de Brasil, guardo el agradecimiento que me hizo llegar Chema en forma de fotografías, y que dio lugar a una pequeña nota en este blog: SABER VER. Pero ya que sale en la conversación su mujer, no solo se abre la ventana al pasado de nuestros viajes colectivos sino a su futuro personal, a su vejez: su mujer es asturiana, y...

 -—Cuando se acabe todo esto del estudio, yo me veo allí en Llanes, donde tenemos una casa desde hace años

—Ya, le digo, la de esas fotos que salen en un trabajo tuyo de interiorismo que he visto en internet. 

—Eso mismo. Cada vez me tira más el Norte, la costa, el mar. 

A mí eso de saber donde ir a pasar la vejez (eso de donde caerse muerto, que se dice coloquialmente) me da mucha envidia, la verdad. Yo nunca me he sentido cómodo en Logroño, pero tampoco tengo un lugar que me llame, así que le felicito por ello.

Hablamos también de hobbies, y de deporte. 

—La mountain bike es mi pasión (y corre a enseñarme su máquina perfectamente ubicada en medio del archivo del despacho). Todos los sábados intento hacerme una buena ruta, y aún tengo fuerzas para no pasarme a la eléctrica. Pero visto así en general tengo pocos hobbies porque el mayor problema del trabajo de arquitecto es la cantidad de horas que metes. No tienes tiempo ni para contarlas. 

Eso, creo yo, es producto de la economía con que Chema ha organizado su trabajo, siempre con compañeros arquitectos y prescindiendo de montar infraestructuras laborales que le habrían complicado la vida mucho más. 

Si bastante se ve uno agobiado trabajando para uno mismo, ya no digamos qué sería si tuvieras que dar trabajo a otra gente. 

Le pregunto por los aparejadores (como le pregunté a Julio Sabrás en aquella primera entrevista de ElHall) y me responde de forma parecida: 

—No digo que a veces no hayan sido un buen apoyo pero muchas otras veces hemos tenido nosotros que hacer todo el trabajo... No es relación en la que me sienta cómodo.   

Gracias a esta entrevista me entero de que Chema ha sucedido a Jesús Marino en la presidencia de la Asociación de Amigos de los Castillos de La Rioja y que en su dedicación a la causa ha trabajado en la consolidación de la ruina de la torre de Arnedillo, está trabajando en el castillo de Leiva y parece que va a proyectar mejoras en las ruinas del de Clavijo. 

consolidación de la ruina de la Torre de Arnedillo. foto LR 2020

—En la polémica sobre la compra del castillo de Davalillo traté de poner algo de razón mediante un artículo en La Rioja. Si no lo leíste, ya te lo pasaré. Lo de la Asociación, la verdad, no da mucho de sí; es gente friki más dada al coleccionismo que a otra cosa.  

Sí, algo de eso debe de haber, porque en las recientes Jornadas de Arte y Patrimonio organizadas por el IER sobre los Castillos riojanos ni siquiera se menciona a dicha Asociación.

— Pero eso de los castillos es un asunto menor en tu trabajo ¿no...? 

— Bueno, en realidad yo he trabajado de todo, viviendas (como las de Rúa Vieja, o las de la Calle Mayor, con Inma Sanz y Rafa Saénz, o las de aquí mismo en Bretón de los Herreros con Juan Carlos Merino) , edificios industriales (el de Talleres Burgos con Alfonso Ibañez en la Portalada, que tanto gustó), interiorismo, aparcamientos subterráneos (los de Jorge Vigón), los Cines Moderno, con Merino también, después de aquella movida que montaron Aranzubía y Sabrás, también algo de Urbanismo (Treviana), asesoría Municipal (Medrano), una escuela (también en Medrano) y hasta un casino con rascacielos en Benidorm (!)... 

viviendas en Rúa Vieja 63

Talleres Burgos

Cines Moderno, pza Martínez Zaporta



parking de Jorge Vigón, foto de La Rioja 2006

Calado, Espacio Polivalente, calle Rúa Vieja; arquitecturas en la Rioja 2013

Escuela en Medrano, foto La Rioja 2018

viviendas en El Cubo

—Vamos con las viviendas primero, sí, porque aquel bloque del Cubo les gustó tanto a los periodistas de La Rioja que acabó por tocarme las narices y en los comentarios del Volumen II de mi Guía de Arquitectura de Logroño, lo traté con cierto desdén. 

— Sí, bueno, a mí no me afecta mucho lo que diga el Diez del Corral ese, ja ja ja, pero a mi amigo y socio en dicho proyecto, Francisco Martínez Soto, sí que le hubiera gustado tener contigo unas palabras, porque él se lo tomaba todo muy a pecho, es muy obsesivo con la arquitectura. Trabajamos muchísimo, y yo siempre me he sentido muy a gusto con el trabajo y el resultado. Y además, —eso se puede decir ahora—, tuvimos un gran apoyo de Javier Martínez Laorden, quien nos permitió transgredir ciertas normativas municipales que hubieran impedido algunos aspectos esenciales del proyecto, como el remate de las cubiertas, la normativa de las plantas bajas, etc.  

Cómo me alegra poder saldar cuentas pendientes, la verdad: si fuí algo despectivo en el breve comentario de la guía era por llevar la contraria a los periodistas y a los autores de la Guía de Arquitectura del COAR, o porque en general me trae bastante al pairo toda la arquitectura moderna, pero que conste una vez más, que valoro y respeto, más de lo que la gente se puede imaginar, la parte del trabajo de los arquitectos, y que buena parte de ese esfuerzo no se ve reflejado en los edificios, en los que a veces tiene más peso la normativa, la promoción, la tecnología del sector o la propia construcción. 

Y lo que me dice de Javier me llena también de satisfacción porque en lo poco que ejercí la profesión yo choqué con él bastantes veces por su falta de flexibilidad en la letra y en la interpretación de las normativas municipales y sin embargo en sus últimos años, gracias seguramente a los viajes COAR, se produjo entre nosotros un cierto acercamiento mutuo. Aún recuerdo una comida en Brasilia en que su mujer me echó en cara lo mucho que me había metido con Javier en mis escritos críticos y él le decía, calla, no le digas eso, que nunca hubo en ello nada personal...


—Con lo del Casino y rascacielos de Benidorm me dejas sorprendido, y seguramente también a quienes puedan leernos en el LHD. ¿Cómo desembarcaste por allí? ¿construir en Benidorm es casi como hacerlo en Nueva York, no? ¡Un rascacielos, madre mía!

Bueno, el edificio en altura aún no se ha construido, pero ahí está como contrapunto del pabellón del Casino; su planta cabe en un DINA3; lo demás es poner una planta encima de otra, hasta 32, creo. ¡Es más esbelto que las Torres Gemelas! Es otro trabajo en colaboración, esta vez con Juan Ramón Martínez. 


Aquí están los dos en Benidorm en el día de la presentación del proyecto. Internet facilita mucho dar con la información gráfica. La fecha de ese "Periodic" es de noviembre del 2013

Le pregunto también por el Colegio, o por su implicación política (los que hicimos la carrera en los últimos años del franquismo —le digo—, vivimos unas Escuelas mucho más politizadas que los que se graduaron después, y yo creo que en mi caso me provocó algo así como un corte generacional, tanto con los que estudiaron antes, o lo hicieron en Escuelas menos politizadas, como con los que estudiaron arquitectura después). 

A mí me han hecho varias ofertas para estar en las Juntas del Colegio. Y me acuerdo mucho de cuando estaba en la Comisión de Cultura con Dulín, cuando nació ElHall. Lo que dices del compromiso político, no lo había pensado, o no me he sentido muy involucrado. Trato de ejercer mi profesión sin importarme mucho el partidismo. Ya te digo, bastantes horas cuesta sacar adelante los proyectos. Este trabajo no da para más...

—Seguramente tengas razón. Ha sido un placer verte de nuevo y charlar contigo de una forma tan agradable y amistosa. No sé lo que acabaré poniendo en el LHD, ese "hall" particular (aunque también abierto al público), pero que como te he dicho al principio, primero te lo mando a ti, y si quieres añadir algo o corregir algo..., me lo dices. Que al fin y al cabo sea esto una "colaboración", como las que sabes hacer tú mejor que yo.

miércoles, mayo 31, 2017

LOS ÚLTIMOS DE JAPÓN



Todo el mundo ha acabado por sentir amor, o por lo menos piedad, hacia el primer país que sufrió en sus carnes los devastadores poderes de la energía nuclear, pero esa condición de víctima que Japón adquirió tras el brusco final de la Segunda Guerra Mundial ha ocultado que los japoneses son uno de los pueblos guerreros menos propensos o dispuestos a la rendición. Entre las cosas que he leído estas semanas atrás sobre las bombas de Hiroshima y Nagasaki está el análisis de que sin ese par de deflagraciones nucleares el final de la contienda entre Estados Unidos y Japón hubiera sido terriblemente más cruenta. Según documentos de la época, ante una posible ocupación norteamericana los japoneses estaban dispuestos a morir con los cuchillos de casa en la mano. Todo menos rendirse.

Tras las pasadas semanas de interés por formar un grupo de amigos y arquitectos de Logroño para organizar un viaje a Japón, algo de ese espíritu indómito parece que se nos ha pegado a unos cuantos porque, aunque todo parecía ponerse en contra, al final de la reunión del lunes 29 de mayo no nos dimos por vencidos y acordamos que tarde o temprano acabaríamos yendo juntos a Japón, y que ese acuerdo no era una derrota sino el germen de un futuro triunfo.

Ya una semana antes Raúl Gonzalo (y no yo) se había constituido en el auténtico valedor del viaje. "Da igual lo que cueste, Juan, -me había dicho por teléfono-, lo importante es volver a juntar a una piña de arquitectos para salir afuera y ver mundo. Sí, vale, seguramente si se lo organiza uno por sus propios medios igual te sale más barato, pero no es lo mismo. La buena compañía o la camaradería entre arquitectos es algo que no tiene precio". A decir verdad me quedé impresionado por el entusiasmo de Raúl y por la razón y el valor de sus palabras, ...aunque también con la pena esa del pesimista que acaba por pensar que lo que no tiene precio... se desprecia.

De un posible grupo de 21 personas interesadas en un viaje a Japón para los próximos San Mateos nos habíamos quedado sólo ocho, Antonio Blasco, Eva Gil, Raúl Gonzalo, Yolanda Soares, Chema Peláez y Cristina, y mi mujer y yo, aunque a última hora aparecieron dos refuerzos más: Inmaculada Sanz y Jorge Leal.

Japón es un mundo mucho más denso y abigarrado de lo que yo había pensado. Y formar un grupo de antiguos viajeros del COAR en estos tiempos de facebook o uasaps, también es algo más complicado de lo que había podido imaginar. Los sociólogos y analistas de la conducta ya están avisando de que todo el mundo prefiere dar o recibir cientos de "visitas al blog" o miles de "megustan" por aquí y por allá antes que comprometerse en la más mínima cosa. La amplia red de contactos superficiales está sustituyendo, cuando no anulando, al contacto personal. Y por eso mismo, creo que la alegre mesa de los "últimos de Japón" es el mejor recuerdo de estas semanas de ilusiones y preparativos. O tal y como acordamos, el mejor germen de un futuro viaje.

Para crear un grupo de treinta o cuarenta viajeros arquitectos con destino a Japón, hay que seguir profundizando mucho más en su cultura, hay que pensar recorridos concretos de arquitectura moderna, hay que estudiar y seleccionar algún templo que valga la pena de entre los miles de templos que ofrecen, hay que pensar en paisajes no trillados o lugares más selectos, y lo que siempre me ha gustado a mí para los viajes COAR, hay que dar con alguien de confianza en Japón que nos pudiera abrir camino y servir de interlocutor. Pero por otro lado, entre las conclusiones de esta experiencia de organización, también he sacado la conclusión que hay que dejarse de blogs, mails, facebook y uasaps y aceptar que no son el sustituto de las tradicionales relaciones personales, porque... para viajes virtuales ¡ya está la red! Viajar con personas, es otra cosa. No digo que sea como "hacer la guerra", pero... casi, ja ja ja.

Lo dicho, este año no ha podido ser, pero los últimos de San Mateo Nipón 2017... ¡no se rinden!




jueves, abril 26, 2007

SABER VER








El martes pasado Chema Peláez me mandó por correo electrónico unas cuantas fotos del viaje que hicimos en otoño a Brasil, -unas imágenes tan hermosas como aquellas que me envió Ramón Ruiz Marrodán sobre Camboya y que publiqué en el LHDn118. Se lamentaba Chema en el envío de que no hubiéramos tenido la habitual puesta en común de los pequeños logros fotográficos y de los muchos recuerdos arquitectónicos de nuestro viaje, y me disculpaba en mi respuesta comentándole que tras los despechos que me había hecho el “Colegio” que nos unía, me había quedado yo sin otra energía para hacer vida social con la profesión que la que me proporciona la escritura de este “blogcillo”. Qué pena me da decir estas cosas; qué tristeza pensar que puede que ya no vuelva a organizar otra vez viajes de arquitectura con compañeros tan estupendos como Ramón o como Chema.

Los lectores de este rincón de pensamientos habrán podido percibir que mis opiniones sobre los arquitectos en general no son muy favorables. Pero de la generalidad no tienen la culpa ellos, sino la gran cantidad de factores que hacen de nuestra profesión una actividad venida a menos. Sin un buen soporte teórico, histórico y crítico, la arquitectura es poco más que una ingeniería del ladrillo; sin una crítica social de los encargos, la incultura arquitectónica de promotores (tanto privados como públicos) convierte el diálogo con los arquitectos en una relación desigual o, aún peor, en un diálogo de besugos; con una normativa y una tutela administrativa que controla al arquitecto como si fuera un tramposo, poca alegría le puede quedar para sacar sus ideas adelante; con una forma de producción cambiante día a día por culpa de una informática chupasangres, no hay forma de estabilizar los hábitos de trabajo de los estudios; y así sucesivamente. No es de extrañar que en estas circunstancias le haya dicho a más de un compañero que ejercer hoy de arquitecto es una tarea heroica.

Si como colectivo no puedo hablar bien de los arquitectos, me gustaría a cambio reconocer que a nivel personal muchos de ellos poseen otras virtudes que hacen que me sienta muy orgulloso de nuestra profesión.

Y una de ellas, es la de la mirada sobre el entorno: la sabiduría para ver las calles, los edificios y los detalles de la escena urbana, o la sensibilidad que tienen para observar a las gentes que los habitan (¡y eso que las revistas de arquitectura les machacan con imágenes en las que nunca hay nadie!)
Para ser un buen arquitecto, o en general, un buen creador, hay que saber ver. Las condiciones en que se desenvuelve la profesión no son muy favorables para la creación arquitectónica, pero me consta que hay muchos arquitectos que tienen desarrollada una mirada de grandes creadores. Lo he podido comprobar cada que vez que nos juntábamos después de un viaje a compartir nuestras fotos.

Las fotografías de este post, o las del LHDn118, no son de fotógrafos profesionales, sino de arquitectos. De personas que saben ver. De compañeros y amigos que compensan con sus correos electrónicos la distancia que ha interpuesto entre nosotros la actual Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de La Rioja.