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martes, abril 03, 2007

BORREGOTTURISMO



Dícese así de la práctica generalizada de ver monumentos, museos o ciudades, en grupos de entre veinte y cincuenta personas, que consiste en aceptar (y hasta demandar) constantes explicaciones de un guía que porta banderita o paraguas en alto. En su fase más primitiva (pero aún generalizada) el guía debe comunicarse a voces con el grupo de borregoturistas. La fase tecnológica del borregoturismo, iniciada hace unos diez años, consiste en dotar al borregoturista de unos auriculares y un aparato receptor por los que recibe, o bien las explicaciones del propio museo, o bien las de su propio guía, quien se evita así tener que dirigirse a ellos a gritos.

Bueno, esta podría ser una definición suficiente para que el diccionario enciclopédico wikipedia dé consistencia a este palabro, que a buen seguro el RAE no admitirá hasta dentro de cien años, pero que resume como ningún otro una práctica generalizadísima de nuestro tiempo. Tan generalizada que los jóvenes han llegado a considerarla como un derecho natural. Me explico: cada vez que llevo a mis alumnos a ver alguna exposición, monumento o edificio, me piden que se lo explique in situ, a lo que contesto que ni hablar (nunca mejor dicho), que de eso nada; que hemos venido a verlo; o a dibujarlo (esa forma tan estupenda de ver más y mejor); que las explicaciones hay que buscarlas antes de la visita o después; y que por mi parte me niego a interferir en la relación directa entre una obra de arte y un alumno. El que no sepa ver nada, ni sentir nada en presencia del cuadro o el monumento, allá cuidados. Peor para él. Que no hubiera venido. Es más: si queréis nota, les digo, protestad enérgicamente ante la organización del museo por permitir que haya grupos de borregoturistas que interfieren con el vocerío de sus guías en la contemplación que habéis venido a realizar.

Anecdotario de borregoturismo:

La primera vez que vi a un grupo de borregoturistas siguiendo las explicaciones de su guía mediante auriculares fue en el Louvre hace unos siete años. Eran japoneses y sentí un gran alivio. O un medio alivio, porque aunque uno se hubiera librado de los gritos del guía, el rebaño seguía más o menos en formación empujando y arrasando a todo el que se encontrara a su paso. La sumisión al grupo y el rechazo a los posibles contempladores ajenos al grupo aumenta considerablemente al recibir la “instrucción” por auriculares.

La ocasión más desagradable de borregoturismo que recuerdo fue en los Uffici de Florencia. Tras convencer a los alumnos de nuestra posición contraria al borregoturismo, nos habíamos quedado solos Javier Dulín y yo contemplando y comentando en voz baja algunos de sus maravillosos cuadros, cuando nos vimos una y otra vez importunados por chillones profesores italianos con sus grupos de alumnos. Amén de los habituales japoneses sin auriculares, claro. Fue horrible.

Otra experiencia singular de borregoturismo fue en el Museo del Cairo. La cantidad de grupos era tan numerosa y el griterío de los guías de tal calibre que aquello parecía un mercado oriental. Ya no era cosa de defender (por imposible) el derecho de la contemplación personal frente a los grupos de borregoturistas sino de luchar con tu grupo frente al otro, comparar a tu guía con el del otro, no perder el hilo de tu grupo, etc. Me reí tanto con las sucesivas batallas entre grupos que apenas recuerdo otra cosa del museo.

Como he sido guía de numerosos viajes para los grupos del Colegio de Arquitectos, algunos guías impuestos por las agencias a los que les he pedido amablemente que se callaran, me han hecho a cambio algunas confidencias del oficio. Lo más importante a la hora de llevar un grupo –me explicó un guía argentino al que le agradecí mucho que me hubiera entendido y que no nos explicara apenas nada de Los Angeles- es tener mucho cuidado con sus necesidades fisiológicas: que tengan siempre un water a mano y que no se te pasen las horas de las comidas y bebidas. Si además de ello, sabes contarles anécdotas picantes que les hagan reir, tendrás entonces un buen futuro en este trabajo.

Animo a todos, que vienen las vacaciones de Semana Santa y es época de borregoturismo. Y ojo a la variante local: el borregovinoturismo.

(La foto que he puesto para ilustrar esta voz es de Javier Dulín. Esta hecha hace dos semanas santas en el Valle de los Reyes. El guía era doblemente fundamentalista así que, además de intentar convencernos de las excelencias de Alá, hizo caso omiso de mis ruegos de no explicaciones, y de ahí mi cara de circunstancias. ¡Vaya viajecito que nos dio!).





jueves, marzo 08, 2007

145. SOSTENIBILIDAD








Tras un amplio debate y una reñida votación, el Consejo de Administración del LHD ha tomado en firme el acuerdo de apostar decididamente por la SOSTENIBILIDAD.

Cuando todo parecía indicar que en esta casa íbamos a seguir la misma línea de progreso y enriquecimiento de siempre, un Consejero Delegado puso sobre la mesa la noticia de los recortes de gasto energético que Al Gore piensa hacer en su mansión cambiando las bombillas incandescentes por las de bajo consumo, y acto seguido, el vicepresidente de nuestro Consejo remachó la jugada repartiendo fotocopias de la nueva política de Honda en la Formula 1 que decía así:
HONDA APUESTA POR LA ECOLOGÍA. La escudería japonesa de Formula Uno utilizará sus coches para alertar sobre los riesgos medioambientales (El País, martes 27 de febrero del 2007, pag 58).

Todos los allí presentes nos miramos con asombro y nos lanzamos a leer la noticia de marras: “La idea fue de Simon Fuller, el hombre que convirtió al futbolista David Beckham en un icono comercial y que se unió a Honda hace un año. “Nuestra pretensión es llamar la atención sobre los problemas medioambientales que acechan al Universo”, comentó Tadeo Fukui, el presidente de la compañía Honda. Y Nick Fry, el director técnico agregó: “El cambio climático es ciertamente el peligro más grande que amenaza a la humanidad. Y creemos que la F-1 es un excelente reclamo para concienciar a las personas y una plataforma de investigación que no podemos desperdiciar”.

Rápidamente tomó la palabra el Presidente del LHD, Sr Doce de la Granja para decir que el peligro más grande de la humanidad no es el cambio climático sino la imbecilidad humana, pero no pasó de ahí porque entre sonrisitas primero, y chanzas después, fue corriendo el chismorreo de que el coche del nuestro presidente es precisamente un HONDA.

Tomado el acuerdo definitivo en pro de la SOSTENIBILIDAD se repartieron las tarjetas que pueden verse arriba para ver cuál de ellas le podría cuadrar mejor a nuestra campaña comercial de lanzamiento de la nueva etapa. Al cierre de esta edición aún hay disparidad de criterios, pero todos apuntan hacia el último de todos ellos (el que no tiene nada por detrás) porque nadie fue capaz de averiguar cómo diablos se sostiene esa sostenibilidad. Su fabricante decía así: “Te presentamos la revolución en sujetadores. Por fin, una solución realmente eficaz para evitar que se vean los incómodos elásticos y tener una sujeción fiable y duradera. Con Stick Bra, una pareja de sujetadores en tonos negro y beige que se fijan a tu pecho mediante unos cómodos adhesivos. Te verás maravillosa”.

Y es que si nos vamos a ver maravillosas ¿qué más nos da cómo se sostiene?


lunes, marzo 05, 2007

141. CARLOS HERNANDEZ PEZZI Y LA CORRUPCION UBANISTICA





Dos pruebas más del calamitoso estado de nuestra profesión durante el pasado mes de febrero del 2007 han sido: 1) el artículo que el Presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos, Carlos Hernández Pezzi, publicó en El País el viernes 2 de febrero; y 2) la nula respuesta del colectivo de arquitectos (que yo sepa).

Que un Presidente de una profesión liberal e ilustrada se alinee públicamente y de una forma tan burda con los adictos a la progresía que adulan a coro las cuatro poses propagandísticas de la política del actual gobierno, es como para salir corriendo de ese colectivo. (Menos mal que yo ya lo hice –v LHDn122-, aunque por otras causas).

La canción que entona ese coro a viva voz, -para que entre otras cosas no se oigan las barbaridades de la negociación con el terror o el descalabro de la justicia nacional-, repite una y otra vez un lastimero verso sobre la existencia de una tal “corrupción urbanística” maligna y terrible, a la que otras voces contestan “tolerancia cero, tolerancia cero” (lo que no se canta ni para el asesinato) mientras que en el contracanto se oye una nostálgica melodía sobre la recuperación de los “valores” de los tiempos de la república y el advenimiento del remedio: una asignatura que se enseñará a los niños, llamada Educación para la Ciudadanía. Tal cual el artículo de Hernández Pezzi. Madre mía. Arquitecto y Presidente de todos los arquitectos. Me imagino la escena de felicitaciones en el Consejo Superior: “enhorabuena Carlos por tan bonito artículo en El País”. Y sobre todo me imagino (casi veo) la felicitación del decano de La Rioja, pues desde que está en el cargo no ha hecho otra cosa que cantar la misma canción “corrupción urbanística, corrupción urbanística ay, ay, ay, ay” (bueno, sí, ha hecho otra cosa: cerrar la crítica libre de arquitectura que podía ejercerse dentro del Colegio, convirtiendo elhAll en un folleto de exposición).

Corrupción urbanística, corrupción urbanística, ¿qué es la corrupción urbanística? ¿Se ha parado alguien de nuestra profesión cinco minutos a pensarlo bien? ¿Ha escrito alguien de nuestra profesión algo acerca la responsabilidad de la arquitectura y el urbanismo en la así llamada “corrupción urbanística”? ¿No sería más razonable que el Presidente de los Arquitectos en vez de cantar salmos al poder hiciera un mínimo análisis de nuestra aportación a esa especie de demonio que quiere dejar enanos a todos los otros males del país? Que va, que va, corrupción, corrupción, qué grande corrupción, la la la, la la la. Más alto, más alto. Forte, fortíssimo.

Sin ánimo de echar mano al diccionario, y guiándome tan sólo por lo que las palabras nos dicen o sugieren desde su acerbo popular, ni siquiera me parece adecuado usar la palabra “corrupción” para nombrar la avaricia y el soborno de aquellas personas que para ganar de forma indigna unas buenas sumas de dineros hacen uso de sus habilidades y conocimientos acerca del intrincado entramado burocrático y legal en que está enfangado el urbanismo desde hace tiempo.

En el mejor y más claro de sus usos, yo entiendo la corrupción tal y como sucede en el deterioro de los alimentos, es decir, en su disgregación, su putrefacción, su caducidad. En el más sencillo de los sentidos: tornarse malo lo que era bueno. Por lo tanto, cuando oigo la expresión “corrupción urbanística”, en vez de mirar únicamente hacia la avaricia de los humanos, hacia los sobornos, los enredos legales, los concejales mafiosos, las comisiones de urbanismo y todo eso, pienso sobre todo en la descomposición de la ciudad, y en la disgregación de sus ciudadanos, es decir, en buena parte de esas cosas de las que vengo hablando continuamente en este LHD.

La gente metida todo el día en coches para recorrer la ciudad y asomada en sus casas a las pantallas de las televisiones y ordenadores; la arquitectura de la vivienda convertida en un problema de envoltorios, retorcimientos o colorines del almacenamiento masivo (¡ay San Chinarro, qué espectáculo; y las seiscientas, qué epígono provinciano!); la decadencia significativa de los equipamientos públicos, la desaparición de la escena urbana de los verdaderos poderes fácticos, etc. etc., todo eso es la corrupción urbanística auténtica y verdadera.

El urbanismo era el saber sobre la ciudad. Luego se convirtió en la legislación sobre la ciudad. Y finalmente, en un laberinto de trámites y gestiones tan intrincado que no es de extrañar que en todos sus rincones crezca la maleza, la suciedad y la podredumbre. Pero el remedio no es cantar a coro contra los vicios humanos que crecen en esa mugre sino arreglar el corazón del urbanismo, su saber, o incluso su “ciencia” como quiso denominársela en algún momento. Y si el presidente de los arquitectos y urbanistas da ejemplo de lo contrario, y nadie dice nada, es que la arquitectura y el urbanismo van mal. Muy mal.

(La fotografía es de Internet. Carlos Hernandez Pezzi es el tercero empezando por la izquierda, justo a la derecha de la ministra de nuestro sector.)

lunes, febrero 26, 2007

136. MURO DEL CARMEN 1







Cada vez que vamos al Espolón desde Duquesa de la Victoria nos damos de bruces con esta curiosa esquina (foto 1), así que no es de extrañar que para los que vivimos en esta parte de la ciudad sea uno de nuestros edificios más familiares. Los sorprendentes balcones triangulares del chaflán sobre la entrada de las oficinas de planta baja parecen intentar alguna componenda entre las dos fachadas, pero el frente al Espolón es tan claro y potente (hasta rossiano nos pareció algún día…) que la imagen global del edificio resulta definitivamente fracturada.

Sin embargo, no siempre fue así. La historia de esta casa es tan larga y curiosa que merece una observación algo más detenida de la que ofrezco en la Guía de Arquitectura.

Cuando me puse a indagar sus datos alguien me advirtió que era una casa “capturada” –un concepto que para sí quisieran los organizadores de secciones de las Jornadas de Intervención en el Patrimonio. Por la noche, cuando las luces iluminan las habitaciones de la casa, el paseante se verá sorprendido de que los techos son de cuartones de madera, sistema constructivo que no encaja para nada con el aire años sesenta de las fachadas de ladrillo. Y es que, en efecto, la casa antigua sobrevive por dentro de la piel moderna. El proceso de captura se produjo en dos fases, y el momento intermedio se puede apreciar perfectamente en una fotografía aérea (foto 2) que, por lo que luego se verá, tiene que estar fechada entre 1956 y 1960.

Pero vayamos primero para atrás, hacia el origen de la misma. Hasta donde he podido saber, la casa se hizo con proyecto de nuestro querido arquitecto Francisco de Luis y Tomás en el año 1878 para el Marqués de Romeral, y como no podía ser de otro modo, el expediente carece de plantas, pero eso sí, ofrece muy bien dibujadas sus dos fachadas que, en aquel momento, tenían igual jerarquía. La esquina estaba pensada para unir la calle con la plaza y no para separarlas (foto 3). Hay una fotografía antigua muy bonita y conocida de la casa, que pego debajo de los planos de fachada en una sola imagen para economizar espacio (ya se sabe, el límite normal de blogspot para cada post es de cinco fotos).

Una esquina tan singular fue toda una tentación para un gran Banco, así que en 1928 se instaló en ella el Central con un emperifollado proyecto del arquitecto Isidro Benito, seguramente madrileño (foto 4).

En los años cuarenta, tras la construcción de los edificios del tramo del Gobierno Civil (ver LHDn5) según las arquerías pensadas muchos años antes por Luis Barrón y luego alargadas por Quintín Bello en plano de 1911 hasta el Muro del Carmen (v Cerrillo p 50), el resto del caserío se animó a lanzarse para adelante, y tras las casas de Cadarso y Fontán de 1952 y 54 en los números 9 y 10 (de las que por cierto, también hablaremos otro día), se animó la nuestra, es decir, la de la esquina. Y lo hizo con un proyecto de 1956 venido de Madrid (arquitecto Luis de Sala) sólo para la planta baja y la entreplanta, es decir, para el Banco Central.

El arquitecto municipal Luis González Gutiérrez puso dimes y diretes en sus informes preceptivos sobre las cota de los arcos, esto y lo otro, y curiosamente, al cabo de cuatro años aparece como autor (“por la privada”) de un proyecto de renovación de toda la fachada y la elevación de dos pisos por el lado del Muro del Carmen, y de tres pisos por el lado de Muro de la Mata, para una empresa constructora inmobiliaria llamada COMSA. Ahí es nada lo sólido que construía nuestro Francisco de Luis y lo que podían crecer las casas viejas (vincular con el LHDn88: Cuando las casas crecían).

Es decir, que la esquina fracturada que vemos al llegar de Duquesa de la Victoria al Espolón es de Luis González Gutiérrez, y los planos de su proyecto, los que muestro en la foto 5.

Creo recordar que los paramentos interiores de los balcones que dan al Espolón estuvieron durante un tiempo pintados de azulito, a la moda de los años sesenta, pero esa frivolidad ya se ha perdido. Como también se ha perdido el Banco Central: la actual planta baja ha sido remodelada recientemente para dar paso a una oficina gubernamental de cuya autoría no me he ocupado aún ni me apetece mucho, pues la entrada gris que le han puesto y los detalles de la puerta no me animan gran cosa.

Es curioso, pero parece que el destino quiere que los Bancos Centrales vayan siendo ocupados por instituciones públicas. En mi reciente visita a Madrid me vi desagradablemente sorprendido de que el poderoso Banco Central de la calle de Alcalá había desaparecido dejando su edificio a una institución oficial más o menos de segunda fila, el Instituto Cervantes.

¿Será que el Cervantes es ya tan poderoso como lo fue el Central y no me he dado cuenta?¿o será que la ciudad ya no vale nada y la gran arquitectura de representación pública les trae sin cuidado a los grandes bancos y a los ciudadanos?

miércoles, febrero 21, 2007

134. DISEÑO RETORCIDO POR ORDENADOR






La prestigiosa editorial Gustavo Gili publica de vez en cuando algunos libros basura que son verdaderas joyas de coleccionista. La pieza más valiosa de mi librería es del año 1976 y se titula “Estilo y decoración internacional”. Su autor es un tal Wolfgang Schwarze, y las ilustraciones son como para causar delirio a un amante del kitsch. Algún día volveré sobre él. Lo que quería contar hoy es que el otro día en un VIPS me compré otra buena pieza para esta colección, también de la GG, titulada “Arquitectura y Revolución Digital”, firmada en este caso por un tal James Steele. El reclamo comercial consistía en poner que su precio era de 40 euros, pero que por 14 te lo podías llevar. Tapas duras, buen papel, un índice prometedor, Ghery, Morphosis, Coop Himmelb(l)au, etc. etc. muchas imágenes impactantes de arquitectura generadas por ordenador…, me lo llevo.

A primera vista, el texto parecía querer decir algo, pero en cuanto empecé a dudarlo me pasé a las notas y la bibliografía y eché en falta la ausencia de la más mínima referencia a uno de los pioneros del “verdadero” DISEÑO ASISTIDO POR ORDENADOR, esto es, Christopher Alexander.
Los que leímos sus primeros textos de los años setenta nos quedamos perplejos sólo de pensar que un ordenador pudiera dar “forma” a un “programa de necesidades” sustituyendo al ser humano en la creatividad arquitectónica. Es cierto que habría que ser muy meticuloso y preciso en la definición del programa, pero una vez hecho éste, el edificio saldría solo. El diseñador podría ser sustituido por un computador (como se llamaban entonces) o cuando menos, y mientras la máquina se fuera perfeccionando, “asistido”por ella.

Como es sabido, Alexander se cayó del caballo camino de Lima, y descubrió que hay un “modo intemporal de construir” en nuestros códigos genéticos y culturales, y que podría ser más interesante investigar sobre ello que en el “diseño por ordenador”. Y así nació “Un lenguaje de patrones”, etc. etc.

Pero mientras tanto, los programas de dibujo con ordenador fueron naciendo y desarrollándose bajo el mismo nombre de Computer Assistant Design, es decir, “Diseños Asistidos por Ordenador”, creando una terrible confusión que nadie parece estar dispuesto a aclarar.

No estoy al tanto de los significados, matices y diferencias que puede haber en el mundo anglosajón entre drawing y design, es decir, entre dibujo y diseño, pero en nuestro lenguaje hace ya mucho tiempo que no se confunden. Para la arquitectura, diseñar es sinónimo de proyectar, esto es, crear formas a partir de un programa de necesidades, y el dibujo no es sino su herramienta de trabajo.

Quien quiera seguir la correlación entre el proyecto arquitectónico y los sucesivos tipos de dibujo empleados en el mismo puede leer mi artículo “Dibujo y Proyecto”, publicado en elhalln87, hC25 que está en la red en la página http://www.coar.es/cultura/elhall_fr.htm

Sin embargo, los programas de dibujo con ordenador siguen llamándose CAD y las asignaturas que lo imparten en los programas de estudios se han habituado a llamarse “Diseño Asistido por Ordenador” y no parecen querer cambiar.

A poco que un estudiante empiece a manejar estos potentísimos programas de dibujo y de todos los otros espectaculares programas vectoriales o fotográficos asociables a ellos, como los 3D, 4D, Photoshop etc., su capacidad de generar imágenes con ellos suele ir muy por delante de su capacidad de entender los espacios, las relaciones con el contexto, el sentido del orden y sociabilidad que proporciona la geometría, etc. etc., es decir, muy por encima de su capacidad de diseño. Y como formar en estas disciplinas a un estudiante cuesta un gran esfuerzo, las tendencias de la enseñanza y de la arquitectura parecen ir detrás de las desbocadas posibilidades de las herramientas.

Hace un par de años tuve la ocasión de ver los Proyectos Finales de Carrera de la prestigiosa escuela de Harvard, y nos quedamos alucinados: las láminas de los aspirantes al título de arquitecto podrían perfectamente estar en ARCO.

El libro de James Steele titula o denomina “revolución” a este proceso, pero a juzgar por los resultados, en los que las arquitecturas se ven rotas, o retorciéndose de dolor, yo creo que el asunto tiene más que ver con una paliza o hasta con un crimen.

(La primera imagen es de un proyecto final de carrera del 2005 en Harvard; la segunda es de una ilustración del libro de Steele: una obra de Eric Owen Moss en California)