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sábado, junio 30, 2007

CALVO SOTELO 1 bis







Ya tenía ganas yo de que al fin se editara la Guía de Arquitectura de Logroño porque de ese modo podría empezar a detectar fallos y carencias y hacer las correspondientes correcciones y ampliaciones. La documentación histórica no es cosa que se haga de un golpe y para siempre, y necesita constantes cuidados. El libro lo presentamos públicamente el día 14 de junio el alcalde Julio Revuelta y yo con quince ejemplares que la imprenta encuadernó a mano y a todo correr porque a Julio se le acababa el mandato; pero la edición completa llegó al Ayuntamiento el pasado jueves 28 de junio y descansa ya en las oficinas de vivienda a la espera de que los nuevos mandatarios decidan qué hacer con ella. Espero que pronto os podáis hacer con algún ejemplar y que los errores y nuevos datos sobre la arquitectura de la ciudad me lleguen también con vuestros mails. No es que vaya a ser yo el guardián de ellos o que confíe en nuevas ediciones, pero al menos espero ir comentando en este blog todo aquello que vaya surgiendo y crea de interés mejorar.

Durante estos días entre presentación y entrega, he podido consultar en el AML (Archivo Municipal de Logroño) el libro sobre Rafael Fontán (y luego hacerme con un ejemplar del mismo / gratuitamente, claro / cómo para pagar un euro por él…), y descubrir que la casa de Calvo Sotelo 1bis, sobre la que no me pudieron facilitar dato alguno en el AML es de este recién santificado arquitecto. La diligente jefa del archivo se aprestó a decirme que ese dato lo habría sacado el autor del archivo personal del arquitecto porque ella no se lo había dado (y bien cierto es, porque el cifrado 143 que viene en el libro sobre Fontán remite a ese archivo y no al municipal); pero gracias a los datos de promotor y a la fecha fecha que nos proporcionaba el libro se puso a buscar, y dio con el expediente del archivo que dirige. El proyecto es, en efecto, de Rafael Fontán para D. Cruz García Lafuente, propietario a la sazón del colindante Gran Hotel; lleva fecha de marzo de 1950, y estaba destinado a la construcción de la casa que hoy se ve y a un cine en la parte trasera de la casa que no se construyó. Puestos ahora a ser más documentalista que en la Guía, daré la referencia para quien lo quiera consultar: AML 244/1950.

Copio y releo ahora el comentario que viene en la pag 202 Guía y me retracto del mismo: “Calvo Sotelo 1 bis: carece de documentación. Estupendo edificio probablemente de AdValle con una elevación central muy singular”.

Lo de que carece de documentación ya no necesita mayor comentario. Publico aquí alguna de las fotos que he podido hacer de los planos, y a modo de anécdota cuento que el expediente contiene también las infructuosas gestiones que en 1956 hizo el promotor para recuperar las once mil pesetas que había pagado por la licencia del cine que finalmente no construyó.

Lo de “estupendo” creo que tiene que ver con la calidad constructiva del edificio y sobre todo con esa portada en planta baja que siempre nos llamó la atención por su anchura y decoro y que ahora ha encontrado su razón de ser. Esa solemne entrada con columnas de capiteles… nada jónicos (ay Gorka qué mal andas en estilos clásicos… /v p233 de su libro) estaba destinada a un cine. Cuando se firma el certificado final de obra en 1954 se dice que el edificio ya está acabado excepto en algunos detalles de planta baja, así que es de suponer que por entonces se estaba adelantando la fachada del portal de los pisos a la alineación de la calle, pues como puede verse en el proyecto, se pensó inicialmente rehundida.

Desconozco la normativa o el chanchullo que permitió la elevación central hasta seis pisos sobre la pbaja, o mejor dicho, dos sobre la línea de cornisa del resto de la calle, pero también resultó prudente la solución en torreón central y el retranqueo de las dos plantas extras y de ahí que la calificara yo vagamente de “singular”.

Como puede verse por las fotos que publico aquí, la planta de las viviendas no es nada singular y menos felices aún son los detalles decorativos de “depurada monumentalidad” que alegran la fachada. Pero todo esto se lo dejo a Gorka y a sus promotores privados e institucionales, que tan felices y contentos parecen estar con el libro de marras, para que lo califiquen de historicismo, racionalismo degradado o modernotasuna de los 50… y vayan poniendo así las verdaderas etiquetas oficiales a nuestra “Historia de la Arquitectura”.

PS Por cierto, ya que corrijo el mío, aprovecho también para meter mano en el de Fontán: Además del patinazo de los capiteles jónicos de la casa de este post, esta mañana he podido leer en la pag. 228, y repetido en la 311, que el edificio de viviendas Cabrero y Alarcia (Gorka pone a los edificios los nombres de los promotores…!) sito en Vara de Rey 60 lo hizo Fontán en 1946 junto a Rubén Tirso San Pedro.

Imagino que como Rubén está muy cabreado porque en la guía anterior que hizo Gorka le quitó la casa de la esquina de Sagasta con HMoroy para dársela a Alamo, quizás le haya querido compensar adjudicándole esta otra. El problema es que si mis datos no me fallan, Rubén se tituló en 1957. Ay…. qué pena, hombre, también es mala suerte: podía haber escogido cualquier otra obra de diez años después.

lunes, marzo 12, 2007

147. LOGROÑO EN BLUE









En efecto, tal como suponía en el LHDn136, el interior de los balcones de la nueva fachada al Espolón de la casa del Muro del Carmen 1, estaban pintados de azulito. A los pocos días de haber escrito aquello encontré unas fotos analógicas de hace unos años, así que para que se vea bien pongo arriba una de ellas.

Los lectores asiduos del LHD recordarán que en el número 44, titulado “Cagalera”, comenté la triste desaparición del gresite azul que lucía otra casa de El Espolón, situada en el lado opuesto a la anterior, la de Miguel Villanueva 10 (foto 2).

Esa coincidencia de desapariciones y colores ha hecho que me ocupara por un momento en hilvanar la media docena de fachadas de edificios de viviendas que se construyeron a comienzos de los años sesenta en Logroño y que por la singularidad de introducir en ellas ese azulito celeste, dejaron boquiabierto a más de un logroñés.

La arquitectura había sido desde siempre un asunto bastante serio, un asunto urbano en el que cualquier frivolidad o excentricidad podría pagarse cara. Es curioso por tanto que una de esas frivolidades se produzca precisamente en aquellos años que todo pichi pata que escriba ahora dos líneas en el periódico pinta obligadamente de oscuro y hasta de negro.

Además, la alegría marinera (o celeste) del azulito no fue cosa de un solo “artista” sino que casi todos los arquitectos en activo participaron de ella. Y algunos lo hicieron con el mayor descaro del mundo en los edificios mas visibles, es decir, en las esquinas. ¿Se fueron todos al mar de vacaciones en 1959? ¿o tomaron el azulito de las piscinas como nuevo símbolo del desarrollismo?

También es muy curioso que esa fiebre duró poquísimo. Cuatro años apenas. De la muestra de imágenes seleccionada y puesta arriba se me escapa algún edificio menor y algún otro arquitecto, pero creo que es suficientemente representativa. Veamos.

(1) la primera foto corresponde a la fachada hecha por Luis González Gutierrez para Muro del Carmen 1 en 1960, cuyo azulito de los balcones ya ha desaparecido y que ya conocemos por el LHDn136.
(2) la segunda foto es la de la casa del LHDn44, es decir, la de Miguel Villanueva 10, que es de José María Carreras, también en 1960, y con el azul igualmente aniquilado.
(3) De un año antes, 1959, es la casa de Rafael Gil Albarellos en Jorge Vigón 25, con un azul más subido incluso que los demás.
(4) La casa de Avda Colón 11 esquina con Calvo Sotelo es de Luis González y Jaime Carceller, está fechada en 1962 y es la más descarada de todas; la de Duquesa de la Victoria 8, esquina con Capitán Cortés es de Jaime Carceller en 1963, y reserva los azulitos sólo para los antepechos de las ventanas de la esquina.
(5) Dos casas más en Avda de Colón con azulitos: Jorge Vigón 34 esquina con Colón es de Antonio Fernández Ruiz-Navarro en 1962; y Avda de Colón 55, esquina con Villamediana es de 1960, del entonces jovencito arquitecto Rubén San Pedro.

Me consta que el tandem padre e hijo, Agapito y Félix del Valle, también tiene alguna casa de aquellos años con antepechos celestes en calles menos vistosas, y que Fidel Ruiz, con lo atrevido que fue en sus años mozos, también lo puso en alguna de sus obras primerizas, así que prácticamente todos los arquitectos logroñeses padecieron la “fiebre azul”. Me quedan dudas de si Gonzalo Cadarso fue el único que resistió al virus. Ya lo investigaré.

Para gustos hay colores, dice el refrán, y las modas son así, pero yo elaboré una teoría algo diferente del color que el interesado puede encontrar en el capítulo tercero del Manual de Crítica. No me ocupa ahora una valoración sino más bien un registro histórico: es un hecho arquitectónico que sucedió y que gracias a este pequeño LHD queda de él constancia. Y ello es doblemente importante porque como vemos, ya empiezan a desaparecer. La frivolidad va ahora por otros derroteros.

martes, febrero 13, 2007

127. SALUD Y ARQUITECTURA



Miedo me da acercarme por el renovado Hospital San Pedro para hacer una primera valoración arquitectónica, y por supuesto, tampoco me atrae como usuario o como acompañante de usuario. La imagen que ofrece a lo lejos es la de un enorme bloque forrado de chapa, como si se tratara de industria química o una “rehabilitada escuela de magisterio”. En las fotografías aéreas que ha ofrecido la prensa hasta ahora, aparece como un conglomerado amorfo de diferentes edificios sin ningún orden geométrico o de circulaciones. Así pues, dilataré todo lo que pueda un comentario de los edificios del gigante sanitario de Logroño hecho desde la visita personal.

Pero quieras que no, con las noticias y comentarios que uno puede leer en la prensa oficial (ya no tiene sentido llamarla local) y las habladurías que te llegan por aquí y por allá, hay contenido más que suficiente para un primer LHD.

Vengo diciendo desde hace años que la salud de la arquitectura (la arquitectura en general) está bajo mínimos, -o que la arquitectura está en la UVI-, pero no había reparado en que la arquitectura sanitaria, no es ya que esté en la UVI, sino que está en coma; pues como bien es sabido, desde hace un tiempo no está en manos de “médicos” (léase, arquitectos) sino de “expertos”, altamente especializados y tecnificados venidos generalmente de Madrid, quienes, por seguir con la metáfora, son los únicos que saben enchufar las consultas a los quirófanos.

Los tres grandes hospitales de la ciudad fueron hechos también por arquitectos de fuera, pero no precisamente por “expertos”. Jacinto Arregui vino de la provincia de al lado (Vitoria) para hacer el primer Hospital, el “provincial” (h 1866) y otros tantos importantes edificios públicos (la Bene, la desaparecida plaza de Toros al final de Duquesa de la Victoria o el viejo mercado de San Blas), quedándose durante un tiempo como arquitecto provincial (…mucha provincia). Pero lo suyo no era “provincianismo,” sino Arquitectura con mayúsculas, es decir, esa que hace ciudad desde la consideración y relevancia de la función pública del edificio.

En los cincuenta se construyeron los otros dos hospitales, más o menos a la vez. El San Millán lo hizo el madrileño Fernando García Mercadal, y a pesar de la limpieza de líneas, su fachada original tuvo el empaque de un edificio público (ver foto). Luego vendrían las reformas y los añadidos destrozando su imagen inicial, pero esa es otra historia. Como otra historia es la que contó José Miguel León en Elhall 42, referida a que el también madrileño Luis Lacasa había proyectado en 1930 un hospital para el mismo emplazamiento que no se llegó a construir. Un hospital que, aunque de aire“muy racionalista”, buscaba también orden geométrico en sus fachadas.

El tercer hospital, el San Pedro, dedicado a enfermedades del pulmón, se emplazó en las afueras, y a pesar de que por ello hubiera podido proyectarse con un poco menos de rigidez, la simetría y la condición de edificio público prevalecieron en su imagen hasta que… también le empezaron a caer encima reformas y ampliaciones. No hay datos en el Archivo Municipal de la autoría del primitivo edificio y tampoco tengo a mano una foto en mis archivos; y ya es pena, porque es la pieza básica y original del nuevo conglomerado hospitalario.

Menos mal que Rubén San Pedro salvó la honrilla local haciendo la tristemente desaparecida Clínica Velázquez (véase el artículo de Javier Dulín en Elhall 30), que si no, es que no rascamos ni una. Y luego vendría la triste historia de los Centros de Salud… ay, también con "expertos" de Madrid.

Pero dejemos a un lado los grandes acontecimientos, pues como he dicho, no voy a hincar el diente a ese monstruo en que se ha convertido el San Pedro, y vayamos a lo que me ha movido a redactar esta nota: la nostalgia por dos pequeños detalles saludables de la vieja arquitectura sanitaria logroñesa que, según parece, se han perdido o se van a perder irremediablemente con la nueva arquitectura de los expertos hospitalarios.

El primero es el del sistema de nidos que tan estupendamente funcionaba en la sección de maternidad del San Millán. Las enfermeras y los médicos podían atender a los recién nacidos en unas pequeñas habitaciones intermedias llamadas "nidos", mediante el sencillo mecanismo del giro de las cunas situadas junto a la pared. Bueno, pues me han contado que el supertecnológico San Pedro eso ha desaparecido y con ello, todas sus ventajas asistenciales.

El segundo detalle lo mencionaba el cardiólogo José Luis Dulín, padre de nuestro compañero Javier, en una reciente entrevista en la prensa oficial (La Rioja, 5fb07 p4). Preguntado por su recuerdo más vivo del viejo hospital San Pedro, es curioso que en vez de hacer mención a alguna historia de su profesión señalara directamente a un elemento arquitectónico: los balcones de las habitaciones. Ese era su "recuerdo más vivo" de su largo paso por el hospital (!). Una referencia así le lleva a cualquier arquitecto al recuerdo de las grandes terrazas del sanatorio de Paimio de Alvar Aalto, así que no digo más.

Si en lo sencillo pasa esto ¿qué no pasará en lo grande...?

Lo dicho: ya que la arquitectura no goza de buena salud, a ver si tenemos suerte con la nuestra y evitamos por mucho tiempo visitar la nueva arquitectura sanitaria riojana.

¡Salud y arquitectura!

lunes, mayo 15, 2006

8. TELÉFONO / RUBÉN


A los pocos días de los actos de conmemoración del veinticinco aniversario de la fundación de nuestro Colegio de Arquitectos como institución independiente de Aragón, me llamó Rubén San Pedro por teléfono para hacerme un pregunta…, un poco…, indiscreta, -me advirtió. Adelante Rubén, pregunta; si puedo contestar lo haré -le dije.

"Mira -continuó Rubén (transcribo de memoria)-, el jueves por la tarde recibí una llamada de Elena Solozábal, secretaria del Colegio, invitándome a mí y a mi mujer a una comida con los miembros del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España en calidad de haber sido uno de los Decanos de nuestro Colegio en estos veinticinco años. Como rechacé la invitación porque me parecía improcedente la forma y premura en que se me hacía, me gustaría saber, si es que no te importa decírmelo, qué hiciste tú".

Le respondí que yo no había podido ni rechazar ni aceptar la invitación porque a mí no me habían llamado en absoluto, y ante su sorpresa, le confirmé que la tarde en que le llamaron yo había estado trabajando en casa todo el tiempo y que, por si fuera poco, llevaba también en el bolsillo el teléfono móvil al que Elena Solozábal me suele llamar cuando me pregunta por algún asunto de la biblioteca del COAR.

Me contó a continuación que le había echado un chorreo de mil demonios a Gerardo Cuadra por haber aceptado, pues las formalidades institucionales, argumentó, son patrimonio del colectivo y hay siempre que cuidarlas escrupulosamente. Yo tragué saliva entonces y le dije que le agradecía sinceramente la lección, porque seguramente, y al igual que Gerardo, no hubiera sabido estar a su altura. Soy muy torpe y lento en las formalidades y en las situaciones personales, y de ahí que me refugie en la escritura donde, aunque no siempre lo haga, tengo tiempo de pensarme dos veces lo que digo.

Pero consternado con mi respuesta, Rubén ya no atendía a mis disculpas. "No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo", me decía una y otra vez. "No puedo entender que no te hayan invitado; por encima de lo que opinen de ti o de tu gestión, tú has sido representante de todo el colectivo y no pueden dejarte al margen. No lo entiendo, no lo entiendo, cada vez entiendo menos al Colegio y a mis compañeros. Iba a escribir una carta a Carlos Hernández Pezzi, que fue compañero mío en el Consejo Superior, para ofrecerle una explicación de mi ausencia, pero ahora ya no sé ni qué hacer…"

Cuando acabé la conversación telefónica me quedé pensando que es rara la vez que hablo con Rubén y no aprendo algo. Es un poco pesado y egocéntrico hablando (como probablemente también lo sea yo, o lo somos todos a partir de cierta edad) pero lo cierto es que vale la pena aguantarle porque casi siempre se aprenden cosas de él. También me dio por pensar entonces que en el pequeño acto de homenaje que se celebró en el COAR el viernes 28 de abril, no se hizo mención alguna al momento más crítico que ha sufrido nuestra institución en estos veinticinco años, a saber, la enorme duda que se generó sobre la supervivencia, continuidad o reconversión de los Colegios cuando se liberaron las tarifas. Ahora lo entiendo, -me dije-, entonces era Decano yo, y el esfuerzo que hicimos para tender puentes y que el Colegio no se desmembrara no merece recuerdo alguno.

De todos modos, me consolé pensando que aunque yo no exista ahora para los que representan y menoscaban a nuestra institución faltando al respeto a sus antecesores y a todos aquellos a quienes representaron en su momento, al menos Rubén ha vuelto a existir para Domingo García Pozuelo. El descarado y vergonzante ninguneo que le hizo en su Guía de Arquitectura aún está por saldar. Pero eso lo contaré otro día.