martes, febrero 13, 2007

SALUD Y ARQUITECTURA



Miedo me da acercarme por el renovado Hospital San Pedro para hacer una primera valoración arquitectónica, y por supuesto, tampoco me atrae como usuario o como acompañante de usuario. La imagen que ofrece a lo lejos es la de un enorme bloque forrado de chapa, como si se tratara de industria química o una “rehabilitada escuela de magisterio”. En las fotografías aéreas que ha ofrecido la prensa hasta ahora, aparece como un conglomerado amorfo de diferentes edificios sin ningún orden geométrico o de circulaciones. Así pues, dilataré todo lo que pueda un comentario de los edificios del gigante sanitario de Logroño hecho desde la visita personal.

Pero quieras que no, con las noticias y comentarios que uno puede leer en la prensa oficial (ya no tiene sentido llamarla local) y las habladurías que te llegan por aquí y por allá, hay contenido más que suficiente para un primer LHD.

Vengo diciendo desde hace años que la salud de la arquitectura (la arquitectura en general) está bajo mínimos, -o que la arquitectura está en la UVI-, pero no había reparado en que la arquitectura sanitaria, no es ya que esté en la UVI, sino que está en coma; pues como bien es sabido, desde hace un tiempo no está en manos de “médicos” (léase, arquitectos) sino de “expertos”, altamente especializados y tecnificados venidos generalmente de Madrid, quienes, por seguir con la metáfora, son los únicos que saben enchufar las consultas a los quirófanos.

Los tres grandes hospitales de la ciudad fueron hechos también por arquitectos de fuera, pero no precisamente por “expertos”. Jacinto Arregui vino de la provincia de al lado (Vitoria) para hacer el primer Hospital, el “provincial” (h 1866) y otros tantos importantes edificios públicos (la Bene, la desaparecida plaza de Toros al final de Duquesa de la Victoria o el viejo mercado de San Blas), quedándose durante un tiempo como arquitecto provincial (…mucha provincia). Pero lo suyo no era “provincianismo,” sino Arquitectura con mayúsculas, es decir, esa que hace ciudad desde la consideración y relevancia de la función pública del edificio.

En los cincuenta se construyeron los otros dos hospitales, más o menos a la vez. El San Millán lo hizo el madrileño Fernando García Mercadal, y a pesar de la limpieza de líneas, su fachada original tuvo el empaque de un edificio público (ver foto). Luego vendrían las reformas y los añadidos destrozando su imagen inicial, pero esa es otra historia. Como otra historia es la que contó José Miguel León en Elhall 42, referida a que el también madrileño Luis Lacasa había proyectado en 1930 un hospital para el mismo emplazamiento que no se llegó a construir. Un hospital que, aunque de aire“muy racionalista”, buscaba también orden geométrico en sus fachadas.

El tercer hospital, el San Pedro, dedicado a enfermedades del pulmón, se emplazó en las afueras, y a pesar de que por ello hubiera podido proyectarse con un poco menos de rigidez, la simetría y la condición de edificio público prevalecieron en su imagen hasta que… también le empezaron a caer encima reformas y ampliaciones. No hay datos en el Archivo Municipal de la autoría del primitivo edificio y tampoco tengo a mano una foto en mis archivos; y ya es pena, porque es la pieza básica y original del nuevo conglomerado hospitalario.

Menos mal que Rubén San Pedro salvó la honrilla local haciendo la tristemente desaparecida Clínica Velázquez (véase el artículo de Javier Dulín en Elhall 30), que si no, es que no rascamos ni una. Y luego vendría la triste historia de los Centros de Salud… ay, también con "expertos" de Madrid.

Pero dejemos a un lado los grandes acontecimientos, pues como he dicho, no voy a hincar el diente a ese monstruo en que se ha convertido el San Pedro, y vayamos a lo que me ha movido a redactar esta nota: la nostalgia por dos pequeños detalles saludables de la vieja arquitectura sanitaria logroñesa que, según parece, se han perdido o se van a perder irremediablemente con la nueva arquitectura de los expertos hospitalarios.

El primero es el del sistema de nidos que tan estupendamente funcionaba en la sección de maternidad del San Millán. Las enfermeras y los médicos podían atender a los recién nacidos en unas pequeñas habitaciones intermedias llamadas "nidos", mediante el sencillo mecanismo del giro de las cunas situadas junto a la pared. Bueno, pues me han contado que el supertecnológico San Pedro eso ha desaparecido y con ello, todas sus ventajas asistenciales.

El segundo detalle lo mencionaba el cardiólogo José Luis Dulín, padre de nuestro compañero Javier, en una reciente entrevista en la prensa oficial (La Rioja, 5fb07 p4). Preguntado por su recuerdo más vivo del viejo hospital San Pedro, es curioso que en vez de hacer mención a alguna historia de su profesión señalara directamente a un elemento arquitectónico: los balcones de las habitaciones. Ese era su "recuerdo más vivo" de su largo paso por el hospital (!). Una referencia así le lleva a cualquier arquitecto al recuerdo de las grandes terrazas del sanatorio de Paimio de Alvar Aalto, así que no digo más.

Si en lo sencillo pasa esto ¿qué no pasará en lo grande...?

Lo dicho: ya que la arquitectura no goza de buena salud, a ver si tenemos suerte con la nuestra y evitamos por mucho tiempo visitar la nueva arquitectura sanitaria riojana.

¡Salud y arquitectura!