sábado, diciembre 23, 2006

35. BASILISCO (23 jn 06)





"Nace a partir de un huevo deforme, puesto por un gallo, fecundado por una serpiente e incubado por un sapo durante 9 años, por lo tanto al nacer guarda todas las características de sus progenitores, cabeza de gallo, cola de serpiente y cuerpo de sapo. El basilisco vive en el desierto que él mismo crea; con su mirada es capaz de romper piedras y quemar el pasto. El Basilisco exhala fuego, seca las plantas, envenena las aguas y mataba con su mirada; por lo que quien mirara a los ojos a un basilisco, moriría; pero si se veía reflejado en un espejo se mataba a sí mismo. Se dice que así Alejandro Magno mató a uno". Esto es lo que dice la "wikipedia" esa enciclopedia tan abierta y divertida que corre por internet. Como es sabido, nosotros usamos "basilisco" para decir que estamos "hecho un basilisco", o sea, cabreadísimos.

Pero el "basilisco" que hoy traigo al LHD no tiene nada que ver (bueno, algo sí...) con el animal mitológico ni con el cabreo: es un arquitecto milanés que se dedica a la fotografía, Gabriel Basilisco, que descubrí hace poco en la librería de la Trienalle.

Acababa de tomar nota sobre un libro de "Arquitectura Metafísica" (asunto que algún día comentaré) y el siguiente libro en llamarme la atención llevaba por título en letras grandes: "Gabriel Basilisco. Beirut 1991". Le eché una ojeada y me quedé sobrecogido.

Aunque nunca he estado en esa ciudad, por historias muy largas de contar que no caben aquí tuve noticias directas de Beirut a través de un compañero de escuela a mediados de los setenta, así que cuando sobrevino la terrible guerra que se libró en sus calles, la viví de una manera muy especial.
Tengo unos cuantos libros de fotos sobre ciudades reventadas por las guerras, especialmente alemanas y del norte de Francia, pero las imágenes son completamente distintas que las del libro de Basilisco. La ciudad como objetivo bélico empezó siendo cosa de la artillería y de la aviación, por lo que su destrucción tenía un carácter masivo. Las ciudades, edificios o barrios bombardeados pasan de la vida a la ruina en muy pocas horas. Beirut, sin embargo, fue el escenario de una guerra interna de metralla y pequeños morteros, por lo que el aspecto de su destrucción era completamente distinto: todos los edificios de las fotos de Basilisco estaban en pié, no quedaba un cristal, las casas estaban texturizadas por los impactos de balas, y en las calles completamente desiertas volvía a crecer la vegetación por entre las rendijas del hormigón y el asfalto. Me pregunté si lo que veía no era más "metafísico" que las fotos del libro anterior, pero dejé la indagación porque enseguida vi que la estantería estaba llena de "Basiliscos".

Por lo visto, el logro de ese álbum de Beirut debió de animar a este arquitecto milanés a meterse más de lleno en la fotografía arquitectónica y su producción parecía ser abundante: muchos libros de paisajes urbanos y temáticas de impacto visual, bordes de la ciudad, barrios grises, masificación, zonas industriales, etc. pero ninguno tenía la fuerza del de Beirut.

Bueno sí, uno sí; se titulaba "La ciudad interrumpida" y para mi sorpresa, estaba editado en Barcelona 1999 por Aktar. Pero quizás yo no sea objetivo en el juicio porque en realidad encontré reflejado en él una experiencia que acabábamos de vivir. Al volver de Como en tren, paramos en la estación de Puerta Garibaldi para ver un par de obras de Terragni cercanas a la misma, y al salir de la estación nos perdimos. Tratamos de cruzar la estación de un lado a otro y no había forma de encontrar el camino. Nos sacó de allí un guarda jurado después de dar varias vueltas por un siniestro parking y nos quedamos impresionados por la experiencia arquitectónica vivida:¿cómo se puede diseñar algo tan mal?¿cómo se puede hacer una estación de tren moderna que en vez de facilitar las conexiones y coser la trama urbana, las destroce?

Para más INRI, sobre la estación se alzaba un par de rascacielos postmodernos que trataban de llamar la atención de toda la ciudad con sus dos extravagantes sombreros. (¡ay! ¿no os recuerda esto a algo que se está tramando en Logroño?). La estación estaba hecha en 1963 y fue el resultado de un concurso que ganó un equipo de siete arquitectos. Las dos torres son obra de la arquitecta Laura Lazzari en 1989.

El basilisco fotógrafo que descubrí en la Trienalle no puede matar con la mirada, pero es curioso que su trabajo esté muy asociado con la muerte urbana. En Beirut o en Milán.