sábado, diciembre 09, 2006






LHBn16: PECIOS 25 MY 06

Recorriendo calle a calle y casa a casa todo Logroño para hacer un tipo de Guía de Arquitectura de nuestra ciudad más atenta a la importancia de cada lugar que al encumbramiento personal de nadie, no pocos días me he topado con la sorpresa de encontrar algunas humildes casas venidas de otros tiempos, que parecían haber llegado hasta nosotros sorteando todas las tentaciones y riesgos de la especulación inmobiliaria. Aburrido tantas veces de lo vulgar y lo esperado, de repente aparecía ante el objetivo de mi cámara una casa que no pertenecía a la generalidad de la calle, y entonces me quedaba plantado delante de ella como extasiado ante un viaje en el tiempo, admirando su larga singladura, imaginando las extrañas razones por las que había llegado hasta mi vista, y disfrutando finalmente de uno de esos ratos de contemplación que te dejan siempre una plácida sonrisa en la boca.
Aunque la desaparición de esas casas no solía ser noticia, el periódico La Rioja ha llegado a un nivel de costumbrismo tal, que ahora envía a su experto en bares y restaurantes para hacer un reportaje de su muerte desviando la atención hacia asuntos menores. De esta manera, el viernes 19 de mayo publicaba en su página 14 que las casas número 33 y 35 de calle Portales (situadas al Oeste de la embocadura de la Travesía de San Juan) van a desaparecer, llevándose por delante la mitad de ese pequeño grupo de cuatro casas que nos cuentan cómo era Portales antes de 1876 cuando el arquitecto Francisco de Luis y Tomás proyectó los nuevos arcos o soportales que iban a convertir esta calle en el primer gran espacio de representación burguesa en la ciudad. Mientras que en el siglo y pico de vida de esta nueva época de la calle, algunas de esas casas han sido construidas dos veces (por ejemplo la de la esquina con MVallejo, o sea, la de Don Claus, que no es de Agapito del Valle como dice Eduardo Gómez, sino de Félix del Valle y José Ramón Basterra (1976) quienes la edificaron derribando una anterior de Agapito que a su vez sustituyó a una “medieval” o “popular” previa), sólo estas cuatro casas han llegado hasta nosotros más o menos en su forma original, cruzando los tiempos como aquellos pies descalzos que salían inmunes pasando entre nubes de escorpiones.
Una vez más diré, que aunque malo es que desaparezcan, lo peor es que no podamos disfrutar con la arquitectura de las casas que las sustituyan, porque según anuncia el titular del reportaje mencionado, las que vengan ya están condenadas a ser “Nuevo con estilo antiguo”.
Pero para no caer en la nostalgia, la pena o el cabreo, acompaño este comentario con otras tres fotos de varias casas que aún podemos contemplar como pequeños tesoros, o acaso como pecios del naufragio de ciudades anteriores a la nuestra: la de esa casa con galería en el número 31 de la GranVía; la del número 15 de la calle Chile; o las 35 y 37 de la calle Rey Pastor, que traen hasta el 2006 los ecos de un Logroño pretendidamente burgués, suburbano o netamente pueblerino. Lo curioso es que esas cuatro casas tuvieron ya arquitecto, y de lo más renombrado, pero eso no viene al caso ahora.