miércoles, marzo 14, 2007

149. MISERIA


¿Hasta donde va a llegar la miseria de la actual Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos? ¿No hay ni una sola voz discrepante entre sus miembros? No digo una dimisión, sino tan solo una voz discrepante (¿a qué esperas, Noemí Grijalba? ¿todavía no te has dado cuenta en dónde y con quién te metiste, Fernando García?) ¿Y el resto del colectivo? ¿Qué es de la voz crítica de los que apoyaron al actual Decano a seguir en el cargo? (¿te queda algo de sentido crítico Gaspar Aragón?) ¿Y qué es de los que directamente discrepan de la línea de la Junta? ¿Nadie es capaz de ver el nivel de miseria a que han llegado? ¿Nadie ve lo que eso afecta y humilla a la profesión?

Os doy dos datos para que os hagáis una idea de hasta donde llega su forma miserable de actuar:
1) A comienzos de febrero solicité mi baja en el Colegio mediante una carta bien argumentada a la que todo interesado puede tener acceso en la red: LHDn122. Pues bien, mes y medio después todavía no me han contestado de forma oficial, ni personalmente, ni por circular.
2) Uno pudiera pensar que es por lentitud, desidia o pereza en responder a tan difícil reto, pero no es así porque acabo de tener una muestra de su rápido proceder para conmigo: este mes ya no he recibido elhall, ese boletín que yo fundé y que no sólo reciben gratuitamente los arquitectos sino mucha otra gente no colegiada interesada en la arquitectura. ¡Qué miseria! ¡Qué miserables! ¿Será porque soy el único que lo leo? (Martín Sáez: ¿te queda algo de dignidad? Demuéstralo, hombre; ¿y tú, Ernesto Reiner, qué tal si das por fin la cara y pides disculpas por aquella carta de sabandija que escribiste a la Junta sobre el anterior hall? ¿o estás más contento con éste modelo de publicación que no me envían, en la que me han dicho que hasta has vuelto a escribir?).

Como profesionales y ciudadanos, creo que todos estamos bastante abochornados del grave deterioro de los niveles de convivencia a que nos están llevando todos (o casi todos) los políticos de este país con sus lamentables declaraciones y contradeclaraciones mezcladas siempre con más insultos que argumentos y que han acabado por extender a los cuatro años de una legislatura lo que podía ser un acotado mes de pelea electoral. Y como profesionales y ciudadanos también empezamos a ser conscientes de que para salir de este peligroso camino se necesita de gente sensata que mire las cosas desde una perspectiva diferente: la del trabajo cotidiano, por ejemplo, o la de las lecciones de la historia y la distancia que da el análisis y el estudio. Es un momento ideal para que los colectivos profesionales, por ejemplo, se desmarquen de ese triste espectáculo y sujeten el andamiaje de la vida cívica.

Pero lejos de ello, muy lejos de ello, el colectivo de los arquitectos, el nacional con Hernández Pezzi a la cabeza (véase LHDn141) y el regional con Domingo como titular, parecen estar jugando con sus artículos y declaraciones a una de las bazas políticas en lid sin reparar en el grave daño que le están haciendo al colectivo por ellos representado y sin tener el más mínimo sentido del deber que en estos graves momentos tienen contraído con la sociedad en dar ejemplo de unos valores que apunten algo más alto que el nivel en que celebran el juego los políticos y los periodistas.

Sí, ya sé lo que me vais a decir: que mis críticas siempre hacen daño a alguien y que eso parece ir en el mismo sentido que la pelea de gallos en que se ha convertido nuestro panorama social. Ya lo sé, ya lo sé, no creáis que no lo pienso. Muchos días me gustaría callarme, hoy mismo por ejemplo, y no decir nada: salir al campo a dar un paseo por entre los bellísimos árboles en flor y traer una fotito hermosa para este blog con cuatro comentarios sobre la primavera. Pero creo que con ello estaría dejando vacía una pieza muy necesaria en el engranaje social. Mi voz no va en el sentido de la greña política. Yo sólo soy una voz crítica y no me represento más que a mí mismo. Y esa crítica individual (sin tribuna pública alguna/accesible sólo para quien la busque en la red/ generosa y altruista, es decir, sin compensación económica alguna/ mejor o peor, más acertada o errada) es mi modesta contribución al estudio de la arquitectura local y de la vida social. Hago crítica bajo el mismo juramento hipocrático con que un médico hace daño: sólo para intentar sanar. No confundir, por favor, los cargos de responsabilidad social con las voces críticas individuales. Ese es un gravísimo error. Y es por ahí por donde empiezan las miserias.
Esas miserias que practican algunos de nuestros compañeros arquitectos que ostentan cargos de representación; algunos conscientemente, y otros por contagio o por pereza. Con los primeros no hay nada que hacer, pero de los segundos aún espero una pequeña muestra de dignidad: consigo mismos y con la profesión.