jueves, abril 19, 2007

INHOSPITAL SAN PEDRO







Bueno, sí, ya he estado en el gigantesco hospital de Logroño y me he hecho una idea. Y también me he documentado sobre él. Y de paso he leído en el periódico oficial (La Rioja 24 mr 07 pag. 2 y 3) que “los estudios iniciales optan por el derribo del San Millán”, es decir, el anterior gran hospital de la ciudad, que no es que estuviera a la última pero que nadie diría que estaba en las últimas. He estado atento a lo que se decía de todo ello y estoy bastante escandalizado ante la ligereza de lo que se oye en la calle y de la nula crítica de arquitectura que se ha hecho en torno a tan enorme gasto público. Sea para hablar a favor o en contra del hospital, todo es política y nada arquitectura. Sí, por supuesto que Sanz, Soto y Nieto son los responsables políticos de todo este cúmulo de encargos, pero ¿alguien sabe quienes son los arquitectos que lo han diseñado?¿y cómo se hizo el concurso y cómo se hicieron con el encargo?¿hay alguna crítica que se dirija a ellos? Al politizar la edificación se está olvidando la arquitectura, se está negando nuestro oficio. ¿Y qué dice de todo ello el Colegio de Arquitectos? ¿y su Comisión de Cultura? ¿y su coloreado órgano de crítica y opinión? Nada, absolutamente nada. Si no tienen nada que decir ¿será porque la arquitectura les resbale? ¿o porque no entienden nada de este tipo de arquitectura y no tienen nada que decir? Muy probablemente.
Una buena crítica de un edificio tan complejo es un trabajo arduo y yo no estoy dispuesto a hacerlo gratis, así que sólo voy a dar opinión. Opinión arquitectónica, pero opinión, es decir, no demasiado argumentada. O todo lo más voy a plantear algunos temas de reflexión para que se pueda iniciar una crítica del nuevo hospital y de las decisiones arquitectónicas y urbanísticas que se han tomado en torno a él.

Y el primero de ellos tiene que ver con su colosalismo. ¿A qué viene el concentrar toda la atención hospitalaria en un solo punto? Un edificio enorme tiene todas las papeletas para convertirse en un lugar “inhóspito”, que es justo lo opuesto de lo que debe ser un “hospital”. El mismo día en que estuve por la mañana en las salas de espera con pinta de aeropuerto del nuevo San Pedro, sentí un gran alivio cuando por la tarde pasé por la pequeña sala de espera de un centro de salud en la calle Labradores. No es que la sala de espera de este centro de salud fuera una maravilla (más bien todo lo contrario) pero la diferencia entre estar en el enorme pasillo atestado de gente del San Pedro (y en mi segunda visita he visto que ¡con televisiones encendidas por doquier!) y estar una sala de espera convencional con no más de veinte personas, es enorme. La escala de lo humano es fundamental en un lugar donde se tratan cuestiones físicas muy delicadas, y por tanto, muy humanas.

El segundo tema es el del derroche. ¿Derribar el San Millán? ¿Pero estamos locos? ¿Estamos sobrados de medios? ¿Está tan viejo? Decía el periódico arriba citado que “las primeras pruebas practicadas una vez vacío el centro apuntan al derribo como solución preferente frente a la rehabilitación”. Y añadía a continuación: “el equipo de arquitectos encargado de esta labor desvelará en los próximos días el resultado de un estudio que, según todos los indicios, confirmará las nulas posibilidades de conservar la estructura original” ¿qué arquitectos?¿qué encargo?¿ya se sabe que el estudio ha de confirmar las nulas posibilidades de rehabilitación? Es curioso, pero mientras el buen San Millán parece condenado al derribo, el viejo bloque del San Pedro no se ha tirado y está ahí rehabilitado y metido en medio de todo el nuevo complejo. ¿Y nadie dice nada de todo esto? Sí, ya sé que los periódicos filtran cualquier opinión libre y ajena al juego político de los tres partidos (venga y venga publicidad de unos y otros, es lo que les gusta), pero un colectivo profesional como el Colegio de Arquitectos… ¿no tiene nada qué decir? ¿Qué es lo que van a firmar los arquitectos de ese “estudio”? ¿que hay que tirarlo porque así lo quieren los que les han hecho el encargo de redactar el estudio? ¿para eso hay que ser arquitecto?

Bueno, se me acaba el folio del día y no he dicho apenas nada del nuevo San Pedro. Ni siquiera que sus arquitectos son los herederos del holding del famoso estudio de Alas y Casariego; sí, los que se hicieron famosos con el incendio del Windsor de Madrid; un estudio de esos que tienen trazas de ser más empresa de contratación que estudio de arquitectura, y que por las adjudicaciones de hospitales que van ganando en el actual sistema de concursos lo mismo hacen uno en Fuerteventura que otro en Zamora. Un estudio de esos en los que parece primar la eficacia ingenieril sobre la reflexión arquitectónica, porque si no, no se explica la cantidad de errores conceptuales que tiene un edificio como el San Pedro: la disposición de la entrada y el pasillo de las consultas lo asemejan a un aeropuerto (foto 3); el sistema de circulaciones interiores es un laberinto, sin jerarquías de ningún tipo; la enorme fachada del nuevo bloque se apoya en el suelo sobre un piso más con ventanas, como si la planta baja no fuera diferente de las demás, generando un enorme espacio muerto ante ella (foto 2); los laboratorios centrales están planteados como una instalación industrial deshumanizada en donde los espacios indiferenciados provocan el mismo efecto que el de los cuarteles, es decir, la sensación de espacio ajeno y la invitación al escaqueo; los alrededores, la relación con las calles (foto 4) y los aparcamientos son catastróficos; los patios (foto 5) son desoladores, incluso peores que los que pone Alexander como ejemplo de malos patios en su patrón “patios con vida”; los equipos médicos se pierden y no han participado para nada en la toma de decisiones de la organización de sus espacios y en los detalles de su trabajo (ya comenté en otra ocasión la desaparición de los nidos en las zonas de recién nacidos); la articulación con el barrio es de “impacto ambiental” (foto 1) y la conexión con la ciudad de atasco permanente; las habitaciones (me dicen/no las he visto) quedan muy cómodas con una cama pero son insuficientes para instalar dos camas que es lo que va a ocurrir muy pronto; y así sucesivamente.

¿Para eso hay que acudir a arquitectos de Madrid?

El inhóspito San Pedro es una larga cadena de errores. Errores políticos, sí, pero también arquitectónicos y urbanísticos. Y esos no hay que colgárselos a Sanz, Soto y Nieto. De esos tienen la culpa los arquitectos que lo han hecho, y tenemos la culpa todos los arquitectos de Logroño que no somos capaces de hablar de arquitectura y defender una arquitectura que a buen seguro sabemos hacer tanto o mejor que los despachos de ingenierías de la capital.

Y para acabar una pregunta verdaderamente política: ¿para eso se hicieron las autonomías? ¿para que los políticos fueran de aquí pero los edificios importantes que vertebran la ciudad se siguieran proyectando en Madrid?